Asociación G. para la Libertad de Idioma
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Desde 1.988 defendiendo los derechos humanos y constitucionales
de los que hablamos el idioma español.
Si no hemos conseguido mucho, es muy probable que una parte de la culpa sea tuya.

 


Una         opinión crítica contra los nacionalismos

En         Defensa de los Derechos Constitucionales de los que hablamos el Idioma         Común Español
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Los recortes de ayer al final de la página
  
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Lenguas inútiles - Y ahora Ucrania, tomad nota idiotas!!

 

Euro and Europe doomed by Spain's inefficiency
AGLI Editor. 22 August 2012

The Spanish government has no intention to attack the intrinsic inefficiency problem, otherwise it should already have abolished the laws of  regional languages. This measure  would destroy inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, and benefits are outstanding.

Spain has seventeen regional governments partitioning the country with laws and languages. Therefore, the disassembly of the regional system, by abolishing the laws of the regional (and many local) governments and reducing the redundant government employees is also compulsory. This measure means a heavy social cost, two million people should be laid off, but the private sector could recover and start creating productive jobs. As a byproduct, professionals of politics would probably disappear (as they are the problem). 

Spain will sink the Euro and Europe unless it returns to common language and law.
AGLI Editor. 22 August 2012 

The deep problems of  Spain's economy are paving the way to the destruction of the Euro and Europe and the Spanish governments have no intention to fix their problems, otherwise the first measure with zero cost, returning to the spanish common language by abolishing all laws of  regional languages, should already have been taken. 

Basically, the inefficiencies of the governments and the unnecessary expenses are so high that no tax system can survive after the depletion of its citizens. 

Spain has a multitude of regional governments (seventeen) with many of them using different regional languages instead of the Spanish, and consequently the country is divided by laws and languages, the work force can't move unless families surrender themselves and the education of their children from their mother spanish language to the regional languages, government employees are valued more for their knowledge of the regional language than anything else, enterprises have to cope with many different and opposing laws written in different regional languages, and have to translate their operating  business systems to them. 

Therefore, should the Spanish government have any intention to fix the problem, the first measure should have been to abolish all the laws concerning regional languages, letting the Spanish be the common language. This measure  would destroy many inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, on the contrary benefits are absolute neccesity. 

The second measure should be the disassembly of the regional systems, abolishing the laws of the seventeen regional (and many local) governments and reducing the redundant and unnecessary government employees. This measure has a very heavy social cost, around two million people should be laid off, but by reducing those, unnecessary expenses, the private sector could recover and start creating productive work. As a byproduct, the superfluous class of professionals of politics would probably disappear (they are the problem).


El español: una lengua viva. Informe 2016. Instituto Cervantes
http://www.cervantes.es/imagenes/File/prensa/EspanolLenguaViva16.pdf

La colección de 'El valor económico del español', un homenaje a nuestro idioma
Fundacion Telefonica 3 Marzo 2017

 

Descárgatelos gratis http://email.fundaciontelefonica.com/re?l=D0Ilily6zI5ztd4nnIh

Descárgatelos gratis

Esta ambiciosa obra analiza la importancia que tiene el español como activo de las empresas que impulsa su internacionalización en mercados donde se habla el mismo idioma.

¿Sabías que las industrias culturales en español aportan hoy más de 30.000 millones de euros anuales? ¿Y que nuestra lengua es la tercera en la Red y que el 7,9 % de los usuarios de Internet se comunican en español?

Son datos extraídos de la investigación 'El Valor Económico del Español', formada por 14 títulos, una ambiciosa investigación sobre la cuantificación económica de nuestra lengua, como una forma de lograr que apreciemos el valor cultural de este activo hablado por una comunidad formada por más de 500 millones de hispanohablantes.

Te recordamos que en nuestra web están disponibles los 14 títulos gratuitos que conforman 'El Valor Económico del Español':

Atlas de la Lengua española en el mundo. Presentación gráfica y didáctica de la situación del español dentro de la riqueza y diversidad del universo de las lenguas. En 2016 ha salido la tercera edición revisada y ampliada de la obra.

Lengua, empresa y mercado. Analiza la importancia del español como activo que impulsa la internacionalización de las empresas en mercados que hablan el mismo idioma.

El futuro del español en EE.UU: La lengua en las comunidades de migrantes hispanos. El español es la 2ª lengua más hablada en Estados Unidos gracias a que las segundas generaciones de inmigrantes la mantienen como segunda lengua tras el inglés, un hecho novedoso en la historia de este país, conocido por ser un “cementerio de lenguas”.

El español, lengua de comunicación científica. Este libro analiza los aspectos cuantitativos y cualitativos del español como lenguaje científico y tecnológico.

El español en las relaciones internacionales. Un recorrido por la presencia del español en foros y organismos internacionales y su futuro en el mundo globalizado.

Valor económico del español. Compendio de conclusiones de la primera parte de la investigación sobre la proyección del español en tanto que lengua de comunicación internacional.

El español en los flujos económicos internacionales. Más de 500 millones de hablantes hacen del español un importante ‘puente económico’ sobre el Atlántico.

Economía de las industrias culturales en español. El español como lengua global aparece como un importante motor del desarrollo de las industrias culturales.

Lengua y Tecnologías de la Información y las comunicaciones. Existen vínculos lingüísticos en el patrón geográfico de internacionalización de las operadoras de telecomunicaciones.

El español en la Red. El informe analiza la presencia de páginas web en español en la Red y las consecuencias que Internet tiene sobre la vida de las lenguas.

Emigración y Lengua. El papel del español en las migraciones internacionales. Estudia el efecto que tiene una lengua como el español en los procesos de decisión y en los resultados laborales y sociales del emigrante.

Las Cuentas del Español. Aborda uno de los aspectos cruciales de este ambicioso proyecto: la cuantificación del español en términos como el PIB o el empleo generados en la economía española en los últimos años.

La economía de la enseñanza del español como lengua extranjera. La enseñanza del español a hablantes de otras lenguas genera empleo y valor añadido.

Economía del español. Una introducción. Introducción del proyecto de investigación ‘Valor Económico del español’ que cuantifica la actividad productiva o de intercambio que la lengua aporta a la economía.


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Boletín AGLI nº25 (Nov 2011)

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Si te importa España, diez acciones indispensables
Nota del Editor 1 Noviembre 2011

  la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.

 desmantelar el tinglado autonómico.

3ª  deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política

4ª  simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios

5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media

6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros

7ª  arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad

8ª  educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida

9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz

10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad

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El Nacionalismo Obligatorio en las Aulas
Por Ernesto Ladrón de Guevara y Arbina.

A LAS PERSONAS QUE HAN SACRIFICADO SU BIENESTAR PARA HACER PREVALECER LA VERDAD
(Vitoria, año 2011)
394 páginas

www.educacionynacionalismo.com

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La "normalización lingüística", una anormalidad democrática. El caso gallego
Dedicado "A todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las personas y no las personas para los idomas"
Manuel Jardón     (1.284KB, formato .pdf)  Nota: si no consigue descargar el libro completo, pulse el botón derecho de su ratón y
seleccione "Guardar destino como" en
Internet Explorer o "Guardar enlace como" en FireFox.

La normalización lingüística, una anormalidad democrática. Manuel Jardón

Por la normalización del español: El estado de la cuestion, una cuestion de Estado.
FADICE      (747KB, formato .pdf )

Índice General

Recortes de Prensa   09 diciembre 2018
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Del libro de Manuel Jardón

"A todos aquellos que piensan que
los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas
para los idiomas"

  

 

AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9  Diciembre 2018

La ‘ley Celaá’ permitirá a las autonomías imponer en las aulas lenguas no oficiales como el bable
Luz Sela okdiario 9 Diciembre 2018

Sánchez financiará las lenguas no oficiales e incluirá su estudio en los colegios

El borrador del anteproyecto de Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación (Lomloe), la reforma que prepara la ministra Isabel Celaá, al que ha tenido acceso OKDIARIO, no se detiene en el impulso a las lenguas co-oficiales en el currículo educativo. Además, y pese a la polémica que genera este asunto, el Ministerio está dispuesto a avalar la enseñanza de las lenguas no oficiales de las comunidades autónomas que gocen de reconocimiento legal.

La intención del Gobierno socialista, que avanzó OKDIARIO, ya se plasmó en una proposición de ley orgánica en el Congreso de los Diputados, para el ‘reconocimiento y amparo de la pluralidad lingüística en España’.

En el texto, el PSOE planteaba no solo fomentar las lenguas oficiales que conviven con el español -catalán, vascuence, gallego y valenciano- sino las no oficiales, entre las que se encuentra, por ejemplo, el bable.

“La población española debe ser consciente de la trascendencia que puede tener ser también competente en las lenguas no solo de la propia comunidad donde vive sino del conjunto de comunidades de España hacia donde puede trasladarse a vivir, trabajar, estudiar, comerciar, etc.”, argumentaban los socialistas.

En la iniciativa se recogían toda una batería de medidas para desarrollar esos planes de “protección, arraigo y divulgación” de las lenguas, con “líneas de ayuda para proyectos destinados a que dichas lenguas puedan ser estudiadas, descritas y codificadas”, así como para aquellos que promuevan “su presencia en el mercado digital, audiovisual y editorial”. Según el PSOE, el Gobierno -entonces de Mariano Rajoy- habría de impulsar las “medidas necesarias” para “favorecer el aprendizaje de las lenguas no oficiales” en “todas las etapas y especialmente las ordinarias, del sistema educativo español”.

Ahora, esa intención sería plasmada en el nuevo texto legal. En concreto, el cambio fundamental aparece en la disposición adicional 38º relativa a la ‘Lengua castellana, lenguas co-oficiales y lenguas que gocen de protección legal’.

“Podrán ofrecer lenguas no oficiales”
En el nuevo redactado, se recoge que “aquellas Comunidades Autónomas en las que existan lenguas no oficiales que gocen de protección legal podrán ofrecerlas en los términos que determine su normativa reguladora”. Un texto que avala la implantación de estas lenguas en las respectivas comunidades autónomas, pese a las opiniones en contra que genera este asunto.

Una medida polémica que se añade a la capacidad que, con la nueva ley, tendrán las comunidades autónomas para determinar qué asignaturas se dan en castellano y cuáles en su lengua co-oficial, lo que resulta especialmente controvertido en el caso de Cataluña.

Es decir, el proyecto de Celaá elimina de la disposición mencionada la obligación -fijada por la Justicia- de impartir las clases en castellano en una “proporción razonable”.

Ésta es la diferencia fundamental: en el nuevo texto, se indica que “las administraciones educativas (es decir, las comunidades autónomas) fijarán la proporción del uso de la lengua castellana y la lengua co-oficial como lengua vehicular, así como las materias que deban ser impartidas en cada una de ellas, pudiendo hacerlo de forma heterogénea en su territorio, atendiendo a las circunstancias concurrentes”.

La actual ley, aprobada por el Partido Popular, establece que “las administraciones educativas determinarán la proporción razonable de la lengua castellana y la lengua co-oficial en estos sistemas, pudiendo hacerlo de forma heterogénea en su territorio, atendiendo a las circunstancias concurrentes”.

La LOMCE añadía que “la Administración educativa deberá garantizar una oferta docente sostenida con fondos públicos en la que el castellano sea utilizado como lengua vehicular en una proporción razonable”.

La ley de Isabel Celaá recoge además que las comunidades autónomas promoverán “la realización de análisis por parte de los centros, de modo que se garantice que todos los alumnos alcanzan la competencia en comunicación lingüística, en lengua castellana y en su caso en las lenguas co-oficiales, en el grado requerido”. “Asimismo impulsarán la adopción por parte de los centros de las medidas necesarias para compensar las carencias que pudieran existir en cualquiera de las lenguas”.

Vox frente a la democracia liberal
 larazon 9 Diciembre 2018

Hace una semana saltó la sorpresa en las elecciones andaluzas cuando se confirmó que Vox, partido sin representación en institución alguna, conseguía doce diputados. A lo único que alcanzaban los primeros análisis era a decir que «España rompía la excepción». Es decir, si hasta ahora no había irrumpido la extrema derecha o la derecha populista, como así ha ocurrido en otros países de nuestro entorno, al fin podemos homologarnos a la media continental. La llegada de Vox al tablero político español no es, por lo tanto, una anomalía y coincide plenamente con, por ejemplo, la política migratoria que mantienen y aplican partidos como los de Marie Le Pen en Francia, Salvini en Italia, Geert Wilders en Holanda, Orban en Hungría, Alternativa para Alemania o el UKIP impulsor del Brexit.

Se puede decir que el partido que lidera Santiago Abascal está en esa corriente, sin bien es cierto que con unas características muy específicas. Por ejemplo, y no es menor: los partidos populistas europeos citados sienten simpatía por el separatismo catalán y son el único apoyo que han encontrado en tanto que mina la estabilidad de la Unión Europea y devuelve la soberanía nacional plena a los Estados o a las «naciones sin Estado». El crecimiento de Vox se ha producido precisamente por el «proceso» independentista, por el abandono de las instituciones del Estado en Cataluña, por el incumplimiento reiterado de la Ley y por la indefensión en la que se ha dejando a la ciudadanía catalana ante la imposición ideológica del nacionalismo. Ese ha sido el verdadero motor para el avance de esta formación en las elecciones andaluzas, que cuenta, además, con un hito en el que se ha saltado una línea roja fundamental: un partido constitucional, el PSOE, accede al Gobierno con el apoyo de los que han protagonizado un golpe contra la democracia y, además, con la sangrante guinda de los defensores de ETA.

Es, por lo tanto, injusto permitir que este partido sea acosado violentamente en la calle. Hay un debate terminológico que no es menor: si Vox debe ser considerado o no un partido de extrema derecha. Abascal no lo acepta –como así lo explica en una entrevista que publicamos hoy–, en tanto que presupone un planteamiento antisistema contrario al régimen de libertades y en defensa del orden constitucional. «Vox es un partido español y sólo orbita en torno a los intereses España», dice. Digamos que se situaría en las coordenadas clásicas del nacionalismo: ni izquierda ni derecha, sólo España.

Es pronto para juzgar seriamente el programa de este partido que plantea medidas que nos parecen impracticables, como eliminar las autonomías; en el caso de Andalucía cerrar la televisión autonómica, o derogar la Ley de Violencia de Género sólo argumentando que hay hombres que también son maltratados. En una democracia liberal, todo puede ser reformado y mejorado, pero hay que evitar la deslegitimación de los políticos («la gente está cansada de estos políticos»), de las instituciones y aportar soluciones factibles hechas desde los propios valores, que en el caso de Vox parecen muy arraigados.

Es cierto que existe una tendencia ideológica que determinada izquierda ha importado basada en una exacerbación de la diferencia sexual victimizadora y negadora de la libertad individual, estereotipos sobre las minorías raciales y aplicación de modas urbanas al conjunto de la población, pero no habremos avanzado mucho si frente a la «corrección política» sólo se impone el discurso de «yo digo las cosas como son». Precisamente en este momento, la clave está en fortalecer las democracias liberales y no en debilitarlas. Vox, como en su momento Podemos, ha recogido el voto de los descontentos, incluso de votantes de izquierda desencantados con las élites progresistas, pero abrir la vía antieuropea y antiliberal en un momento tan crucial para el futuro de la UE no sitúa en un escenario desconocido en la política española.

El populismo socava el proyecto de la UE
EDITORIAL ABC 9 Diciembre 2018

La irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía, señal inequívoca de un movimiento que tendrá continuidad en las próximas convocatorias electorales, ha tenido la virtud de contribuir al desplome regional de la izquierda y de abrir la posibilidad de la alternancia política tras casi cuarenta años de hegemonía socialista. Más allá de esta saludable catarsis, y del efecto contagio que Vox puede protagonizar en unas fuerzas conservadoras que habían sacrificado sus valores para refugiarse en un pragmatismo desideologizado, el repliegue nacionalista que propone Vox -parejo al de las formaciones similares que florecen en toda Europa, del Reino Unido del Brexit a la Italia de Salvini, pasando por Francia, el Este continental o los Países Bajos- ha de ser interpretado como una señal contraria al proyecto europeo, tan necesario en un mundo polarizado por el unilateralismo y el cierre de fronteras y amenazado por quienes, como hace un siglo, exaltan la identidad nacional y socavan los pilares de la Unión que paradójicamente garantiza su supervivencia.

No es casual que, como hoy informa ABC, la Fundacion Heritage o Steve Bannon hayan puesto sus ojos en el fenómeno que protagoniza Vox, y no por simples coincidencias ideológicas, muy legítimas. El debilitamiento de la UE y la fragmentación de la estructura supranacional que protege a sus estados miembros es el objetivo de la indisumulada campaña que desde los alrededores de la Casa Blanca despliega Bannon para cultivar el nacionalismo y fomentar la fractura del proyecto comunitario, incluso en países tan europeístas como España. Confundir patriotismo y nacionalismo populista resulta sencillo, incluso tentador, en un tiempo en que los valores extremos movilizan a la opinión pública y le hacen olvidar, hasta ponerlas en juego, sus propias conquistas y fortalezas.

Brevox
Nota del Editor 9 Diciembre 2018

Pensaba limitarme a colorear en rojo (debería utilizar otro color) los disparates del editorialista de ABC, pero la comparativa es si a Vox le acusa de "fomentar la fractura del proyecto comunitario", que dirá de la mayoría de británicos.

De inevitable a inaplazable
Postergar la intervención en Cataluña solo aumenta su coste
Hermann Tertsch ABC 9 Diciembre 2018

«A estas alturas no hay formas intermedias. La desprogramación de la secta separatista debe hacerse de un modo activo, con un 155». Estas sabias palabras de Albert Boadella, un catalán que anunció la catástrofe desde que su lucidez vio los preparativos, son una vez más rotundamente ciertas. Pero se queda corto con la receta porque es probable que el 155 ya no sea suficiente para acabar con lo que se debió acabar desde hace lustros ya todos los días. Como todos los días aumenta el coste de una intervención para restablecer la ley.

Quienes hoy pretendan que la vuelta a la legalidad pasa por la negociación con las fuerzas separatistas o no se enteran o creen beneficiarse de la falta de normalidad. O directamente pretende ayudar al golpismo antiespañol como los comunistas de Podemos, para los que todo éxito propio pasa por el desmembramiento de la nación. La cúpula golpista de la Generalidad es irrecuperable para la legalidad. El restablecimiento de la ley en Cataluña es imprescindible para que toda España pueda dedicar sus energías, su tiempo y su dinero a sus grandes objetivos de desarrollo. Tendrá que imponerse con la intervención de la fuerza legítima del Estado ante la abierta rebelión de las autoridades regionales. Esta vez con la contundencia necesaria que no hubo en la fracasada aplicación del 155 por el Gobierno de Mariano Rajoy.

El miedo al conflicto de aquel Gobierno ha tenido efectos catastróficos para España, y no solo en Cataluña. Porque más allá del descrédito del Estado que causó su fallida intervención del pasado año, es corresponsable, por su vergonzosa huida, de todos los daños que genera en la actualidad -aumentan a diario- el Gobierno de talante abiertamente macarra que preside el falso doctor Sánchez. Que lleva a cabo el más inaudito desmantelamiento de las defensas del Estado que pueda concebirse. Si al actual Gobierno lo caracterizan su mala fe y su desprecio a los intereses de los españoles, al anterior se le recordará por su justificada mala conciencia y una cobardía de altísimo coste que lamentablemente no pagan quienes debieran.

Así las cosas y tal como se aceleran los planes de un nuevo intento de insurrección, es muy posible que sea precisamente Sánchez, que gobierna gracias al golpismo y demás implicados en el intento de destrucción del Estado, quien tenga que dar la orden de suspender la autonomía en Cataluña y restablecer la ley y el orden público, ambos hoy inexistentes. O quedar expuesto ya definitivamente como uno más de los enemigos de la España de la monarquía parlamentaria. La intervención contará con el aplauso de la mayoría de los españoles, incluidos los catalanes, pero también con la feroz y previsiblemente violenta oposición de la secta fanática de que habla Boadella. Sánchez intenta aún proteger y no enfrentarse a sus socios de aventura. Pero toda España, cada vez más alerta y más dispuesta a exteriorizar su voluntad de defensa de la nación, sabe que lo inevitable ya se hace inaplazable.

España: ¿Antes roja que rota?
Carlos Sánchez elconfidencial 9 Diciembre 2018

La irrupción de Vox, un partido de corte ultranacionalista y xenófobo, ha aflorado un debate larvado sobre el papel de las comunidades autónomas. Vox, como se sabe, ha planteado que la Administración central —las comunidades autónomas son también Estado— recupere competencias en materias como la educación o la sanidad, y, por supuesto, la seguridad.

Se trata de un debate larvado porque los grandes partidos lo han obviado durante mucho tiempo, salvo Ciudadanos. El partido de Rivera, cuando nació, lo planteó de una forma abierta e, incluso, defendía una recentralización a fondo del Estado, pero a medida que Cs se ha integrado en el sistema político, aquel planteamiento se ha ido diluyendo.

En síntesis, los críticos del Estado autonómico esgrimen que el sistema es caro, ineficiente y es un incentivo para la corrupción. Tanto la corrupción que tiene que ver con el despilfarro, y los ejemplos son numerosos, como la que se basa en el chalaneo entre las élites locales y determinados sectores económicos. Se ponen como ejemplo los numerosos casos de corrupción en la administración local y autonómica, muy por encima de los que se han detectado en la administración general del Estado.

Conviene partir de una premisa. Ahora que se celebran los primeros 40 años de la Constitución, merece la pena recordar que la descentralización forma parte del éxito de España como nación. Se podrá decir que un Estado centralizado hubiera sido mejor, pero eso, obviamente, habría que demostrarlo con los hechos.

Lo que se sabe es que el modelo territorial, con todos sus defectos, y son numerosos, ha sido compatible con una generalización del Estado de bienestar que ha favorecido a los que más lo necesitan, y que ha sido gestionado, precisamente, por las comunidades autónomas. Las tres cuartas partes de los servicios esenciales son administrados por entes territoriales y pocos dudan que el sistema sanitario español, por ejemplo, está entre los mejores del mundo. Como ha expresado gráficamente en este periódico Javier Jorrín, se ha pasado de la boina a la movida con servicios públicos gestionados por las autonomías.

Fracaso de la revolución industrial
El hecho de acercar la gestión de la cosa pública a los ciudadanos no es un asunto menor. La realidad económica, social, cultural y política de España es la que es. Y, de hecho, justo al contrario de lo que ha sucedido en otros países, el proceso de homogeneización del país —por el fracaso de la revolución industrial y de la incapacidad de la burguesía para integrar a todos los españoles— ha provocado históricamente grandes diferencias regionales. No ha ocurrido así en naciones del tamaño de España, como Francia o Alemania, donde la homogeneización territorial ha sido mayor y las distancias de renta, por el contrario, han sido menores.

En España, por el contrario, las diferencias interregionales —como en Italia— son significativas, lo que explica —más de allá de las raíces históricas y el proceso de construcción de los antiguos reinos de España— que hubiera una demanda de autonomía en muchos territorios que se sentían históricamente marginados por la política centralista.

El caso más evidente es el de Andalucía, que cuando se hizo la Constitución iba a acceder por la vía lenta a la autonomía frente a los llamados territorios históricos por haber disfrutado de Estatuto propio durante la República. Un referéndum, sin embargo, cambió el curso de la historia. Los andaluces querían autonomía.

Entre otras cosas, porque existía el convencimiento de que las grandes migraciones interiores de los años 50 y 60 tenían mucho que ver con el trato privilegiado que el franquismo dio a algunas regiones: Cataluña, País Vasco o Madrid, por ser esta última capital del Estado. Es decir, el sentimiento autonómico o local —solo hay que acudir a la prensa de la época— forma parte indeleble de la Transición, que es el periodo en el que se configuró el modelo de Estado, aceptado por casi el 90% de los españoles en el referéndum constitucional.

El diseño que se hizo, sin embargo, fue vergonzosamente federal. Vergonzosamente porque el término federal, por las razones que sean, siempre ha dado miedo a muchos sectores de este país, lo que explica que los constituyentes pusieran en circulación el término Estado autonómico como una especie de federalismo por la puerta de atrás (ni federalismo ni centralismo) para no dar la imagen de una España rota. Sin duda, como respuesta a las numerosas crisis territoriales que ha tenido este país, y que se manifestaron con especial crudeza durante las dos repúblicas.

Federalismo vergonzante
Ese federalismo vergonzante, sin embargo, llevaba un pecado original. Lo que hizo el Estado es traspasar las políticas de gasto. No es que el Estado se quedara competencias propias desde el lado de la prestación de servicios públicos, sino que se centrifugaron los recursos para atender las cuestiones básicas, lo cual tenía una lógica aplastante: la gestión de determinadas prestaciones esenciales había que acercarla a las necesidades de los ciudadanos. El método utilizado fue el del coste efectivo, es decir, el Estado calculaba el coste de la transferencia y aquí paz y después gloria. A esto se le ha llamado el 'statu quo' en la jerga autonómica.

¿Cuál fue el problema? Pues que a los legisladores se les 'olvidó' que, si una administración gasta, tiene que procurar recursos con su propia política fiscal. De lo contrario, se produciría una asimetría entre ingresos y gastos que no tardaría en aflorar, como así ha sucedido. Es decir, enormes déficits que han generado con razón esa imagen de despilfarro que va asociada a las autonomías.

A muchos presidentes autonómicos nunca les ha preocupado eso. De hecho, han preferido siempre tirar con pólvora del rey, ya que quien modulaba la política fiscal —subiendo impuestos para atender la financiación de los servicios públicos— siempre ha sido el Gobierno central. Es decir, unos gastan (lo cual es políticamente muy rentable) y otros ingresan (lo que tiene un indudable coste electoral).

Un modelo perverso que solo podía generar problemas. Máxime cuando el deterioro de la calidad institucional del país ha provocado que muchas decisiones se hayan tomado por la presión interna de los barones regionales a cambio de apoyar al líder del partido o una determinada mayoría parlamentaria: el AVE o cualquier otra inversión del Estado ha llegado primero a las regiones con más capacidad de presión.

Un incentivo perverso
El resultado es un sinsentido. Como cada cinco años hay que renovar el sistema de financiación, los presidentes autonómicos tienen un incentivo perverso: saben que solo hay que pedir más dinero a eso que se llama 'Madrid', toda vez que la política tributaria no es de su incumbencia más allá de unos pocos impuestos cedidos con escasa capacidad de recaudación.

Esta ausencia de responsabilidad fiscal —salvo en los territorios forales— es lo que explica buena parte del despilfarro, ya que todos los presidentes autonómicos saben que al final 'vendrá Madrid' para tapar los agujeros.

Las regiones, sin embargo, no tienen toda la culpa. El cálculo del coste efectivo de los servicios públicos se hizo (salvo pequeñas modificaciones) de acuerdo con criterios de hace 32 años, que es cuando nació el modelo de financiación propiamente dicho (antes eran acuerdos bilaterales), pero sin que pasadas tres décadas largas se haya quebrado ese 'statu' quo que está en el fondo de los problemas.

¿El resultado? Las comunidades tienen en muchos casos presupuestos ficticios que periódicamente saltan por los aires, lo que provoca una indudable —y justificada— desconfianza en el sistema político que Vox pretende capitalizar. Sin duda, porque son las propias CCAA las que viven del agravio comparativo y siempre encuentran argumentos para denunciar que otra región se lleva sus recursos. La envidia, el viejo mal de los españoles, y hasta el rencor, están detrás de muchos conflictos territoriales. Y Cataluña, que ha acabado por pudrir todo el sistema político, es un buen ejemplo de ello.

La política de tirar el agua sucia del barreño con el niño dentro no es, sin embargo, nueva. De hecho, forma parte indisoluble de la historia de España, lo que explica los continuos bandazos que ha dado este país en política territorial. Incluso ahora, con cuatro décadas de prosperidad desconocida en nuestra reciente historia, se quiere volver al Estado centralista del franquismo, una auténtica calamidad que provocó enormes migraciones interiores, del campo a las grandes ciudades, y no solo por razones vinculadas a la especialización productiva.

Ese mensaje devastador, sin embargo, está calando, y lo que sorprende es que los mismos partidos que se llenan la boca con la palabra 'Constitución' no hayan sido capaces de modernizar el Estado autonómico aumentando la corresponsabilidad fiscal para que haya coherencia entre las políticas de gasto y las políticas de ingresos, y que está en el fondo de los problemas.

Algo que es todavía más grave si se tiene en cuenta que España ha creado una suerte de Estado cuasi federal, pero sin instituciones federales como las que existen en otros estados descentralizados capaces de canalizar el debate autonómico. En particular, por el nulo papel del Senado como instrumento de equilibrio territorial y el caduco sistema de funcionamiento del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

El descrédito de las autonomías es, por eso, responsabilidad exclusiva de los grandes partidos, incapaces de actualizar un Estado que pretende ser devorado por los nuevos salvapatrias, que ven en el pasado la manera de resolver los problemas del futuro. No hay nada más ridículo.

La maraña clientelar andaluza
EDITORIAL El Mundo 9 Diciembre 2018

No se ha destacado lo suficiente el hartazgo de los andaluces con el régimen que han acabado conformando casi 40 años ininterrumpidos de gobierno socialista, toda una anomalía en un sistema democrático. El hecho de que, pese a sufrir un durísimo castigo en las urnas el pasado domingo, el PSOE volviera a ser la fuerza más votada, lleva a algunos a intentar enmascarar ese hastío. Pero es que este partido, como le ocurre también a las fuerzas nacionalistas que gobiernan prácticamente desde la Transición, ha tejido una red clientelar y una administración paralela monumentales que hacían cada vez más difícil su desalojo del poder por tantos intereses creados en torno a unas siglas.

Como hoy publicamos, esta Comunidad tiene uno de los sectores públicos más abultados de toda España y, al mismo tiempo, es uno de los más deficitarios. Sólo en el último año examinado por el Tribunal de Cuentas, el 2015, se perdieron 349 millones de euros, a pesar de la inyección récord de 2.512 millones en transferencias y subvenciones públicas. La Junta ha actuado como auténtica agencia de colocación durante décadas, con constantes acusaciones de nepotismo y enchufismo, y sin atender a criterios de eficiencia y solvencia. La colocación de afines es a todas luces un escándalo que no dejaba de aumentar legislatura tras legislatura, hasta provocar el fuerte malestar que se ha reflejado en estos comicios autonómicos. Hay casos tan flagrantes como el hecho de que Rafael Escuredo, primer responsable de la Junta, a pesar de no cobrar un sueldo como ex presidente por la modificación de una ley que introdujo Griñán a modo propagandístico, percibe 5.400 euros mensuales como asesor de un consejo consultivo. Y así tantos y tantos casos.

La administración paralela tiene 24.000 empleados, un auténtico dislate. Y aparte de los 508 altos cargos, hay más de 3.000 trabajadores en puestos de libre designación. Es urgente que el próximo Gobierno andaluz acometa una profunda regeneración y racionalización de la Administración, y que acabe con tanta red clientelar que ya clamaba al cielo.

Iglesias quiere otro 34, otro 36 y espero que no otro Calvo-Sotelo
Eduardo Inda okdiario 9 Diciembre 2018

—Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprende las lecciones que nos da la historia—.

Cualquiera diría que esta frase del escritor británico Aldous Huxley ha visto la luz aquí y ahora, en esta España convulsa, fracturada, dividida en dos bloques irreconciliables enfrentados a cara de perro 80 años después por culpa del frívolo José Luis Rodríguez Zapatero, que incineró el Pacto de la Concordia de 1978. Esa España que el genial sordo aragonés, Francisco de Goya y Lucientes, pintó hace dos siglos en su celebérrima Pelea a garrotazos bien la podría haber retratado nuestro contemporáneo Miquel Barceló anteayer. O Sicilia. O Antonio López. O Pedro Sandoval. O Uslé. O Genovés. O Gordillo. O mi querido, añorado y eterno Eduardo Arroyo.

Pablo Iglesias no sólo es uno de los políticos más sobrevalorados de una escena, la actual, que permite concluir que cualquier tiempo fue mejor. Es, además, el más desahogado y, sobra decirlo, el más reaccionario. El más estalinista. El más fascista. El más jeta. El más embustero. El más feo por dentro y, permítanme la licencia, el más feo por fuera con esos piños color carbón cuya limpieza cuesta una diezmilésima parte que su casoplón. He de admitir que el domingo me acongojé al escuchar su arrebato de niño malcriado tras certificar que no sólo se pegaba un bofetón de campeonato sino que buena parte de ese bofetón era culpa de una formación, Vox, que le sacó la sangre a Podemos birlándole no menos de 100.000 votos. Mejor dicho, da mucho miedo. Terror. Pánico. Fue toda una declaración de guerra. Obviamente, no alcanzó el nivel dios del “¡es la última vez que este hombre habla en el Parlamento!” de Pasionaria cuando sentenció a José Calvo-Sotelo 72 horas antes de que fuera mortalmente balaceado pero tampoco se quedó corto.

“Decreto la alerta antifascista y llamo a la movilización contra los postfranquistas de Vox”, fue el exabrupto que vomitó la fiera bien entrada la noche del domingo con esa pose de hijo único que no admite un “no” por respuesta, ni un desencanto por nimio que sea. Fue toda una oda al matonismo. Y se salió con la suya. Marchas con mayor o menor violencia, pero violencia al fin y al cabo (la violencia también puede ser psicológica), en Cádiz, Sevilla y Granada. O esa de Gerona contra una manifestación de Vox que si no la llegan a ubicar temporalmente hubiéramos deducido que eran disturbios provocados por esos gilets jaunes (chalecos amarillos) que rememoran mayo del 68 a adoquinazos por la brutal subida del 30% del diésel decretado por esta suerte de Rey Sol posmoderno que es Emmanuel Macron. La alerta antifascista ostenta el macabro honor de sumar ya una decena de heridos, entre otros, un muchacho al que 15 encapuchados enviaron al hospital por llevar una bandera española en el campus vitoriano de la Universidad del País Vasco. Si bien es cierto que a este chico de 19 años le rompieron la nariz y el pómulo el viernes, no lo es menos que Iglesias lanzó proclamas incendiarias contra los que él denomina “fascistas” durante la campaña de las andaluzas y cada vez que ha abierto el pico desde que Soraya lo prefabricó allá por 2013. De estos polvos vienen estos lodos. Por no olvidar algunas consignas más salvajes aún, como las que esputó hace cuatro años en una conferencia con una propuesta que define perfectamente al sujeto: “¡Dejémonos de mariconadas y salgamos a cazar fachas!”. Pues eso: homófobo y extremadamente violento.

Nada nuevo bajo el sol. Hace un año exacto un vecino de Zaragoza, Víctor Laínez, fue asesinado por un “antifascista” chileno llamado Rodrigo Lanza que 11 años antes había dejado tetrapléjico a un policía local de Barcelona y que tenía en Podemos en general y a Iglesias en particular como sus grandes valedores. El delito del bueno de Laínez fue portar unos tirantes con la bandera de España. El hijo de puta que lo mató no fue repudiado por la izquierda y los medios podemitas e independentistas. El repugnante doble rasero de siempre: muchos políticos y no pocos periódicos relativizaron el crimen dando cuartelillo a la versión de los facinerosos que lo patearon moribundo. Todo ello cuando la autopsia dejaba bien claro que fue una agresión por la espalda, a traición, como sólo ellos saben hacer. La gentuza es así y no hay que darle más vueltas.

Pablo Iglesias que es unidimensional, sólo sabe de comunismo y chavismo, quiere rehacer la historia. Mejor dicho, reescribirla con idéntico guión pero distinto desenlace. No sólo ganar la guerra que perdieron sus abuelos, algo física y metafísicamente imposible salvo que se embarque en una nave de ésas de El Planeta de los Simios, sino también llevar a la práctica las estalinistas costumbres de esa izquierda que se cargó con su totalitarismo la primera democracia española. La izquierda se negó a aceptar la victoria de la CEDA de Gil Robles en las elecciones de 1933. Algo parecido al “hay que parar a la ultraderecha” del general secretario de Podemos. Cómo sería la cosa que no pudo formar Gobierno teniendo que ceder ese grandísimo honor a ese brillante corrupto llamado Alejandro Lerroux, que se las ingenió como pudo para salir de un infierno en el que todo eran trampas. El Partido Comunista del abuelo Turrión, un PSOE echado al monte que nada tiene que ver con el socialdemócrata de Felipe González, los anarquistas y una ERC con similares modos y maneras a la de nuestros días dijeron “hasta ahí podíamos llegar” e impidieron que la derecha gobernase España.

“Si llegan los reaccionarios, abriremos la vía revolucionaria”, exclamó El Lenin español, Largo Caballero, con la oposición de socialistas honorables como Besteiro. Dicho y hecho: la entrada en el Gobierno de tres ministros del partido que había ganado las elecciones, la CEDA, fue la excusa de mal pagador del PSOE y la izquierda comunista para poner patas arriba el país. El 4 de octubre de 1934 guarda demasiadas concomitancias con esa fascista alerta antifascista ordenada 84 años después por Pablo Iglesias. La Revolución de Octubre se saldó con 2.000 muertos, muchos de ellos religiosos pasados a cuchillo por estas bestias pardas. Aquel golpe de Estado también tuvo su 1-0 cuando el criminal psicópata que da nombre al Estadio Olímpico de Barcelona, Lluís Companys, declaró el Estado Catalán. Este individuo fue encarcelado y luego indultado (¿les suena?) en 1936 dando rienda suelta a su venganza con el asesinato o la ejecución sumaria de 9.000 personas más: curas, monjas, seglares, monárquicos y cedistas.

Pablo Iglesias, su amigo el terrorista Otegi y los golpistas catalanes lo tienen claro: su concepto de democracia es que sólo pueden gobernar ellos. “Porque es lo que quiere la gente y porque nuestros rivales son los enemigos del pueblo”, como suele repetir el plomazo del Stalincillo podemita. Y, si vence el adversario, hay que impedirlo por la fuerza o robando las elecciones como sucedió en febrero de 1936 con una victoria del Frente Popular más falsa que Judas, tal y como probaron Álvarez Tardío y Villa. Cuidadín porque así empezó esa contienda de malos contra malos que fue la Guerra Civil. Con un golpe de Estado de un lado y un virulento contragolpe de otro. Así es nuestra España pendular. La Fiscalía debería tomarse en serio este nuevo reto del hijo putativo de Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad. Esto de mandar a la gente a la calle a impedir la democrática irrupción de un partido que es infinitamente menos de derechas que Podemos de izquierdas es delictuoso amén de fascistoide. Y el fascioestalinismo sólo puede terminar de dos maneras: mal o peor. Aquí saltará todo por los aires el día en que golpistas o comunistas propinen un golpe, una puñalada o un disparo mortal de necesidad a quien no piensa como ellos. La jornada, que Dios no lo quiera, porque el diablo lo está deseando, en la que estos salvajes pongan un muerto encima de la mesa. Un segundo cadáver, mejor dicho, porque lo del hombre de los tirantes rojigualdas se blanqueó tanto en la opinión publicada que pudo llegar a calar la sensación de que había sido un reyerta entre delincuentes. Por cierto, ahí va una inocente pregunta: ¿no debería actuar la Fiscalía de oficio contra el coletudo líder podemita?

El guerracivilismo y el asesinato civil del Pacto de la Transición es un boutade zapateril que nos costará muy cara. Nada me gustaría más que columpiarme. Lo único que nos salva de las sacas, los paseíllos y las checas es que estamos en la Unión Europea. Aunque visto como está de pachucha la UE, que va camino de una irrelevancia modelo ONU, me temo lo peor. O los demócratas acabamos legalmente con los que quieren devolvernos al 34 y al 36 o los que quieren devolvernos al 34 y al 36 acabarán con los demócratas, con el Estado de Derecho y con el mejor periodo de nuestra historia que es la España constitucional. Está en su ADN e incluso en sus programas. La paz, la prosperidad, la alternancia, la convivencia y la tolerancia fenecerán el día en que haya un muerto. Reaccionemos antes de que sea demasiado tarde. No nos podemos permitir otro 34 ni otro 36. Tampoco otra sanjurjada. Reeditar nuestros más escabrosos periodos históricos es del género tonto. Olvidar nuestra peor historia nos llevará inexorablemente a resucitarla. Un suicidio que nos haría retroceder 80 años. Nunca más. Hagamos caso a Huxley.

Elecciones Andalucía 2018
No sólo es Canal Sur: los 8 ‘chiringuitos’ que VOX quiere liquidar gastan 158 millones en sueldos
Agustín de Grado okdiario 9 Diciembre 2018

La izquierda política pretende situar el debate sobre VOX en torno al adjetivo que debe acompañarle: ultraderecha, extrema derecha, fascismo… Más allá, el nuevo partido presenta un ambicioso proyecto de adelgazamiento de la administración andaluza. Los de Santiago Abascal proponen la liquidación de varios organismos públicos que, en estos momentos, le cuestan 316 millones a los andaluces en impuestos. De estos, más de 158 millones corresponden al pago de sueldos.

La primera empresa pública sobre la que VOX ha puesto el foco es Canal Sur, la televisión autonómica que el PSOE controla con mano férrea desde su primera emisión. Pero en su programa también propone el cierre de la Agencia Andaluza de la Competencia, la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA), el Instituto Andaluz de la Mujer, el Instituto Andaluz del Flamenco, el Instituto Andaluz de la Juventud, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y el Instituto Andaluz de Investigación Agraria.

Canal Sur: 162 millones
Canal Sur tiene un presupuesto de 162,7 millones de euros, 88 de los cuales están destinados a gastos de personal. VOX propone su supresión, algo que obligaría a la reforma del Estatuto de Andalucía y, por tanto, de mayorías reforzadas que no están al alcance de la suma de PP, Ciudadanos y VOX. De hecho, el líder de los populares, Pablo Casado, ha descartado que la supresión de la televisión autonómica vaya a estar sobre la mesa de negociación.

IFAPA: 52,6 millones
El Instituto de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) nació como apoyo al desarrollo de la agricultura y el diseño de planes de investigación. Su presupuesto anual asciende a 52,6 millones de euros, de los que más de la mitad (29,9 millones) se destinan a gastos de personal.
El presidente de IFAPA es Jerónimo José Pérez Parra. Gana 54.582 euros anuales.

Instituto de la Mujer: 43 millones
Dependiente de la Consejería de Igualdad y Políticas sociales, el Instituto de la Mujer cumple tareas de coordinación de las Unidades de Igualdad de las Consejerías con competencias en el Observatorio Andaluz de la Violencia de Género. Disfruta de un presupuesto de 43 millones de euros, de los cuales 9,5 (el 22 por ciento) se gastan en salarios.

La directora del Instituto Andaluz de la Mujer es Elena Ruiz Ángel, afiliada al PSOE desde 2007, partido en el que además es secretaria de Igualdad en la Ejecutiva de la formación que lidera Susana Díaz. Su salario anual asciende a 54.852 euros, según el portal ‘Sueldos Públicos’.

Instituto del Flamenco: 25 millones
Incorporado a la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, fue creado para sacar el mayor rendimiento a los fondos que la Junta destina a la cultura. Su presupuesto de gasto asciende a 24,9 millones de euros, de los cuales 17,1 corresponden a personal.

El gerente de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales es Alberto Mula Sánchez, incorporado a la agencia en 2010 como subdirector y nombrado gerente en 2011. Cobra 52.332 euros anuales. El pasado mes de febrero fue interrogado por la Guardia Civil por presunta prevaricación en la agencia después de que la Cámara de Cuentas detectara un cúmulo de irregularidades.

Instituto de la Juventud: 20 millones
Adscrito a la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales, el Instituto de la Juventud tiene entre sus competencias la planificación y programación de las políticas destinadas a los jóvenes, así como el desarrollo de la animación sociocultural en Andalucía. Su presupuesto es de 20 millones de euros, de los que el 45 por ciento (9 millones) se emplean en gastos de personal.
El director del instituto es Francisco Tomás Pizarro. Fue concejal socialista de Cultura en el Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda. Su sueldo anual es de 54.852 euros.

Arte Contemporáneo: 5,5 millones
El Centro de Arte Contemporáneo tiene como misión la creación de una colección permanente de arte contemporáneo, así como el fomento de exposiciones temporales, tareas de conservación, etc. Su gasto anual asciende a 5,5 millones de euros. El pago de nóminas, salarios y otros gastos de personal alcanza los 2,4 millones.
Su director de Juan Antonio Álvarez Reyes. Su salario anual, según el portal ‘Sueldos Públicos’ es de 54.582 euros.

Agencia de la Competencia: 3 millones
Un remedo de la agencia estatal que vela por el funcionamiento competitivo del mercado. Disfruta de plena capacidad jurídica y autonomía de gestión. Su presupuesto es de casi tres millones de euros, de los cuales 2,5 se van en gastos de personal.

La presidenta del Consejo de la Competencia es Isabel Muñoz Durán, ligada al PSOE. Fue diputada regional de 2004 a 2008 y viceconsejera de Cultura de 2009 a 2010. Cobra 54.852 euros anuales, según el Portal de Transparencia de la Junta de Andalucía.

Agencia IDEA
La Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía tiene como objetivo promover el tejido empresarial. Dependiente de la Consejería de Empleo, Empresa y Comercio de la Junta, no ha publicado sus memorias económicas desde 2015. Según el PP, la sociedad ha perdido 521 millones entre 2013 y 2016.

El director general de IDEA es Julio Samuel Coca, ligado a cargos públicos en Andalucía desde el 2000, cuando fue designado director general de Instituciones y Cooperación con la Justicia. Su remuneración anual es de 60.761 euros.

El golpe fallido que desató la Guerra Civil
El desastre en la coordinación de los sublevados y la obstinación del gobierno republicano en negar el levantamiento derivó en tres años de conflicto.
Jorge Vilches. larazon 9 Diciembre 2018

Nada salió como estaba preparado. La fecha elegida para el golpe de Estado no fue el 18 de julio, ni siquiera «el 17 a las 17», sino que todo se adelantó a pesar de que estaba preparado para el 20. La coordinación de los golpistas en los primeros días fue un desastre. Precipitación, miedo, ira y violencia. El gran plan, esa teoría del golpe que hubiera hecho a Curzio Malaparte enarcar las cejas, no se llevó a la práctica como estaba marcado en el papel. Lo cuenta bien Miguel Platón en «Así comenzó la Guerra Civil. Del 17 al 20 de julio de 1936: Un golpe frustrado» (Actas, 2018), que corrige errores que han pasado al cine y a la novela, resultado, según él, del «corta y pega», y de un puñado de datos equivocados que se deben, dice, a la mala fe. Platón es un historiador externo; sí, de esos que no proceden de la canonjía académica y, a más inri, o quizá por ello, de los que no eluden la confrontación en un tema tan polémico como la frustración de la Segunda República. Además, Platón tiene una virtud de la que muchos carecen y que a veces proporciona el periodismo: sabe escribir. Por esta razón es capaz de desgranar con pulso lo que ocurrió en aquellos cuatro días de julio y que, en opinión del autor, pusieron las bases para la prolongación indeseada de la guerra. En realidad, esta nueva obra de Platón parece culminar la que publicó hace cinco años titulada «El primer día de la guerra. II República y Guerra Civil en Melilla».

En esa ciudad africana, lugar de nacimiento del escritor, es donde Miguel Platón ubica el inicio del conflicto y de los errores. Es evidente para cualquier historiador que al general Mola, republicano y auténtico cerebro del golpe, no le salieron bien los planes. El movimiento estaba pensado para ser fundamentalmente peninsular; es decir, para implicar a las guarniciones de las grandes capitales en un golpe coordinado. El objetivo no era instaurar una monarquía sino una dictadura, dice Platón siguiendo a otros muchos historiadores, que evitara la deriva revolucionaria y de desorden que se había instalado en el régimen. La brutalización de la política y la degradación de las instituciones eran una realidad. Existía un ambiente de violencia consentida que arrasaba las calles desde hacía meses: seis muertos cada dos días durante el mandato del Frente Popular, de febrero a julio de 1936 (pág. 76). Además, el significado de «República» tal y como era entendida por el Frente Popular, de forma exclusivista y revolucionaria, chocaba con la que tenía una parte significativa de la sociedad española. Las dificultades encontradas en la Península durante la conspiración, antes del 17 de julio, decidieron a Mola a dar protagonismo a las fuerzas profesionales de Marruecos. Aun así, no las tenía todas consigo. Platón insiste en que fue el encubrimiento gubernamental del asesinato de José Calvo Sotelo, el 13 de julio, perpetrado por personas del PSOE, lo que decidió a algunos, como al general Franco o a Comunión Tradicionalista, a participar en el golpe. A partir de aquí, el libro discurre minuciosamente por los acontecimientos y personas día a día, entre el 17 y 20 de julio, fechas que marcaron aquel «empate» desastroso. Todo empezó cuatro días después del asesinato de Calvo Sotelo, cuando unas pistolas fueron robadas en el Parque de Artillería de Melilla. El propósito era repartirlas entre los falangistas que iban a auxiliar en la sublevación. Hubo una delación, como tantas veces en la Historia, que precipitó los acontecimientos. Sin embargo, los sublevados supieron que iban a ser detenidos, consiguieron neutralizar a las fuerzas del orden y detuvieron al general Manuel Romerales por no sumarse a la rebelión. Los golpistas llamaron entonces en su ayuda a las unidades del Protectorado de Marruecos, al tiempo que los frentepopulistas organizaban la resistencia en la ciudad. Esa noche, dice Platón, los golpistas se hicieron con el poder en Melilla, Ceuta y Marruecos.

Casares Quiroga, presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, conoció la situación en Melilla esa misma tarde. Ordenó que la flota bloqueara el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán. Además, dio la orden de que la aviación bombardeara las plazas sublevadas, lo que acabó decantando a la población marroquí a favor del golpe, y que fuerzas militares se concentraran en Madrid. No obstante, como señala Platón, Casares Quiroga pensó que aquello era una «sanjurjada», en referencia al golpe en 1932 del general Sanjurjo, y que podría reprimir la algarada fácilmente. Otro error. No funcionó el servicio de inteligencia y la respuesta del Gobierno fue prepotente. Entre el golpe fallido y la ineficaz represión, ya solo quedaba la guerra. España madrugó el 18 de julio con un comunicado radiado del Gobierno: «Se ha frustrado un nuevo intento criminal contra la República». La realidad era muy distinta. Mola, Franco y Yagüe se enteraron del error melillense después de que lo hiciera el gobierno de Casares Quiroga, y la sublevación se precipitó. De hecho, los generales Franco y Queipo de Llano, éste en Sevilla, se decidieron por el golpe el 18 de julio. Ese mismo día quedó patente la debilidad de Casares ante un Largo Caballero que exigió «dar armas al pueblo»; es decir, a las organizaciones políticas y sindicales de izquierdas. Martínez Barrio, al que Platón, como otros historiadores, otorga el papel de republicano sensato y mediador, señaló que esa entrega de armamento a la población civil constituía una locura y que era preciso hablar «desde la ley, con las guarniciones leales» para apaciguar los ánimos (pág. 435). Fue imposible. La desobediencia era creciente. Al tiempo, el Ministerio de la Gobernación, lo que era todo un símbolo de quién iba a tomar el poder, cedió el micrófono a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, para indicar a los españoles qué debían hacer. Fue entonces cuando, en la radio, dijo el conocido «¡No pasarán!». En esa situación, desposeído de autoridad, fue lógico que el propio Casares confesara el 18 de julio: «Llamo a los cuarteles y nadie me responde» (pág. 468).

«Miss Canarias»
El 19 de julio se decidió el general Mola a dar el paso, Franco –a quien llamaban sus compañeros «Miss Canarias», como recuerda Platón– auspició un conflicto largo, y Diego Martínez Barrio, republicano, presidente de las Cortes, intentó evitar la guerra civil. El fracaso de este último para lograr la conciliación fue clamoroso. El PSOE se negó a desperdiciar una ocasión de hacer la revolución y se negó a negociar un acuerdo para impedir la guerra (pág. 488). Mola, por su parte, tuvo una conversación telefónica con Martínez Barrio y se empecinó en el conflicto armado (pág. 493). A la altura de 1936 había dos minorías que deseaban la contienda civil; y así fue. Tras confesar su fracaso Martínez Barrio a Manuel Azaña, presidente de la República, el nuevo Gobierno, presidido por José Giral, decidió el reparto masivo de armas (pág. 537). Al día siguiente fue derrotada la sublevación en Madrid, como el 19 de julio lo había sido en Barcelona. Además, el general Sanjurjo, quien iba a hacerse cargo del golpe, murió el 20 en accidente de avión. La obra de Miguel Platón termina como se planteó al principio, como una historia de personas, por lo que relata la trayectoria vital de los protagonistas y gente antes anónima, cuya participación fue crucial en aquellos cuatro días que marcaron el fracaso de un golpe y el inicio de una guerra civil.

Las iglesias ardían mientras otros iban de verbena
Madrid vivía un peculiar mes de julio. «¿Quién pensaba en Calvo Sotelo?», escribió Arturo Barea. Los comunistas desfilaban por las calles con retratos de Lenin y Stalin siguiendo el silbato del jefe. La CNT se declaró en huelga en la construcción y disparaba a los ugetistas que trabajaban. Los locales públicos tenían entonces sus radios al máximo volumen. Los rumores volaban: «A lo mejor unos cuantos señoritos se han emborrachado y nada más», seguía Barea. No era así. Agustín de Foxá recogió el testimonio radiado en el que se rogaba a los sindicalistas y partidos del Frente Popular que fueran a sus sedes. Una multitud se desplegó por las calles al grito de «¡Armas! ¡Armas!». La tensión la resolvió el «boticario Giral», escribió Foxá, quien, «lívido, sentado en su sillón» dio la «orden terrible: que se arme al pueblo». El domingo 19, apuntó Barea, «unas cuantas iglesias ardían» mientras unos madrileños se iban al campo o a la verbena y otros sitiaban el Cuartel de la Montaña.

Era la guerra.

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VOX, prueba de vida de la democracia española
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 9 Diciembre 2018

El conjunto del pueblo español no está dispuesto a tolerar el proceso golpista que lleva al desguace del Estado y la crisis de la Nación.

Tras el golpe de Estado en Cataluña, permitido por Rajoy, frenado por el Rey y la Justicia y prorrogado por el Gobierno de Sánchez y sus socios golpistas, las dudas sobre la supervivencia de la democracia en España estaban más que justificadas. No por la voluntad de la Nación, que se echó a la calle con su bandera y con su Rey viendo la cobardía del Gobierno y la Oposición, sino ante el funcionamiento de los mecanismos que, en una democracia de partidos convertida en partitocracia, podrían impedir que la movilización popular se tradujera en cambios pacíficos en la dirección política nacional.

Falla el sistema mediático partidista
Las elecciones andaluzas abonaban el pesimismo instalado en la opinión pública, tras la moción de censura contra Rajoy, que hoy vemos como continuación y ampliación del golpe de Estado de octubre de 2017. La clave era y es la continuidad del corrupto y despótico sistema mediático, que ampara el podemismo y la impunidad separatista en todos los ámbitos de la vida pública. Ningún payaso se atrevería a sonarse los mocos con la bandera nacional en la tele y en pleno golpe de Estado sin sentirse seguro. Que lo estaba, y con razón, en lo que respecta a los medios y los partidos se ha demostrado de sobras. Cabía la duda de si esta omertá o vil compadreo de periodistas progres y políticos rojos o blandos se trasladaría a las urnas. Las elecciones autonómicas en Andalucía eran la ocasión de comprobarlo.

El resultado, aunque en una semana ya nos hemos acostumbrado a él, sigue siendo absolutamente extraordinario. El triunfo moral de VOX, que ha supuesto una mayoría material del centro-derecha en el cortijo izquierdista, ha sido como una prueba de vida de las que se piden en los secuestros para pagar o no el rescate. Antes de pagar, hay que sabe si la víctima está viva. Antes de ver qué se hace contra el Golpe de Estado, cuyo juicio empieza en enero, había que ver si el Estado golpeado y la nación que lo sustenta están vivos. El Estado está tomado por la izquierda política y el hampa judicial y no sabemos lo que puede pasar en los tribunales, aunque el horrendo apaño del PP con el PSOE en materia judicial haya estado a punto de regalarles a los golpistas en 2019 la victoria que no fueron capaces de lograr en 2017. Y nadie creía que en la corrupta Andalucía mostrase mucha fuerza la Nación. Si acaso, se discutía quién de la derecha iba a perder más: PP, Cs o VOX.

Y lo cierto es que al final ganaron los tres. Socialistas y comunistas cosecharon el peor resultado en toda la historia democrática de la región. Y aunque el PP bajara siete escaños y Cs no superase por poco en votos y por bastante en escaños al renqueante PP, los doce de VOX les han puesto en bandeja el gobierno de la región española más difícil de conquistar, junto al País Vasco.

Se pidió a los andaluces votar como españoles
Carmelo Jordá ha expuesto en Libertad Digital los cinco mitos electorales que se han venido abajo en estas elecciones. Lo sustancial, para mí, es que lo que sólo cabe llamar movimiento o pacífico alzamiento nacional que se inició en Barcelona, en Octubre del año pasado tras el discurso del Rey, continúa. Y que no se trata sólo de la justificadísima alarma de los catalanes atacados violentamente por la facción golpista, racista y xenófoba de su región, sino que es el conjunto del pueblo español el que no está dispuesto a tolerar el proceso golpista que lleva al desguace del Estado y la crisis de la Nación.

El domingo pasado decía aquí que las elecciones andaluzas ya lo habían cambiado todo, porque la campaña, por presión de los tres partidos de centro-derecha, se había librado en clave nacional, mientras que los dos de izquierdas -PSOE y Podemos- lo hacían en clave nacionalista regional, es decir, implícita o explícitamente al margen del gran problema español. La campaña de VOX sólo podía ir por ese camino, pero tanto PP como Cs, o sea, Casado y Arrimadas que fueron los verdaderos candidatos de sus partidos, acabaron haciendo lo mismo que VOX: pedir a los andaluces que votaran como españoles. Y lo hicieron. Más que nunca. Esa fue la clave.

La reacción de los partidos, perdedores y ganadores, no ha tenido la grandeza ni el patriotismo de los votantes. De la Oficina de Colocación del PSOE cabía esperar un movimiento semejante de afectados por el paro, con Sánchez queriendo echar a Díaz y Díaz culpando de la derrota a Sánchez. El bolchevique rabioso, el golpista vocacional y profesional que es Iglesias ha reaccionado también como cabía esperar: privando a Teresa Rodríguez de la ocasión de comportarse dignamente tras perder 300.000 votos, que, visto el desprecio por los votantes y la llamada a la violencia de Pablenin, difícilmente recuperará. Si los 400.000 perdidos por el PSOE no han ido a los comunistas, difícilmente volverán. Y menos, arrasando bares y terrazas.

Lo más decepcionante, entre los vencedores, fue la actuación de Albert Rivera, que dejó de lado a Marín y a la propia Arrimadas y apareció como el nuevo amo del cortijo, despreciando la importancia de la derrota de la Izquierda en Andalucía y el factor nacional que la producía. Por si hacía falta demostrar que lo más propio de lo que aun llama "vieja política" es presentarse como "nueva", ¿hay algo más nuevo que volver la espalda a los votantes para cubiletear con los escaños y las alianzas? Eso no era ir a un "Borgen", metáfora que inventé yo como posible salida a la crisis del bipartidismo, sino la aplicación del clásico caciquismo electoral catalán, el del maragallismo y el montillismo, o el del pujolismo, masismo y torrismo: aprovechar las briznas de ventaja de la Ley electoral o de unos resultados inéditos para cubiletear como los trileros de la Calle de las Sierpes -o sea, de las víboras- y engañar al crédulo viandante; es decir, al pánfilo votante.

La naturaleza del político es apetecer y buscar el poder y si se brinda la ocasión, sobre todo inesperada, es lógico que corra a aprovecharla. Pero Rivera no debería confundir la movilización ante un peligro nacional con la confianza en una mejor gestión regional. Si sólo se hubiera tratado de ver quién mandaba en Andalucía, los andaluces no hubieran votado a VOX. Y lo peor de Rivera no es que haya protagonizado un acto feo de por sí, como el PP un mes antes en el bodrio del ludibrio judicial, sino que excite los peores instintos del indultado Moreno Bonilla y su indultador Casado.

De hecho, lo primero que ha dicho el indultado es que indultará a Canal Sur, cuya grosera manipulación tanto denunció en la campaña. Y esta misma semana, a cencerros tapados, Ciudadanos se ha incorporado a la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, la Corpo, el gigantesco tinglado mediático del golpismo catalán, a través del consejo de Catalunya Ràdio. O sea, que en la radio ya no insultarán ritualmente a Inés Arrimadas. Sólo escupirán a VOX. Emilio Campmany atribuye el gesto a los celos de Rivera. Yo me temo que la celada va en la misma dirección que el celoso: heredar la ventaja de dominar un sistema mediático que perjudica al rival.

Valls o la equidistancia entre VOX y los CDR
Y el rival, para el candidato de Cs a la alcaldía de Barcelona, resulta que es… VOX. Asumiendo plenamente el discurso de la izquierda golpista, Valls criticó el escrache que le hacían los CDR diciendo que su focismo provocaba el focismo en el sur de España, o sea, el de VOX en Andalucía. Hay que ser miserable, rastrero y suicida para hacer ese discurso, porque si se cree el desahuciado listillo francés que atacando a VOX conseguirá los votos de la izquierda catalana, yerra, y si piensa que así puede aprovechar la movilización en defensa de España, cuya primera pista la dio Barcelona y la segunda la ha dado Andalucía, se equivoca por completo y, además, sienta plaza de falso y mentiroso.

VOX nunca ha atacado ningún mitin de ningún partido o grupo, ni siquiera a los que le atacan a él. Al equipararlo con los matones de Torra, Valls hace lo mismo que Montilla cuando ataca a Ciudadanos por "crispar" la política catalana y "encabezar a los encapuchados" que quitan lazos amarillos de la calle y son brutalmente agredidos por los colocadores. ¿En qué España quiere Valls situar a su Barcelona? ¿En la que sufre un golpe de Estado separatista, respaldado por comunistas y socialistas, o en la que resiste a los golpistas y sus aliados de izquierdas, votando PP, C´s o VOX? ¿Acaso cree que el cordón sanitario que en su día impusieron los del PSC contra el PP y luego contra Cs es distinto del que ahora pretenden imponer contra VOX? Si realmente lo cree, está muy mal informado. Si no lo cree y lo hace por mero cálculo electoral, merece un castañazo en las urnas como el de esa izquierda con la que tanto se identifica se ha llevado en Andalucía.

Un presidente tonto, otro malvado, y un tercero tonto y malvado
Jesús Cacho. vozpopuli  9 Diciembre 2018

Dicen que Mariano Rajoy fue el jueves la estrella del copetín que siguió a los actos de celebración del 40 aniversario de la Constitución en el Congreso de los Diputados. En el llamado Salón de los Pasos Perdidos, los periodistas se le disputaban en un casi desesperado intento por lograr una frase de interés, no digamos ya un titular. Volvía el nota después del tocata y fuga protagonizado en la tarde noche del 31 de mayo pasado, cuando huyó como un Boabdil del Congreso para empinar el codo en un reservado de la calle Alcalá esquina Independencia. “Rajoy fue el que recibió más saludos y muestras de afecto” decían las crónicas el viernes. Increíble, pero cierto. Maestro en el fútil gallegueo, Mariano regateó a todos y no respondió a nadie, aunque confesó no echar “nada” de menos el ruido político, y aseguró tan campante que ahora se encuentra “muy bien”. “Realmente muy bien”, recalcó con cierto regocijo, una frase que define el grado de cinismo de este desaprensivo responsable de haber dejado a España al borde del caos más absoluto.

Contó también que “mantiene su rutina de vida saludable, sale a caminar todas las mañanas y sigue muy de cerca la actualidad de su Real Madrid”. Lo suyo, vamos. Que habla habitualmente con Soraya y de vez en cuando con Pablo Casado, y que lo de la Convención que prepara el PP para mediados de enero le suena a chino. A José Alejandro Vara le confesó que no habla de política ni con los suyos, y que su vida se centra en el Registro y en sus paseos. Sobre la irrupción de Vox como un cohete en el panorama político español, el pasmarote rechazó meterse “en ese lío”. Este es el presidente al que casi 11 millones de españoles encargaron en Noviembre de 2011 el rescate de una España asediada por una feroz crisis económica y una aún más aguda crisis política que, a estas alturas de 2018, lejos de haber sido superada ha alcanzado su cénit. Este mediocre sigue refugiado en el burladero del “menudo lío”, la frase que durante sus años de presidente resumía su aproximación intelectual y política a cualquier tipo de problema: “¡Ufff, menudo lío!”. Este es el personaje que el jueves reapareció en el Congreso envuelto en la pañosa capa del “a mí que me registren”.

España ha sido un país con mala suerte en los últimos 15 años. La masacre del 11 de marzo de 2004 –el gran misterio de una matanza que cambió la suerte de este país, como bien sabían los cerebros que la planificaron- sirvió para entronizar a un idiota en la presidencia del Gobierno, un inmoral que hoy se dedica a sacarle lustre a las botas del dictador venezolano Maduro, se supone que a cambio de un buen estipendio porque los trabajos sucios no suelen hacerse gratis. El 20 de noviembre de 2011, al idiota le sucedió un malvado, una mala persona so capa de esa bonhomía que parece desprender su arquitectura de espantapájaros en medio del trigal, un perezoso aferrado al Poder que no cree en nada, que no tiene ninguna ideología más allá de esa personalidad suya de perfecto presidente de Casino Provincial. Y con la moción de censura hemos alcanzado el cenit de nuestras desdichas, la síntesis perfecta: hemos colocado en Moncloa a un tonto y a la vez malvado, además de un jeta, un tipo al que diariamente sostienen en la Presidencia del Gobierno de España una serie de partidos que se declaran enemigos de España.

Lo más llamativo, a la vez que preocupante, es que los diputados del PP hicieron el jueves cola en el Congreso para saludar y hacerse fotos con su antiguo jefe de filas, demostración fehaciente de que buena parte del estado mayor del partido sigue siendo rajoyista, a pesar del desastre dejado por el sujeto como herencia a los españoles; estamos ante una gente que se niega a admitir el daño que este triste personaje ha hecho a la derecha civilizada y moderna que precisa España, esa derecha laica y liberal, comprometida con las reformas estructurales sobre la base de una ideología y de un proyecto de futuro para el país. Los diputados del PP corren cual corderitos detrás del patán que ha dejado a su partido reducido a escombros.

Un PP plagado de minas
Y ese entusiasmo que el bergante despierta entre quienes le deben los garbanzos es una mala señal, metáfora de la tenaza que tiene aprisionado a Casado entre la obligación de renegar del pasado para levantar el vuelo de un PP liberado de las ataduras de la corrupción, y la imposibilidad de hacerlo a cuenta de ese campo plagado de minas que sigue siendo el partido, situación que se traduce en que el nuevo líder no se atreve a realizar la crítica integral al periodo (del 2004 al 2018) que merece la mediocridad del personaje, lo cual incrementa exponencialmente las dificultades que tiene para recuperar el voto huido a Ciudadanos y a VOX, porque, de todo punto lógico, ese votante fugado no termina de fiarse de los recién llegados, ¿más de lo mismo?, sobre todo después de episodios tan desgraciados como el reciente reparto de los montes en el CGPJ, llevan ustedes años engañándonos, años traicionando su programa, ¿quién nos asegura que no volverán a hacerlo otra vez?

Es la demostración extrema del deterioro de nuestra democracia de partidos. La crisis del PSOE incubó en su seno a Podemos, hijo natural de la traición de Rodríguez Zapatero, el sembrador de vientos que después de abrir la caja de pandora donde dormían apaciguados los demonios familiares históricos de los españoles tras la aprobación de la Constitución del 78, a última hora se vio obligado a plegar velas, reconocer la dureza de la crisis que negó con saña, y aplicar el ajuste que le dictó Bruselas. Podemos nació con Zapatero y se hizo mayor con Rajoy y su política de alimentar el engendro para terminar de destruir al PSOE como potencial alternativa de Gobierno. Soraya y Mariano se encargan de engordarlo a través de una extensa red de medios, particularmente televisivos, que, además de cegar su propio discurso, ha terminado por dar alas a un monstruo que hoy tiene vida propia y amenaza no ya al PP sino al entero sistema democrático, por obra y gracia de una extrema izquierda comunista convertida en aliado contra natura de esos nacionalismos que pretenden acabar con la unidad de España y la igualdad entre españoles. Es el gran “éxito” de este Rajoy al que los diputados de Casado corren a saludar enfebrecidos. Rajoy engendró a VOX y alimentó a Podemos.

Vox es hijo de la traición de Mariano a los principios que iluminan el frontispicio de cualquier partido sedicentemente liberal, y del incumplimiento de la mayor parte de las promesas incluidas en su programa electoral. De la renuncia a defender la unidad de España y responder al secesionismo con la firmeza que demanda la defensa de la ley y del Estado de Derecho, nace Ciudadanos en Cataluña por el centro derecha y VOX por la derecha más radical. De hecho, el partido de Abascal, cuyo nacimiento hay que datar en origen en el deseo de ocupar el espacio liberal-conservador que Rajoy expulsó del PP en el Congreso de Valencia, se ha limitado a coger por banda buena parte del programa electoral con el que el PP se presentó a las generales de Noviembre de 2011. Hijo de la traición de Mariano, Vox ha ido creciendo después merced al hartazgo de millones de españoles ante el diario espectáculo de la corrupción, la dictadura de lo políticamente correcto y la levedad de esa derecha contemplativa con los que quieren romper España. Como dice Guillermo Gortázar, “si el PP tiene a su lado un competidor se lo debe al 100% a aquel inquilino de la Moncloa que huyó del Congreso en una sorprendente tarde de fin de mayo de 2018”.

Derrota sin paliativos de la izquierda
Lo que jamás nadie pudo sospechar en esta España asolada por una clase política cada vez más inane es que al frente del Gobierno llegaríamos a tener a un personaje encumbrado por los enemigos de la nación, dispuesto a aferrarse al Poder incluso al precio de la ruptura de la unidad de España. Un tipo incapacitado para hacer cumplir la ley en Cataluña, en tanto en cuanto ello implicaría meter en vereda a quienes le han hecho presidente. Dispuesto incluso a jugar a Maduro si necesario fuera, con el respaldo de los sicarios del loco del Orinoco a este lado del Atlántico. El personaje tuvo ayer mismo el cuajo de criticar en Lisboa a PP y Ciudadanos por “apoyarse en fuerzas antieuropeistas para gobernar ciertas regiones de nuestro país”. Lo dice quien diariamente necesita el apoyo de separatistas y filoetarras para gobernar España. Los votantes andaluces acaban de responder tanto descaro como merece. Gregorio Morán escribía ayer aquí que “lo llamativo [de las elecciones andaluzas] es que la derecha se ha hecho reina del juego político y que ha infligido una derrota sin paliativos a la izquierda, que se ha quedado para lamerse las heridas”.

El mensaje que llega de Andalucía parece claro: una mayoría de españoles parece resuelta a confiar en un nuevo Rey y en tres nuevos líderes políticos para que, tras las generales de 2019, pongan manos a la obra y hagan lo que se negó a hacer el miserable Rajoy en 2011: la reforma de nuestra democracia, en lugar de la ruptura que pretenden la extrema izquierda y los separatistas. Una segunda oportunidad para la derecha española. Y un toque a rebato para lo que queda, si es que queda algo, del viejo PSOE, obligado a optar entre continuar ligado a los rufianes o incorporarse a la ola reformista democrática que se anuncia desde el sur. España precisa un partido socialdemócrata alejado de los delirios separatistas y de la extrema izquierda bolchevique.

El circo independentista a pleno rendimiento.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 9 Diciembre 2018

TORRA PURGA A LOS MOSSOS POR CUMPLIR CON SU DEBER Y SE VA A BRUSELAS A PRESENTAR CON LOS FUGITIVOS DE LA JUTICIA EL CONSEJO DE LA REPÚBLICA. PRIMERA SEMANA DE HUELGA DE HAMBRE.

El independentista radical y xenófobo Joaquim Torra ha pedido a su Consejero de Interior Miquel Buch que tiene cuatro días para “depurar responsabilidades” en los Mossos por las cargas contra los CDR que intentaron violentar una concentración de VOX en Gerona y Tarrasa, con el resultado de varios agentes heridos, un solo alborotador detenido que fue puesto en libertad y varios heridos leves entre los que se encontraba la Diputada de la CUP María Sirvent herida en un ojo por una bala de material viscoelástico (foam). Un tipo de defensas antidisturbios muy cuestionado por las graves lesiones que puede producir si se disparan a corta distancia, ya que este tipo de proyectiles alcanza una velocidad de 300 km/h. y ya ha producido traumatismos oculares con pérdida del ojo tras el impacto. Estamos pues en el eterno debate del uso proporcionado de la fuerza para neutralizar actos de violencia como los que protagonizaron los CDR que precisamente no son “unas hermanitas de la caridad” que se limiten a manifestarse de forma pacífica. Basta con ver los videos de los enfrentamientos.

Lo que no es admisible es que sea el propio Presidente del Gobierno de la Generalidad el que por razones puramente ideológicas y de afinidad política con los CDR, a los que ha animado a realizar este tipo de acciones, critique a la policía autonómica por haber cumplido con su deber de neutralizar a los violentos manifestantes independentistas que querían suspender violentamente una concentración perfectamente legal y democrática de otros grupos no independentistas. Y aún más, es vergonzoso y hasta delictivo el que este mismo individuo, aprovechando su cargo, amenace a su subalterno el Consejero de Interior para que delimite las responsabilidades de los Mossos implicados en esos actos, en una especie de purga al mas puro estilo del soviet para apartar del cuerpo policial a los agentes policiales que se han atrevido a cargar contra los protegidos de Joaquim Torra.

Los sindicatos de los Mossos no han tardado en amenazar con una querella criminal contra Joaquim Torra y Miquel Buch si llegan a realizar esa purga sectaria y represiva. Una acción que debe además ser impedida por el Gobierno de España y el Ministerio de Interior, últimos responsables de todos los cuerpos policiales del Estado. Porque no se trata de una medida disciplinaria por una supuesta actuación desproporcionada, sino de una simple venganza sectaria por no haber cumplido como los golpistas esperaban de la que consideran sus propias fuerzas armadas, en las que quieren imponer su pensamiento único independentista y echar del cuerpo a los agentes disidentes. Llegado el caso y como pide Pablo Casado del PP, el Gobierno de España debería aplicar el artículo 155 y tomar el control de este cuerpo policial para garantizar que se defenderán los derechos de todos los españoles frente al totalitarismo de los golpistas y sus huestes callejeras.

Pero aquí no acaba el desafío permanente de este mamporrero independentista xenófobo. Hoy, Joaquim Torra como Presidente del Gobierno de la Generalidad se ha trasladado a Bruselas junto al vicepresidente Pere Aragonès, los consejeros Jordi Puigneró, Josep Bargalló, Damià Calvet i Laura Borràs, para acompañar a los golpistas fugitivos de la Justicia de España Carles Puigdemont, Toni Comin, Lluís Puig y Clara Ponsatí en la “presentación”, que no “constitución” del llamado Consejo de la República. Un organismo de naturaleza “privada” radicado en Bélgica que fue activado el pasado 30 de octubre de forma solemne en el Palacio de la Generalidad por videoconferencia desde la mansión - residencia - Casa de la República en Waterloo donde Carles Puigdemont desempeña el cargo de Presidente, hasta que se cree la llamada Asamblea de cargos electos y el Consejo definitivo con 100 miembros, el 25% diputados, un 25% de cargos electos locales, un 25% de entidades sociales y el 25% restante entre los ciudadanos del mundo, siendo que hasta ahora ya se han inscrito unas 40.000 personas en el registro.

Desde luego no hay que quitarle mérito a la inventiva de los golpistas para crear chiringuitos y disponer banderines de reclutamiento de afiliados y simpatizantes comprometidos con el proceso independentista. Carles Puigdemont ha demostrado ser un mago a la hora de medrar para conseguir crear y liderar formaciones políticas, presentarse a las elecciones y ser la formación independentista mas votada y con más escaños, lo que le otorga la oportunidad de gestionar millones de euros de asignaciones de fondos públicos y mantenerse a salvo y a todo lujo en su particular y voluntario exilio en Waterloo, convertido en el centro de la política independentista catalana. Claro que no a todos convence y, por ahora, los antisistema de la CUP no han querido sumarse a su proyecto por considerarlo simplemente un escaparate, algo simbólico y sin atribuciones ejecutivas para instaurar la República. La deseada “unidad” está lejos de ser una realidad.

Y como no, en este circo mediático no podía faltar el toque melodramático de los golpistas presos desde hace ya más de un año, que ven cómo se acerca la hora del juicio sin haber podido detenerlo internacionalizándolo judicialmente presentando sus recursos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. La dilación del Tribunal Constitucional de España a la hora de resolver los recursos de los encausados bloquea la acción posterior por no haberse agotado las vías judiciales de recurso en el país origen. Porque una vez empezado el juicio, será muy difícil el que el TEDH lo paralice interfiriendo a la Justicia de España en algo que aún no ha sido juzgado. Pero esta dilación es la que les sirve a los golpistas presos como excusa para haber comenzado una huelga de hambre indefinida que va sumando adhesiones y apoyos como el de Joaquim Torra y su huelga de hambre de 48 horas, tan simbólica como el Consejo de la República. Una huelga que solo pretende presionar a la Justicia y que ya se encargan de mantener viva los huelguistas mediante periódicas cartas de crónicas de su estado físico y psicológico. Ya llevan una semana los Jordi’s y se acercan unas fechas entrañables donde su moral puede quedar muy perjudicada.

Y mientras todo este circo se mantiene a pleno rendimiento, el Gobierno de España sigue a lo suyo intentando convencer a los golpistas de que deben apoyar sus presupuestos generales (PGE). Pedro Sánchez insiste en mantener la reunión del Consejo de Ministros del 21 de diciembre en Barcelona y tras ella, reunirse con Joaquim Torra. Una reunión a la que Torra ha puesto condiciones para que sea en otro nivel superior bilateral entre Gobiernos y no solo entre Presidentes. En cuanto al apoyo a los PGE, ERC sigue oponiéndose mientras que el PDeCAT ya no excluye poder llegar a pactos puntuales. Esto daría un balón de oxígeno a Pedro Sánchez que podría, si son aprobados, mantenerse en el poder hasta finalizar la legislatura y convocar elecciones a partir de junio del 2020.

Ya veremos cómo se van desarrollando los tiempos, pero preveo un enero muy movido donde no hay que descartar que Sus Señorías del Congreso sean bruscamente apartadas de sus extensas vacaciones navideñas que se alargan hasta febrero y deban acudir a plenos extraordinarios.Pedro Sánchez intenta dilatar también los plazos presentando los PGE en enero y así conseguir una prórroga de un par de meses a la espera de que los apoyos caigan cual fruta madura ante la perspectiva de unas elecciones con una posible mayoría alternativa a este frente nacionalpopulistasocialista de conveniencia en la moción de censura.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!
¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

España prerrevolucionaria. Cataluña precisa, urgentemente, la aplicación del 155
“En términos penales, los separatistas catalanes han pasado de la sedición a la rebelión, habiendo quedado ambos gravísimos delitos por completo impunes.” Enrique de Diego
Miguel Massanet diariosigloxxi 9 Diciembre 2018

¿Cuánto de la integridad de España y del bienestar de la ciudadanía piensa sacrificar el señor Pedro Sánchez, para satisfacer su afán desmedido de poder y su obtusa visión de lo que, verdaderamente, le conviene a nuestra nación? He aquí la pregunta que deberíamos hacernos los españoles ante las perspectivas de que, el actual presidente del Gobierno de España, tire por la borda todo lo que se ha hecho en defensa de la unidad del país, cediendo ante las exigencias de aquellos que no tuvieron el más mínimo reparo en desafiar al Gobierno del Estado español, planteando la exigencia de que deseaban, sí o sí, que se les concediese la independencia de esta parte fundamental de la nación española que es Cataluña, para constituirse en una nación independiente.

Estos días pasados hemos tenido ocasión de comprobar que, todo aquello que intentaban hacernos creer los independentistas catalanes de que se trataba de una revolución “blanda”, sin violencia ni alharacas, sino en un tono festivo y reivindicativo, se ha esfumado cuando se les ha dado paso a los revolucionarios de la CDR, con sus matones y chantajistas, para que actuaran en nombre de aquellos que pretenden instaurar la república catalana, inspirada por Puigdemont y Torra, como paso previo a lo que ellos estiman posible: la independencia de la autonomía catalana. Sueños utópicos que, no obstante, han dado un sesgo muy peligroso a las reivindicaciones catalanas que, hasta ahora, salvo las algaradas del 1 de octubre del 2017, habían intentado mantener un perfil bajo de violencia, para no espantar al resto de Europa, a la que pretendían convencer de que eran unos demócratas que pedían lo que, en Justicia, decían que se les debía. La violencia engendra violencia, dice la Biblia, y esta frase se ha venido repitiendo sin que, por lo visto, haya llegado a los oídos de aquellos que piensan que utilizándola van a conseguir doblegar al Estado de derecho.

Violencia universitaria. Por desgracia, hace ya bastante tiempo que, tanto en las escuelas públicas como en las universidades estatales, la enseñanza que en ellas se practica, lejos de la objetividad que se les debería pedir a profesores y catedráticos, se centra en el adoctrinamiento, la violencia contra aquellos alumnos que no quieren integrarse en las mafias comunistas que dominan las aulas, las bandas agresoras que imponen el terror entre aquellos que siguen pensando que, a la universidad, se va para aprender y no para reclutar guerrilleros para la revolución anticapitalista. Estos días hemos tenido ocasión de ver la calidad de la enseñanza que se imparte en dichos centros, en el comportamiento incívico, violento, agresivo y fanático de estos cafres que han salido a las calles, en concomitancia con los comunistas bolivarianos que azuzó Pablo Iglesias, en contra de los elegidos para el Parlamento Andaluz de acuerdo con el veredicto de las urnas y según las reglas establecidas por la democracia. Por desgracia, la Universidad Complutense de Madrid, durante muchos años dirigidas por José Carrillo hijo de Santiago Carrillo el que participó activamente en la revolución de Asturias y posteriormente estuvo seriamente implicado en los crímenes republicanos perpetrados en las sacas de las cárceles madrileñas de personas no adeptas a la república, republicanos de derechas, militares y católicos que fueron trasportados en camiones y vilmente masacrados en Paracuellos del Jarama ( Madrid); ha sido uno de los “viveros” de los que han salido individuos tan peligrosos como Pablo Iglesias, Iñigo Errejón o Monedero capaces de introducir en España doctrinas que para lo único que han servido es para que acabáramos metidos en un berenjenal político del que no sabemos a ciencia cierta cómo se va a poder salir.

Violencia de los CDR ( Comités defensa de la República catalana): Desde hace un tiempo y favorecidos y arengados por el propio Torra, han aparecido en la calles y en las carreteras catalanas unos grupos organizados, encapuchados para no ser reconocidos, que son verdaderos expertos en enfrentarse a las fuerzas del orden, poner vallas e interrumpir el tránsito en las carreteras y calles; mostrase violentos con los que intentan evitar sus actuaciones y dispuestos a cometer cualquier destrozo o salvajada con tal de amedrentar a los ciudadanos que no comparten, ni la manera de pensar ni la forma de actuar de semejantes energúmenos. Han tenido especial relevancia sus intervenciones en los enfrentamientos de Terrassa, Tarragona, Paseo de Gracia en Barcelona y Gerona.

Permisividad de los políticos catalanes soberanistas y la Generalitat. Por increíble que nos pudiera parecer, los propios mandos políticos superiores de las fuerzas de orden público catalanas, de la Generalitat,( los mossos), se produce la paradoja de que, cuando en circunstancias extremas, ante posibilidad de enfrentamientos entre los partidarios soberanistas y defensores de la unidad de España, como fue el caso de una manifestación legal de miembros de VOX en la ciudad de Terrassa, que fue atacada por los CDR con la intención de impedir que siguiera su itinerario, lo que obligó a los mossos a intervenir para evitar que ambas manifestaciones pudieran chocar y que, como es fácil deducir, produjo las inevitables cargas policiales con heridos por ambas partes, en mayor número para la policía. Entre los manifestantes parece que dos fueron golpeados y una congresista de la CUP resultó herida por una pelota de goma en la mano. Los heridos de la policía catalana fueron más numerosos.

Lo hiriente, lo verdaderamente grave e incomprensible ha sido que, en unas declaraciones, el señor Buch, Consejero de Interior de la Generalitat, ha manifestado que ( después de negar que hubiera habido cargas policiales en Girona y Terrassa , algo que evidentemente sí sucedió) "hay imágenes que no se acaban de ajustar a los principios que corresponden a una policía democrática" añadiendo,” "Hay imágenes que no gustan ni a la sociedad, ni al cuerpo, ni a mí mismo, ni al presidente, ni al Govern", una forma poco elegante de escurrir el bulto de sus responsabilidades como superior de los mossos en Cataluña que, como era de esperar, ha provocado la pronta respuesta de los mandos de la policía autonómica, protestando enérgicamente por las palabras, evidentemente injustas y sectarias, de su conceller en jefe.

Lo cierto es que se está respirando un aire enrarecido, no sólo en Cataluña, sino en el resto de España (véanse los episodios revolucionarios de Málaga, Granada, Sevilla y Cádiz, provocados por la llamada del señor Pablo Iglesias de que se saliera a las calles para combatir al “fascismo” apelativo que les atribuye, sin prueba alguna, a los señores elegidos del partido VOX) unos ciertos vientos revolucionarios que resultan preocupantes si tenemos en cuenta que, en las manifestaciones que han tenido lugar en la citadas urbes españolas, han participado comunistas bolivarianos, anarquistas, estudiantes y gentes de la calle siempre dispuestas a formar parte de cualquier protesta que tenga lugar contra lo que, ellos, en su simplicidad, califican de “derecha”, siempre en el sentido más peyorativo y sin que hagan distinción entre PP. Ciudadanos o, ahora, los recién llegados al Parlamento andaluz, los neófitos de VOX, a los que meten en un mismo saco, contra el cual cualquier medio de lucha es bien recibido.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a temer que los acontecimientos, si el gobierno del señor P.Sánchez se empecina en dejar que el orden público, en España, deje de ser una prioridad; si para sus fines particulares quiere seguir permitiendo a los separatistas catalanes, que vayan abusando de la tolerancia que se les viene dando y si, poseído de una egolatría y cerrazón que no le permitan ver los deletéreos efectos de consentir que regresemos a épocas pretéritas, (que nunca llegamos a pensar que fuera algo que pudiera repetirse) pero que, a la vista de las cosas que están ocurriendo estos días, ya no nos atrevemos a apostar a que, de alguna forma, pudieran llegar a reproducirse. Siempre se ha dicho, cuando se van repitiendo estas alteraciones callejeras, estos enfrentamientos entre unos y otros y con las fuerzas del orden; que esta dejación de funciones de las autoridades o este mirar hacia el otro lado, para no asumir responsabilidades, puede llegar un momento en el que dé lugar a que se produzca, en alguna de dichos enfrentamientos, la primera víctima mortal y, en este caso, con toda seguridad y como ya sucedió antes del 18 de julio de 1936, es muy posible que los esfuerzos que se hagan para evitar que la tensión estalle, ya no sean suficientes para evitar la inevitable escalada de venganzas y contra venganzas, que fueron las que dieron lugar al levantamiento del Ejército de Franco. Una catástrofe que pudiera conducir a nuestro país, si no a una nueva guerra, sí a una situación como la que están viviendo algunos países del cono sur americano. Si Cataluña sigue por la senda que se han marcado los soberanistas es evidente que, quiera o no el señor Sánchez, no va le a quedar otro remedio que aplicarles, de nuevo, el Artº 155 de la vigente Constitución pero, en esta ocasión, sin la blandenguería con la que se utilizó en la anterior ocasión que, evidentemente no sirvió para los fines para los que se había implantado.

Santiago Abascal: «¿Extremos? Vox está lleno de españoles con sentido común»
Después de su éxito andaluz, vuelve a Amurrio, a su casa, con su familia y nos recibe con la resaca de un éxito inesperado: «Nunca imaginamos los 12 escaños». Se muestra convencido de que su partido ha llegado para quedarse.
C.S. Macías. Madrid. larazon 9 Diciembre 2018

La palabra que más pronuncia es «España». Dice que es su hogar, su patria, su partido, y la traición que no le perdonaría a sus hijos. «Pueden ser del partido que quieran, menos traicionar a España», asegura el líder de Vox al que casi 400.000 votos andaluces le han convertido en el quinto elemento para cambiar 37 años de imperio socialista. Nos recibe con su familia, en Amurrio, (Álava), donde creció, donde dio sus primeros pasos en la política vasca y donde sufrió el chantaje terrorista.

Pasea por sus calles junto a sus dos hijos mayores de 14 y de 12 años que ya han tenido que asumir los comentarios en el colegio que les dicen que su padre es «radical» o «franquista». «¡Qué pasa, Santiii!», le gritan desde un coche que le pita a su paso. «¡Menuda propaganda te están haciendo. Bueno o malo, pero que hablen, que hablen!», le dice una señora con la que se encuentra en el mercadillo donde mira un abrigo que le gusta a su hija. Otra mujer, de 95 años le para y le da un beso. «Te veo en la tele. Muy bien, sigue así», le espeta.

Antes le conocían en el pueblo; ahora, en toda España. ¿Se esperaba el resultado andaluz? «Nunca pensamos que íbamos a sacar doce escaños, pero intuíamos que podía pasar algo muy grande». Recuerda que los mítines de Vox «estaban siempre llenos». Destaca la anécdota de un pueblo andaluz donde llegaron a encontrarse en uno de sus mítines un concejal del PP y otro del PSOE. «Esa ha sido la explicación del resultado», el voto incluso de otros partidos.

La defensa de la tauromaquia que el partido de Abascal tiene en su programa le ha llevado a forjar una amistad con el torero Morante de la Puebla quien se presentó en el cierre de campaña con su furgoneta «tuneada» con carteles del partido e instaló una mesa en la carpa invitando a jamón y vino a los asistentes. El día de las elecciones llevó al líder de Vox a visitar la tumba de Joselito «el Gallo», el rey de los toreros. «Me dijo que me había llevado allí porque daba suerte»; y así fue.

En el pueblo le saludan cuando ven que no hay cámaras y en las cafeterías o restaurantes le llaman por su nombre. Un hombre le para al lado de la iglesia y le pide ayuda: «No te olvides de nosotros», mientras le explica el problema que tiene con su ex pareja con denuncias falsas de por medio. Abascal se sorprende porque nunca pensó que ese vecino compartiera alguna de las ideas que él defiende.

Cuando le dicen a usted que es un machista, ¿qué responde? «Es propaganda, ganas de hacer daño y no me preocupa lo más mínimo. Me preocuparía que lo pensase mi madre, mi mujer o mis hijas y que no me dejasen entrar en casa», comenta. ¿Y cómo le explica a ellas la propuesta de Vox de retirar la ley de violencia de género? «Yo creo que la mayor parte de las mujeres sensatas están preocupadas con la actual Ley de Violencia de Género porque convierte en sospechosos, sin presunción de inocencia, a sus hijos varones. Lo que nosotros queremos es una ley de violencia intrafamiliar que proteja a la mujer, pero también a los varones de las denuncias falsas».

Durante el paseo, se cruza con un vecino abertzale que intenta hacerse notar desde el silencio. Otro, mientras posa para las fotografías, le graba con el móvil. «Estará avisando de que ya estoy por el pueblo», indica Abascal. ¿Vox es un partido de la órbita de Le Pen o se parece más al de Trump? «Vox es un partido de la órbita de Ortega Lara, Santiago Abascal, Javier Ortega, Rocío Monasterio y de millones que ya están afiliados», y asegura que «solo orbita en torno a los intereses de España». ¿Pero se identifica más con alguno de esos partidos? «Nos identificamos más con esas referencias que con Angela Merkel que está destrozando Europa abriendo las puertas a la inmigración masiva y a la destrucción de la soberanía de los estados nación».

Practica la dialéctica desacomplejada y huye de lo políticamente correcto. Hay quien le ha denominado el líder «radical, de extrema derecha» y que da miedo. ¿Qué le parece? «Supongo que el que dice ese tipo de cosas lo hace desde la extrema izquierda y porque tiene intenciones aviesas para España». «Vamos a la raíz de los problemas y defendemos las cosas con radicalidad, en el buen sentido. Extremistas no nos consideramos, pero quien nos ve así es que está muy lejos de nosotros y nos alegramos de tener lejos a los comunistas, a los separatistas y a los que han justificado el terrorismo». Y cómo define a Vox, ¿extrema derecha? «Somos un partido lleno de españoles con sentido común que se identifican con los valores que les han enseñado sus padres, que creen en el estado de derecho. Que nuestros adversarios y enemigos, que los hay, lo califiquen como quieran».

Hace una parada en la tienda de su madre, un comercio familiar de ropa de 1946, el mismo que la kale borroka carbonizó con cócteles molotov en 1999. Se para en el mostrador y dos clientes se sorprenden al verle. «Es mi hijo», dice la madre, orgullosa. Los clientes se marchan. «Antes de que digan nada yo ya me pongo la tirita», asegura ella. Otros han llegado desde Alicante y se han pasado por el comercio expresamente por si le ven.

Los radicales también pintaron en 2000, con una diana, los caballos de su padre, fallecido hace un año, cuando este era portavoz de las juntas generales de Álava. Con él, solía ir a montar a caballo, a disfrutar de una de sus pasiones, la montaña y la naturaleza. «Mi padre es mi referente político» y asegura que «estaría muy orgulloso de lo conseguido en Andalucía. Lo está, porque tengo fe».

Cuando Pablo Iglesias llamó a movilizarse tras los resultados de Vox, ¿se sintió marcado de nuevo, como cuando le acosaban los terroristas? «Todavía no hemos llegado a que se produzcan agresiones contra nosotros, pero estamos a punto de que eso ocurra. Hay una demonización que lleva a la deshumanización y ésta a las agresiones. Estamos convencidos de que quienes nos están señalando se están convirtiendo en culpables de las agresiones que se produzcan». Recuerda cómo en una de esas turbas se llegó a decir «os mataremos como en Paracuellos» u «Ortega Lara vuelve al zulo». Y cuando habla con el funcionario de prisiones, secuestrado 532 días por ETA, ¿qué le inspira? «Confianza y un gran ánimo. Ha sido capaz de resistir el mayor calvario, que es privarle de su libertad en condiciones terribles y por eso es admirable para nosotros. Siempre decimos que es el mejor de todos. Nos da mucha fuerza para perseverar».

La banda terrorista ETA, en 1981 envió una carta al abuelo de Santiago Abascal en la que le pedían diez millones de pesetas (60.000 euros) a modo de impuesto revolucionario: si no «comenzaremos a ejecutarles». «¿Y por qué decían eso? ¿Cuándo fue?», le pregunta la hija al líder de Vox que mira atenta la entrevista que le hacemos a su padre.

¿En qué ha cambiado el Santiago Abascal de aquellos años? «Yo sigo defendiendo las mismas cosas, quizá otros no puedan decirlo. No he cambiado mucho, pero es cierto que la experiencia de vivir bajo el chantaje y no haber cedido nunca me da mucha fuerza».

¿Tiene miedo ahora? «No, no tengo miedo, tengo precaución. Soy consciente de que están agitando el odio de los españoles, pero no tengo miedo. Miedo a que se rompa España y a vivir sin libertad. Que por defender eso me pueda pasar algo... todo eso se asume».

¿Cómo ve al Gobierno actual? «Está presidido por un tipo que no tiene escrúpulos, que ha engañado a todos los españoles, que hacía una moción de censura para convocar elecciones y devolvernos la palabra y nos la ha arrebatado apoyándose en los enemigos de España, en quienes quieren destruirla, y en quienes han justificado los asesinatos de nuestros compatriotas y quienes quieren llevarnos al comunismo chavista. Es lo peor que ha pasado a España en los últimos 40 años».

¿Qué le diría a sus votantes? «Que no les vamos a defraudarles». Si repitiera los resultados andaluces en el Parlamento español destaca que no quiere ser «bisagra de nadie», que salen a ganar y que prefieren poner sobre la mesa parte de su programa en materia de Justicia, Sanidad, de control de fronteras o terminar con la presión fiscal. Abascal está convencido de que tendrá cantera suficiente para encontrar candidatos, de hecho el viernes se colapsó el sistema de afiliación del partido.

¿Cuándo ha hablado con Pablo Casado? «Me llamó para felicitarme por el resultado la noche electoral, para emplazarnos a tener un contacto. ¿Ha hablado alguna vez con Pedro Sánchez? «Sí, crucé un par de palabras con él antes de que fuera presidente. Después ya no». ¿Y con Albert Rivera? «Hace tiempo que hablaba con él, ya no... Supongo que será necesario que lo hagamos».

¿Vox es fruto del PP de Rajoy? «No. Vox no es el PP auténtico ni nada parecido. Es un partido enteramente nuevo, con un programa distinto al de ellos. Da respuesta a la España de 2018. Nos distinguimos de todos los demás». Asegura que dejó de militar en las filas populares «porque dejó de representar los valores y los intereses en los que yo creía. Dejó de defender la unidad de España con la fortaleza que a mí me gustaba, dejó de oponerse a la agenda de negociación con ETA de Zapatero, y cuando el gobierno de Rajoy dejó en libertad a violadores y asesinos por la derogación de la doctrina Parot...»

¿Y cómo se arregla el problema catalán? «El desafío separatista en Cataluña solo se puede arreglar aplicando la ley que pasa por la suspensión de la autonomía, por la detención del presidente de la Generalidad, que sigue conspirando para el golpe de Estado, la disolución de los Mossos y la integración de los leales en la Policía Nacional, la expulsión de la función pública de quienes han estado del lado del golpe y con la ilegalización de los partidos separatistas que se han convertido en Cataluña en organizaciones criminales».

Dejamos al líder de Vox con su familia y sus hijos. A la niña no le importaría ser política, le parece «interesante» la dedicación de su padre que dice que trabaja por el futuro de España.

El perfil
«El que resiste, vence». Ése es el lema de su Instagram y con el que ha llevado a Vox a lograr 12 escaños andaluces. Licenciado en Sociología, tiene varios libros publicados. Fue presidente de las Nuevas Generaciones del PP vasco, concejal y diputado donde batalló por la Educación. Apasionado de la montaña, en mayo hizo la carrera de los «101 km Ronda». Le gusta la naturaleza, los caballos y antes que político quiso ser ornitólogo o forestal. Le gustan las motos y trata de inculcar a sus cuatro hijos su pasión por España. Nunca olvida el recuerdo de su padre.
 


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