Recortes
de Prensa Domingo
30 Marzo
2025
El 'cuarto año triunfal' de Putin en
Ucrania
Juan
Rodríguez Garat. el debate. 30 Marzo 2025
Se dice que San Agustín comprendió la imposibilidad de entender el misterio de la Trinidad cuando vio a un niño que trataba de vaciar el mar sacando agua con un pequeño cubo y arrojándola a un hoyo cavado en la playa. Yo, por supuesto, no pretendo compararme con el santo. Si traigo este relato a la memoria del lector es solo porque mis esfuerzos para desmontar la propaganda militar del Kremlin desde las páginas de El Debate me están empezando a parecer tan estériles como los del niño que quería vaciar el mar.
Siempre he creído que, aunque de mala gana, algunos rusoplanistas habrán aprendido algo de la serie de artículos que he escrito sobre la guerra de Ucrania. No lo reconocerán, pero es inevitable. Y, desde luego, no es mérito mío sino demérito de quienes les engañan. ¿Cómo dar credibilidad a quienes, olvidado el fiasco de Kiev, la derrota de Izium, el hundimiento del Moskvá, el desastre de Járkov, la retirada de Jersón y de la margen derecha del Dniéper, la rebelión de la Wagner, el prolongado desafío de Kursk y los crecientes ataques de los lentos drones ucranianos a las refinerías —habrá quien se pregunte dónde está la aviación rusa— fingen creer que la guerra acaba de entrar en su Cuarto Año Triunfal? ¿Cómo tomarse en serio a quienes se han apresurado a celebrar la victoria rusa el mismo día de la invasión, el de la caída de Izium o la conquista de Bajmut, el del fracaso del contraataque ucraniano en Robotyne o, hace ya más de un año, el de la pérdida de Avdiivka? ¿Cómo no reírse de quienes defienden que Rusia lleva más de trece meses acercándose rápidamente a Pokrovsk, como si esta pequeña ciudad mágica donde al parecer se guardan las llaves del reino se encontrara justo al final del arco iris?
Ya, la atrición. No nos olvidemos de la atrición. El razonamiento del rusoplanismo militante no puede ser más simple y, a pesar de ello, se repite insistentemente como lo que es: la consigna identitaria de un club de fans. Vea el lector: cada día mueren millares de soldados ucranianos defendiendo sus posiciones en el frente. Rusos también, por supuesto, pero no tantos… digan lo que digan los certificados de defunción expedidos por Moscú, sin duda falsificados por la CIA. Por cierto que acaba de publicarse la lista nominal de los primeros 100.000 soldados rusos muertos en combate, lo que da al Kremlin oportunidad de desmentirla si procede.
La convicción de los rusoplanistas, según he podido leer en algunos panfletos distribuidos por las redes con títulos que nos prometen revelarnos «lo que no quieren que sepas sobre la guerra de Ucrania», tiene una base matemática simple. ¿No fueron los cañones los responsables de un alto porcentaje de las bajas de la Primera Guerra Mundial? Pues a más cañones, más bajas enemigas. Ante esta regla de tres —las matemáticas nunca mienten— queda demostrado el error de quienes invierten grandes cantidades de dinero en aviones de combate, misiles, drones o sistemas de guerra electrónica. ¿Para qué, si todo consiste en acumular más cañones que el enemigo?
Algunos rusoplanistas tienen cierta formación militar —lo que no deja de sorprenderme— y saben bien que, más que simple, esa matemática peca de simplona. Saben que cada guerra es diferente pero, más fieles a su fe que a lo que han aprendido en su profesión, prefieren no reconocerlo. Saben que, en la guerra de Irak, todo había terminado antes de que se pusiera en juego la artillería. Saben que en Gaza, donde los cañones han tenido un papel secundario, ha muerto mucha gente. Saben que en la guerra de Ucrania el que manda es el dron, que detecta todo lo que se mueve y multiplica la vulnerabilidad de los blancos al descubierto, lo que necesariamente perjudica a quienes están obligados a moverse para seguir —o eso nos dicen— acercándose rápidamente a Pokrovsk. Sin embargo, por razones que solo ellos podrían explicar, prefieren engañarse o engañarnos, ¡qué se le va a hacer!
En cualquier caso, sepa el lector que la atrición no está dando ventaja al Kremlin. Todos los analistas occidentales, incluido el propio Trump, asumen que el Ejército de Putin, obligado a atacar, sufre muchas más bajas. Pero Rusia tiene más habitantes, dirá el lector. Y tiene razón. Sin embargo, lo difícil en estos casos —recordemos Vietnam, Afganistán, Irak o Siria— suele ser transformar habitantes en soldados. Es ahí donde las cuentas se hacen confusas. Pero no me crea a mí, sino a Putin y a su Izvestia. Dos noticias de estos días, no relacionadas, ayudan a entender mejor lo que ocurre en el lado ruso del frente.
El artículo al que corresponde esta captura de pantalla cuenta al pueblo ruso que el dictador del Kremlin reconoce la gravedad de la situación de los supervivientes de los 300.000 reservistas que se movilizaron hace ya dos años y medio. Por desgracia para ellos, entre los más de 140 millones de rusos sigue siendo imposible encontrar un relevo que les dé un merecido descanso. La pregunta es: ¿por qué permite Putin que esto se publique? ¿Quiere mostrar al pueblo ruso un rostro humano? ¿O prepara el terreno para una nueva movilización que permita a los agotados reservistas iniciales volver a sus casas? Cualquier respuesta sería especulativa, pero es la primera vez que el dictador da muestras de flaqueza. Bienvenidas sean.
En esta otra captura de pantalla es el propio Izvestia el que se complace al dar cuenta de que los oficiales submarinistas rusos «se comportaron con dignidad en el campo de batalla». Bien por ellos, pero el elogio esconde una pregunta que no podemos dejar de hacernos: ¿por qué hay submarinistas sirviendo en tierra, a cargo de la artillería? ¿Tan mal están las cosas que debe sacrificarse la marina rusa para rellenar los huecos en las unidades del Ejército?
Durante nuestra Guerra de la Independencia, muchos marinos españoles tuvieron que desembarcar de sus navíos para combatir a Napoleón. Con su sangre contribuyeron a expulsar a las tropas francesas, pero el precio fue enormemente alto: así se labró el fin de la Real Armada y, con ella, el de los virreinatos americanos. Es verdad que los rusos no tienen virreinatos, pero ¿qué pasa con sus submarinos? ¿Nos explicamos por fin las razones por las que los de la Flota del mar Negro no han dado señales de vida en esta guerra? Más allá de los submarinos, ¿cuántas capacidades está sacrificando Putin para mantener en el frente una iniciativa que no le lleva a ninguna parte?
Dejemos el Izvestia por hoy, no vaya a ser que me corten de nuevo el acceso. Entre santos y cubos de agua de mar, drones y virreinatos, no sé lo que pensará el lector de estas dos noticias. Pero lo que yo le sugeriría es que no se crea nada de la propaganda de guerra. Y, menos que ninguna otra, de la que viene de Moscú, amplificada por portavoces capaces de vestir el forcejeo de peones en Ucrania como si fuera un Cuarto Año Triunfal. ¿Digo cuarto? ¡Es verdad! No aprendemos. Si por ventura es usted un rusoplanista, ¿ya se ha olvidado de lo qué pasó con los tres anteriores?
Trump ha resucitado un cadáver
Emilio
Contreras. el debate. 30
Marzo 2025
Cuando el gobernante de una nación ordena la invasión de un país vecino más pequeño y más débil, y a los tres años sólo ha conseguido ocupar el 20 por ciento de ese país, tener 600.000 bajas y necesitar la ayuda de Corea del Norte e Irán, ese gobernante ha fracasado. Y si el invasor va de líder de una de las tres grandes potencias mundiales, el fracaso es aún mayor porque revela unas carencias de fondo que lo apean de ese triunvirato.
Eso es lo que le ha ocurrido a Vladimir Putin. Mantuvo durante años la ficción de que Rusia había recuperado el rango de gran potencia militar, tras el hundimiento del comunismo en 1990. Pero los hechos han demostrado que esa imagen era de cartón piedra. Las guerras victoriosas en el Cáucaso y Crimea —territorios pequeños y con pocos habitantes— fueron campañas de vuelo corto en las que impuso su poder con fuerzas especiales, mercenarios y pocos soldados de reemplazo. Crecido por esos éxitos, que engañaron al mundo y a sí mismo sobre un poder militar que no tenía, invadió Ucrania y —recuerda Robert D. Kaplan— cometió el mismo error que Adolf Hitler en 1941, cuando envalentonado por sus victorias militares en Polonia y Francia, no midió sus fuerzas e invadió Rusia. Con esa decisión comenzó a cavar la tumba que le llevó a la derrota.
Ucrania es un país con 600.000 kilómetros cuadrados y 38 millones de habitantes. Invadirlo y someterlo requería un ejército con la preparación y el nivel de una gran potencia. La guerra de Ucrania ha demostrado que las tropas rusas carecen del nivel de coordinación necesario entre las fuerzas regulares de tierra, mar y aire; y también de la capacidad logística imprescindible para suministrar combustible, alimentos y repuestos militares a cientos de miles de reclutas. El fracaso de la invasión de Ucrania es la prueba más evidente de la debilidad del Ejército ruso y de Vladimir Putin. Aunque Rusia sigue siendo una potencia nuclear, no es una potencia militar.
Pero todo ha cambiado desde que Trump accedió a la presidencia el 20 de enero y comenzó a suministrar respiración asistida al invasor ruso. Trump ha resucitado a Putin.
La operación para salvarlo de su fracaso comenzó dándole la vuelta a la verdad al calificar a Zelenski de «dictador» y acusarle de ser quien empezó la guerra. Ucrania «es culpable… nunca debisteis haber empezado», afirmó, cuando es una evidencia que el dictador e invasor es Vladimir Putin. Le ha seguido la retirada a Ucrania de armamento y la interrupción de la información de los servicios de inteligencia, esenciales para hacer frente a la invasión rusa. Después, la humillación pública con la encerrona al líder ucraniano en el despacho oval, trasmitida en directo por televisión a todo el mundo. Continuó con el encuentro hace dos semanas entre rusos y americanos en Riad, y con las conversaciones indirectas de esta semana entre rusos y ucranianos. Se ha consumado con la exigencia de ceder a empresas americanas la explotación de los minerales estratégicos y las centrales nucleares de Ucrania.
La consecuencia inevitable de la humillación a Ucrania ha sido el envalentonamiento del hasta ahora derrotado Vladimir Putin. La nota de la Casa Blanca en la que informaba de la conversación telefónica de dos horas entre Trump y Putin el 18 de marzo es la crónica del fracaso de Trump. Había dado por hecho que el dirigente ruso aceptaría un alto el fuego total de 30 días pero Putin, crecido por la debilidad de Zelenski, lo redujo a un alto el fuego sólo para centros de producción de energía, que no se está cumpliendo. Y en la información que se suministró el día 25 quedó claro que Estados Unidos y Rusia no consiguieron consensuar un comunicado conjunto tras 12 horas de reunión, y se ha filtrado un acuerdo para asegurar la navegación comercial en el mar Negro que beneficia a Rusia porque permite la exportación de sus cereales; acuerdo que tampoco se está cumpliendo. Ambos encuentros no son ni la sombra de lo que Trump había vendido como el primer paso hacia el fin de la guerra. Es lo que pasa cuando resucitas a quien a lo largo de su vida ha demostrado que no es de fiar.
Europa, confiada y egoísta, sufre ahora las consecuencias de haber endosado durante decenios a los Estados Unidos el peso del gasto militar, y tiene que improvisar sobre la marcha un plan para asegurar su defensa. Porque Trump ha sido claro y contundente en su abandono. Ya en enero de 2017 calificó a la OTAN de «organización obsoleta», y el 13 de este mes afirmó que Europa «se creó para fastidiar (to fuck) a Estados Unidos».
Trump ha resucitado un cadáver político que ya ha vuelto a las andadas y bombardea Ucrania sin descanso. Si tiene éxito en su empeño llegará un día en que, apoyado por China, acabe siendo una amenaza también para Estados Unidos. Roosevelt sí vio venir el peligro hace 84 años. Entonces tuvo claro que si Hitler dominaba a Europa, y Japón a Asia, harían una pinza contra los Estados Unidos, que se verían atenazados entre el Atlántico y el Pacífico y podrían haber sucumbido ante ese poder. Trump se niega a reconocer el peligro de Rusia apoyada por China, y está haciendo lo contrario.
El mundo libre puede acabar lamentándolo.
La
división de Occidente: ¿un suicidio colectivo?
Gustavo
de Arístegui, diplomático. la razon. 30
Marzo 2025
La fragilidad del orden mundial liberal, construido tras la Segunda Guerra Mundial, se exhibe con una crudeza alarmante. La desunión occidental, exacerbada por un distanciamiento entre Estados Unidos y Europa, augura un futuro sombrío donde el ascenso de China y el resurgimiento, más bien intensificación, de la amenaza rusa está trastocando y trastornando gravemente el tablero geopolítico global. La división no sólo es entre estados, se ha intensificado por la proliferación de simpatizantes pro-rusos y «putinistas» dentro de nuestras propias filas, ha plantado la semilla de la discordia, incluso en países que tienen muy claro que Rusia y China, aunque eventualmente tengan serios desencuentros, algo en mi opinión inevitable, son y seguirán siendo serias amenazas -por diferentes razones y por medios distintos- a la seguridad y estabilidad globales. La agresividad y el expansionismo de uno y otro no se van a mitigar dando un paso atrás, plegándose al uso de la amenaza y la fuerza o a un peligroso apaciguamiento. Los quintacolumnistas pro-rusos, tanto en la izquierda como en la derecha, nos acusan de belicistas a quienes creemos que la democracia y la libertad no podemos darlas por sentadas y que hay que luchar por ellas y defenderlas todos los días. Ya saben lo que decía Churchill de los apaciguadores (esta cita sí que es suya) «son aquellos que alimentan al cocodrilo en la esperanza de ser los últimos en ser devorados».
Desde la Guerra Fría, la alianza transatlántica ha sido el pilar fundamental de la seguridad y estabilidad de Europa y del mundo, con sus luces y sus sombras, aciertos y errores. Sin embargo, las fisuras se han intensificado en la última década. El unilateralismo estadounidense, la divergencia en políticas comerciales y de seguridad, y la erosión de valores compartidos, han socavado la confianza mutua. Como señala Joseph Nye en su obra «Is the American Century Over?», ‘el declive de la cohesión transatlántica se debe, en parte, a la percepción de que los intereses de Estados Unidos y Europa han divergido significativamente’. Esto se manifiesta en la reticencia europea a seguir ciegamente la agenda estadounidense, especialmente en cuestiones como el cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán, incluso ante la evidencia de que Irán iba a aprovechar el acuerdo para ganar tiempo y disimular el carácter militar de su programa nuclear. Se puede constatar que la divergencia empezaba a fraguarse incluso con presidentes demócratas.
Además, la crisis financiera de 2008 y sus secuelas han dejado profundas cicatrices en la confianza mutua, revelando vulnerabilidades y divergencias en la gestión económica. Y las encuestas revelan una creciente disparidad en la percepción de amenazas entre Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, según el ‘Pew Research Center’, existe una brecha significativa en la visión sobre el papel de la OTAN y la política exterior hacia Rusia. Esto se ha traducido en políticas divergentes en áreas clave como el gasto en defensa o las diferencias en torno a la interpretación y aplicación de sanciones económicas a ciertos países. La erosión de la confianza mutua se refleja en la disminución del apoyo público a las instituciones transatlánticas. Las estadísticas de ‘Eurobarómetro’ muestran una tendencia a la baja en la confianza de los ciudadanos europeos en la OTAN y en la relación con Estados Unidos, y esto es cierta mente grave y va a tener consecuencias a largo plazo difíciles o casi imposibles de revertir.
Mientras Occidente se fragmenta, China consolida su posición como potencia global. Su iniciativa de la Franja y la Ruta, su inversión masiva en tecnología y su creciente influencia militar desafían el liderazgo occidental. Paralelamente, la Rusia de Putin, envalentonada por la percepción de debilidad occidental, busca restaurar su esfera de influencia en Europa del Este y Asia Central. Ian Bremmer, en su análisis en suprograma «G-Zero World», advierte que «la convergencia de intereses entre China y Rusia, aunque táctica, representa un desafío estratégico para Occidente». Es esencial que Occidente entienda que, aunque se produzca un alejamiento o incluso una ruptura entre China y Rusia, cada uno por su lado seguirá desafiando a Occidente y representando un riesgo para nuestros intereses, si no conseguimos controlar o que ellos rebajen sustancialmente su expansionismo agresivo. Esta alianza, se fundamenta en la oposición al orden liberal y la promoción de un mundo falsamente multipolar, que pretende desplazar a Occidente del centro del escenario global. Además, el gran politólogo estadounidense el Prof. Graham Allison, exdecano de la Harvard Kennedy School en «Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap?», explora el concepto de la «trampa de Tucídides», subrayando cómo el conflicto entre una potencia establecida como Estados Unidos y una emergente como China podría ser casi inevitable. Este escenario se ve agravado por la creciente sofisticación militar de China y su expansión marítima en el Mar de China Meridional, generando tensiones con sus vecinos y desafíos constantes para la seguridad regional y global.
La guerra de Ucrania ha expuesto aún más la vulnerabilidad de Occidente ante la agresión rusa y la peligrosa dependencia energética europea. La capacidad de Rusia para desestabilizar la región y manipular la información ha desafiado la resiliencia de las democracias occidentales. Y en el interior de la Unión Europea, figuras como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el primer ministro eslovaco, Robert Fico, son ejemplos claros de líderes que, desde el populismo y el revisionismo histórico, han adoptado posturas pro-rusas, desafiando el consenso europeo. Sus políticas, que incluyen el debilitamiento de las sanciones contra Rusia y la difusión de propaganda pro-Kremlin, representan un peligroso caballo de Troya dentro de la UE. Según investigaciones de organizaciones como el «European Council on Foreign Relations», la influencia de la desinformación rusa ha aumentado significativamente en Europa en los últimos años, con un preocupante impacto directo en la opinión pública provocando divisiones y disensiones, no solo entre los extremistas de derecha o izquierda, incluso entre moderados y conservadores. Esto lo hemos podido comprobar incluso en España con un número creciente de portavoces que repiten al pie de la letra, sin el más mínimo pudor, los argumentos del Kremlin repetidos hasta la saciedad en «Russia Today TV». La propaganda rusa ha penetrado muy profundamente en nuestras sociedades envenenando la convivencia y el debate. La ponzoña propagandística y la interferencia por medio de campañas de ciber-influencia y en las redes sociales, han conseguido condicionar los resultados electorales en algunos países europeos.
Ha sonado la alarma: se impone la imperiosa y urgente necesidad de reformar, reconstruir, y fortalecer el vínculo trasatlántico:
La reconstrucción del vínculo transatlántico es una necesidad existencial para Occidente. Requiere un compromiso renovado con nuestros valores compartidos, una coordinación más estrecha en política exterior y de seguridad, y una respuesta unificada a los desafíos planteados por China y Rusia. Anne Applebaum, en su inquietante libro «Twilight of Democracy», argumenta que «Occidente debe reconocer que la competencia estratégica con China y Rusia no es un juego de suma cero. La cooperación en áreas de interés común, como el cambio climático y la no proliferación nuclear, es esencial para preservar la estabilidad global». En esta misma línea, Robert Kagan, en «The Return of History and the End of Dreams» analiza el resurgimiento del autoritarismo y el nacionalismo, desafiando la noción del «fin de la historia» y la expansión global de la democracia liberal. La necesidad de fortalecer las instituciones multilaterales y revitalizar la cooperación internacional es crucial. Occidente debe contribuir a promover un orden global fundamentado en reglas, donde el derecho internacional y los valores democráticos sean respetados.
El tiempo apremia. La inacción occidental solo acelerará su declive. Es imperativo que Estados Unidos y Europa superen sus diferencias y forjen una nueva alianza, sobre la base del respeto mutuo y la defensa de los valores democráticos. Sólo entonces, Occidente podrá enfrentar con éxito los desafíos del siglo XXI y preservar su legado de libertad y prosperidad. Renovación de la narrativa occidental, sobre las bases aquí expuestas, es esencial para contrarrestar la perniciosa influencia de las potencias expansivas y autoritarias. Debemos señalar y denunciar a los líderes dentro de Europa que actúan a favor de los intereses espurios, vengan de donde vengan. Hay que extirpar la influencia en Europa de un Estado peligroso y promotor del terrorismo como Irán. Créanme que la tiene y por medios criminales como la extorsión, la corrupción o ambas a la vez entre otras. Solo a través de la unidad y la determinación podremos evitar el «suicidio de Occidente» y asegurar la supervivencia de nuestras democracias. La desunión de Occidente y el debilitamiento del vínculo transatlántico no son meras tendencias geopolíticas; son síntomas de una crisis existencial que amenaza con sumir al mundo en un nuevo orden dominado por potencias autoritarias. La reconstrucción de la alianza transatlántica y la defensa de los valores democráticos son imperativos morales y estratégicos que Occidente no puede permitirse ignorar. Tenemos que actuar inmediatamente, antes de que el crepúsculo de Occidente se convierta en una muy oscura, larga y terrorífica noche.
Un rearme económico, político y
moral
Jesús Cacho. Vozpópuli.
30
Marzo 2025
“El proyecto europeo está muerto”, sostiene el historiador, sociólogo y politólogo francés Emmanuel Todd en su libro “La derrota de Occidente” (Ed. Akal). “Una sensación de vacío sociológico e histórico se ha apoderado de nuestras elites y nuestras clases medias. En ese contexto, el ataque ruso contra Ucrania fue casi un regalo del cielo. Los editorialistas de los medios no lo ocultaban: la invasión rusa volvía a dar sentido a la construcción europea; la UE necesitaba un enemigo exterior para recomponerse y avanzar, una retórica optimista que dejaba entrever una realidad más oscura. La Unión es una fábrica de gas ingobernable y, literalmente, irreparable. Sus instituciones se están vaciando. Su reacción a la “amenaza Putin” no es necesariamente un esfuerzo por recomponerse, sino, quizá, una pulsión suicida: expresaría la inconfesable esperanza de que esta guerra acabe por hacer que todo salte por los aires. Tras haber diseñado una maquinaria disfuncional en Maastricht, nuestras elites podrían echarle la culpa a Rusia; su oscuro deseo sería que la guerra liberara a Europa de sí misma. Putin sería su salvador, su Satán redentor”.
La irrupción de la guerra en Europa se convirtió en un acontecimiento tan inesperado como terrible para un continente que desde el final de la II Guerra Mundial se pensaba instalado en una especie de paz perpetua neokantiana. El amargo despertar de un sueño que, además de poner de manifiesto la sorprendente resistencia de una Ucrania a la que todos esperaban ver rápidamente aplastada y de comprobar igualmente la resistencia económica de un pigmeo en términos de PIB (diez veces inferior al de la UE) como Rusia, pero a quien las sanciones económicas no parecen haber hecho mella, reveló sobre todo la ausencia europea de una voluntad real de defenderse, aunque tal vez sería más acertado decir que puso en evidencia su incapacidad para defenderse después de haber confiado esa tarea al paraguas nuclear norteamericano desde 1945. El regreso al poder de Donald Trump en Washington y el reajuste de alianzas en el mapa geopolítico que ello ha supuesto (la derrota de Occidente, en expresión de Todd, consecuencia no tanto del ataque ruso al corazón de Europa como de esa pulsión suicida para destruirse a sí misma), ha colocado a la UE ante el espejo de sus miserias obligándole a abordar algo que ha venido postergando durante décadas: la necesidad de defenderse de forma autónoma dedicando una parte importante de su riqueza a construir su seguridad frente a la amenaza rusa, el alineamiento de Estados Unidos con los imperios autoritarios, la falta de credibilidad de una OTAN controlada por Washington y la persistencia del yihadismo. Una obligación que sorprende al proyecto de UE en un momento de aguda crisis, crisis que es económica pero también política y sobre todo moral. Una crisis decididamente existencial.
¿Y cómo ha reaccionado la clase dirigente europea ante tamaño desafío? Anunciando un plan para invertir 800.000 millones, apelando a la vía escapista del dinero, siempre el dinero, en lo que no deja de ser una huida hacia adelante que evita a nuestras elites el mal rato de tener que hacer frente a las verdaderas raíces del problema. Dotar a la Unión de una capacidad de disuasión efectiva frente a cualquier nueva agresión implícita en el proyecto imperial ruso obliga a los países miembros a aumentar el presupuesto de Defensa al 2% del PIB a finales de año y al 3% para 2029, una suma no inferior a los 60.000 millones en el caso español, pretensiones obstaculizadas por el estancamiento de la economía y la crisis de las finanzas públicas de la mayoría de los países. El esfuerzo sería perfectamente posible para una Alemania cuya deuda pública representa apenas el 62% de su PIB, pero es inalcanzable para una Francia cuyo endeudamiento roza el 120% del PIB, con tipos de interés del 3,6% (el servicio de la deuda se comerá pronto el 3,5% de la generación de riqueza gala) y crecimientos nominales muy inferiores. Vale decir que la crisis financiera bloquearía casi de inmediato cualquier ilusión de rearme europeo, y que la vía tradicional de la subida de impuestos parece vetada allí donde las extenuantes políticas fiscales solo han logrado paralizar el crecimiento, penalizar a las empresas y ahuyentar el capital y el talento imprescindibles para hacer efectiva aquella fuerza de disuasión.
Conviene por tanto asumir que el rearme europeo sólo podrá abordarse a costa de reorientar el gasto del Estado del Bienestar (una partida a la que Francia, el único país “nuclear” de la UE, dedica nada menos que el 34% de su PIB), vale decir que hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre el modo de vida europeo, sobre la prevalencia de nuestras libertades, obligará a los países miembros a una revisión drástica de su modelo económico y social, nos forzará a elegir, a priorizar el componente del gasto público. ¿Es posible rearmarse y preservar el modelo social europeo? Alguien ha dicho que el empeño en mantener los Estados del Bienestar ha canibalizado la economía del viejo continente y ha desarmado al Estado soberano, lo ha dejado indefenso, reduciendo el crecimiento a guarismos ridículos, inferiores al 0,5%, desmantelando la industria y condenando a millones de trabajadores a salarios de miseria (en el caso de Francia, el 18% de los empleados conviven hoy con el salario mínimo, frente al 10,8% en 2015). De manera que el rearme, la palabra maldita para el okupa de Moncloa, solo será posible mediante el saneamiento y control de las finanzas públicas, lo que implica la reducción del déficit y la vigilancia extenuante de la deuda, ello sin abdicar del componente de solidaridad esencial para preservar la cohesión nacional.
Nos hallamos, pues, ante la necesidad de una profunda transformación del Estado benefactor, que debería ir asociada a una revolución de los valores, la vuelta a los hábitos mentales de la disciplina, el trabajo y el esfuerzo y sobre todo a un cambio radical de comportamiento de nuestras sedicentes elites, obligadas a decir la verdad, a tratar a los ciudadanos como a seres adultos, a no engañarlos con mentiras y baratijas ideológicas. No habrá libertad sin capacidad para defenderla y disposición vital a poner muertos sobre la mesa. Y no habrá defensa creíble sin una economía dinámica, sin unas cuentas públicas ordenadas y sin una nación unida y movilizada. Razón por la cual el rearme militar es inseparable del económico, político, demográfico y, sobre todo, moral.
Dicho lo cual, la posibilidad de un ejército europeo es a día de hoy una pura quimera. Con la Defensa excluida de los Tratados de la Unión, las instituciones comunitarias se limitan a facilitar la financiación del rearme, liberar a la industria de defensa de la camisa de fuerza regulatoria que la asfixia, proteger las infraestructuras y asegurar las fronteras del continente. Las debilidades de esa industria son notorias. Baste decir que el 65% de las compras de equipo militar que realiza la UE tienen un único proveedor: Estados Unidos. Lockheed Martin factura 71.000 millones de dólares, frente a los 24.000 millones de euros de la francesa Thales o de la británica BAE Systems. Entre las 20 primeras empresas europeas del sector no hay ninguna española, y ninguna de ellas factura más de 800 millones. Pero es que mal podría España comprometerse a proteger las fronteras de la Unión cuando no es capaz de defender las suyas propias, es más, cuando acaba de entregar el control de una parte de ellas a un partido nacionalista radicalmente enemigo de la integridad de España.
La España de Sánchez es el auténtico enfermo de Europa, el eslabón más débil de la cadena europea de Defensa. Un Gobierno cuya parte comunista se opone a cualquier inversión en Seguridad porque simpatiza abiertamente con los postulados de los enemigos del país, cualquiera que sea, en particular con los del dictador ruso. Un Gobierno sin voluntad de proteger a una nación en la que no cree. Y un presidente más cercano a los planteamientos autócratas de los nuevos tiranos que a los de cualquier dirigente demócrata, además de un trilero dispuesto a engañar de nuevo a sus socios europeos con la esperanza de que le vuelva a caer, gratia et amore, otra lluvia de millones que le permitan apalancarse en el poder mediante la vieja fórmula de la compra de votos y voluntades.
Ayer supimos por el diario ABC que la ministra de Defensa ha paralizado esta semana el trabajo del Grupo de Planeamiento Operativo (GOP) creado solo días antes por el Mando de Operaciones para diseñar una posible misión española en Ucrania, una decisión que evidencia la falta de intención del Gobierno Sánchez de participar en cualquier misión militar de interposición en Ucrania. Al Gobierno socialcomunista le gusta utilizar al Ejército —un Ejército diezmado y desmotivado, mal pertrechado y peor financiado—en misiones tipo “coros y danzas” en el exterior, fuera siempre del riesgo de fuego real. Revelador del grado de deterioro que sufren nuestras fuerzas armadas es la lucha subterránea, de la que poco o nada se ha hablado hasta ahora, que está teniendo lugar entre los ministerios de Defensa y de Asuntos Exteriores. El ministro Albares lleva semanas intentando convencer a su amigo el presidente de la conveniencia —ahora que la Defensa está tan íntimamente ligada a la Diplomacia— de poner en la calle a Margarita Robles para adjudicarse él mismo esa cartera. Albares quiere ser también ministro de Defensa, no está claro si cambiando de ministerio o poniendo ambos bajo su responsabilidad. De momento, las maniobras de Napoleonchu para provocar ese cambio no han dado resultado. Sánchez, que no se ha pronunciado, no ha impedido, sin embargo, que el ministrín saltarín siga acumulando interlocución y protagonismo en asuntos antaño de la exclusiva competencia de Defensa, ello ante la creciente debilidad de una Robles que se ha revelado como un auténtico bluf. En todo caso, el ruido en el Palacio de Viana sobre la posibilidad de que Albares se haga con la cartera de Defensa sigue a la orden del día, como una evidencia más del descontrol por el que transita la política española de la mano de un Sánchez que ha renunciado a aprobar los PGE —el primer punto de ese Plan de Defensa del que carece— y que, como ha dicho el líder de la oposición, “compromete algo para lo que no tiene autorización, inversiones sin presupuestos y compromisos plurianuales sin aprobación del Parlamento”.
La verdad es que este Gobierno no tiene capacidad ni intención real de cumplir sus compromisos. No existe un plan serio para aumentar las capacidades militares españolas a medio plazo, ni una estrategia clara para la modernización de las Fuerzas Armadas. Todo se reduce a una promesa hueca para ganar tiempo. Sánchez se encuentra atrapado en un callejón sin salida, con Bruselas y Washington exigiéndole un esfuerzo presupuestario inmediato, por un lado, y con sus socios comunistas y separatistas negándose a cualquier aumento del gasto so pena de llevar al Ejecutivo al colapso, por otro. En los círculos diplomáticos empieza a cuajar la idea de un Sánchez políticamente muerto. Como contaba días atrás el columnista de esta casa Alejo Vidal-Quadras, “toda escapada tiene su final y la de Sánchez no será una excepción. No se puede aprobar un plan de rearme sin la cuarta parte del Gobierno, sin los socios que le dan la mayoría, sin el principal partido de la oposición, sin presupuestos y sin llamarlo por su nombre. La prolongación de su agonía está resultando un espectáculo penoso”. Asistimos al suicidio asistido de Europa (Emmanuel Todd) y al consentido de España. Poner a Sánchez en la calle cuanto antes es una exigencia de salvación nacional.
Iustitia
Europa presenta su 'contrato electoral' y llama a los ciudadanos a
"recuperar a España desde la sociedad"
Libertad
Digital. 30
Marzo 2025
La formación Iustitia Europa (IE) ha presentado este sábado en el Teatro Amaya de Madrid su ‘Contrato electoral’ a 650 españoles bajo el lema ‘Actúa. Sé protagonista del cambio’ con el fin de "recuperar a España desde la sociedad, con herramientas jurídicas y compromiso político", tal y como ha destacado durante el evento el presidente de la formación amarilla, Luis María Pardo.
Luis María Pardo ha protagonizado un discurso contundente en el que ha denunciado la decadencia institucional, la corrupción estructural del sistema político y el secuestro democrático que, a su juicio, sufre España. Durante el evento, se ha puesto de manifiesto el "compromiso irrevocable" de Iustitia Europa con los españoles, que "sustituye las promesas por acciones concretas y verificables".
El eje central del acto ha sido la presentación del Contrato Electoral de Iustitia Europa, un documento con 15 puntos que suponen una ruptura frontal con el actual sistema político a través de la "superación del régimen del 78" con la reforma de la Constitución, la "despartidización" del Estado, la lucha contra la corrupción y la defensa de la acción popular, además de un "tijeretazo económico en política económica".
Para luchar contra la corrupción, la receta que propone IE a sus futuros votantes es la acción popular y la legitimación de la sociedad en la Justicia a través de la participación activa de asociaciones, partidos, plataformas, organizaciones y ciudadanos en causas judiciales de interés general, así como la reforma del art. 125 de la Constitución para salvaguardar la figura histórica de la acusación popular en España. En este sentido, el presidente de IE, que es acusación popular en los casos de Begoña Gómez, Koldo, Pegasus, Hidrocarburos, Ábalos y Mazón, ha considerado también que "la Justicia tardía no es Justicia".
"Los casos de corrupción no son sólo del PSOE, también son del PP, porque son lo mismo, son la creación del régimen del 78. Todo está diseñado para que nada cambie. Gobiernan las cúpulas de los partidos, que son agencias de colocación de colegas", ha aseverado Pardo durante su discurso en el acto, en el que, a renglón seguido, ha añadido que "da igual poner a un p…. (consumidor de sexos de pago) en un ministerio que, a tu primo, o a tu hermana en una secretaría de estado, o a tu escort en una dirección general, porque la España constitucional lo acepta todo, porque la España constitucional, se lo traga todo".
Pardo ha denunciado que "España y Europa necesitan un reinicio moral, tras años de corrupción, donde el Estado ha sido consumido". Y ha añadido: "La Constitución no ha sido la solución, ha sido el problema. Gracias a ella, todas las instituciones están en manos de las cúpulas de los partidos políticos".
Advertencia al sistema y llamamiento a la ciudadanía
Luis María Pardo ha cerrado el acto advirtiendo de que España camina hacia una dictadura constitucional liderada por un sistema corrupto y autocomplaciente, y ha llamado a la sociedad civil a actuar:" Vosotros sois el futuro", ha afirmado Pardo, quien ha reclamado a los presentes que apuesten por "un reinicio moral en España".
Así, IE pide, a través de este completo, pero simple decálogo, una educación sin ideología, un modelo sanitario basado en la libertad de elección y sin interferencias de los "lobbies farmacéuticos" que integre a las terapias naturales. Asimismo, se enarbola el lema ‘Más España y menos Unión Europea" porque "España debe recuperar la soberanía, abandonar los alineamientos estratégicos anglo-otanistas que van en contra de la paz , la neutralidad y perjudican la convivencia entre ciudadanos". Otras de las cuestiones recogidas en las demandas de IE a través de su ‘Contrato’ con los españoles se describen bajo los epígrafes del decálogo: ‘Energía, apaga el globalismo y enciende España’; ‘Contra la Agenda 2030 y las organizaciones supranacionales’; ‘Inmigración. España decide y controla, España segura’; o ‘Seguridad, por un nuevo modelo policial con la despenalización del Código Militar en la Guardia Civil’. Durante el acto también se ha proyectado en exclusiva un cortometraje de Iustitia Europa, que muestra la lucha civil organizada frente al abuso de poder.
"No nos alineamos con ninguna ideología de las que hasta ahora han servido para enfrentar a la población. Consideramos que la defensa de las Libertades Públicas y los Derechos Fundamentales debe ser un lugar de encuentro para la sociedad. Ha llegado la hora de configurar una mayoría social que ponga en primer lugar los intereses de los españoles por encima de cualquier ideología", ha señalado Luis María Pardo, quien ha constatado que él movimiento "no para de crecer" tal y como se muestra en "los centenares de personas que reclaman un cambio real en España".
Estados
Unidos, un país bilingüe
Frigdiano Álvaro
Durántez. ABC. 30
Marzo 2025
En el contexto de los movimientos tectónicos que está provocando el acceso nuevamente al poder del empresario Donald John Trump como presidente de la república de los Estados Unidos de América, se enmarca la decisión de otorgar al idioma inglés la condición de única lengua oficial de dicho país a nivel federal. Esta medida, largamente acariciada por los sectores estadounidenses anglos más nacionalistas, rompe con una tradición de casi 250 años durante los que el país no ha tenido formalmente idioma oficial y, según sus autoridades, se justifica básicamente, por un lado, en la búsqueda de la cohesión nacional y la afirmación de una cultura estadounidense, y, por otro, en la eficiencia gubernativa y la mejora de la participación cívica.
La verdad es que ninguno de los dos bloques de razones señaladas responde a la realidad objetiva. Por el contrario, la implementación de esa medida no cambia las cosas para la lengua inglesa que, de facto, es el idioma oficial de la república, y eso lo sabe todo el mundo. Es decir, no será útil la decisión tomada porque no mejorará la «participación cívica» ni la «eficiencia gubernativa» en un lugar donde la inmensa mayoría habla inglés y reconoce y respeta el estatus de este idioma; aunque además muchos millones de personas sepan y utilicen también –subrayamos también– otras lenguas, especialmente el español.
Lo verdaderamente grave tiene que ver con la cuestión de la «identidad nacional» estadounidense –la cohesión nacional buscada–, porque los sectores y poderes que esencialmente impulsan esa oficialización, creen, o más bien quieren, que EE.UU. sea un país de base única anglosajona, cuando en realidad son una nación de base principal anglo-hispánica a la que se añaden múltiples aportaciones culturales, lingüísticas y étnicas del resto del mundo.
No es necesario documentar ahora, aunque siempre es bueno recordarlo, que la mayor parte del territorio de esa república, desde Alaska a Florida, constituyó durante siglos un área periférica de jurisdicción y soberanía de la monarquía hispánica en el norte del continente americano. Por eso, resultan casi entrañables, desde la perspectiva de la ciencia política y la historia, las declaraciones del hispano Marco Rubio con motivo de su nombramiento como secretario de Estado, señalando que EE.UU. es «el país más poderoso y más bueno de la historia de la Humanidad...». Pero ésta es otra cuestión.
Lo importante ahora es tener presente que hoy viven en EE.UU. más de 70 millones de hispanos en un país de abrumadora toponimia hispánica en los principales estados; y que la «cultura estadounidense» más icónica –desde la épica del vaquero y del lejano oeste a la música popular actual– tiene una impronta hispana absolutamente estructural. Y, sobre todo, que el español es el segundo idioma del país, presente en el territorio mucho antes que el inglés y hablado hoy por 50 millones de seres humanos, de ciudadanos, y pronto por muchos millones más, convirtiendo a esta sociedad en la segunda nación hispanohablante del planeta con previsiones extraordinarias de cien (¡cien!) millones de hispanos para el cercano año de 2050. A propósito de estas cifras formidables, el Rey de España manifestaba recientemente su extrañeza por el cierre de la página web en español de la Casa Blanca calificándolo como algo realmente «llamativo», que esperaba supusiese sólo una medida «temporal».
O sea, que la identidad básica estadounidense es, como poco, de base anglo-hispánica, no solo anglo. Por ello, si de verdad se desea favorecer la cohesión nacional, será mucho más útil e inteligente reconocer la realidad, so pena de provocar fracturas y distorsiones internas que en su día, a no tardar mucho, podrían ser graves. Por no hablar de otras cuestiones mucho más prácticas: ¿quiénes consiguen prioritariamente empleo en los EE.UU.?, ¿las personas que hablan sólo inglés o las que además hablan español? De hecho, la oficialización hoy del inglés se revela como una medida bastante tardía para la visión de los que la inspiran; una disposición que rezuma de un indisimulado sentimiento antihispánico azuzado por un temor injustificado al crecimiento del español.
Pero más allá de reconocer la identidad de base anglo-hispánica del país, lo cierto es que a los Estados Unidos de América –subrayamos de América–, esta realidad les interesa y les beneficia inmensamente en términos de proyección internacional y de mantenimiento de su hegemonía o liderazgo global.
El inglés es indiscutiblemente la 'lingua franca' mundial y el idioma general de los negocios y de las relaciones internacionales. Pero el español, también idioma global, es la segunda lengua de comunicación internacional; la segunda lengua materna del mundo (muy por delante del inglés y algo detrás del chino); la primera lengua del hemisferio occidental, de las Américas, en esa terminología tan querida por los estadounidenses. Y el español es además directamente comprendido, por su proximidad con el portugués, en todo el ámbito intercontinental de la lusofonía, por lo que el espacio multinacional de la iberofonía, de casi 900 millones de personas, corresponde con el ámbito de comprensión directa de la lengua española.
Los Estados Unidos albergan el tesoro de contar, de modo natural, con las dos lenguas principales del mundo como idiomas legítimamente propios. Su región natural, «las Américas», habla mayoritariamente español. EE.UU. tiene ante sí la oportunidad de ser el gran punto de convergencia en el planeta entre dos grandes culturas-civilizaciones claves del mundo actual y futuro.
Desde la verdad de las cosas y desde el más estricto realismo político que tan bien ha definido históricamente la política interior y exterior de Estados Unidos, este país no puede perder esta oportunidad. No la puede perder en aras de una visión identitaria limitada y sesgada por criterios y conceptos de un nacionalismo decimonónico que todavía cree en la homogeneidad y la pureza de las naciones y sociedades políticas y culturales. Por supuesto y sin ninguna ironía, la asunción plena del español redundaría en beneficio de los propios EE.UU., pero también, obviamente, de los hispanos e incluso de la diversidad cultural y lingüística de toda la Comunidad Internacional.
Para ello, hay que apelar a un cambio sustantivo de actitud y a la implementación de una medida concreta. La generalizada baja autoestima, como grupo, de los hispanos de ese país (y de otras sociedades, lamentablemente) debe ser sustituida radicalmente por una consciencia de la realidad objetiva y de la necesaria defensa de los derechos e intereses de esa gran comunidad, incluidos los culturales y lingüísticos. La ofensiva del inglés en esa nación de base anglo-hispánica en detrimento de lo hispano no sería posible si los hispanos estadounidenses tuviesen una autopercepción colectiva positiva. Y en cuanto a la medida a tomar, sabemos que puede resultar provocadora, pero en el fondo no lo es: si se ha oficializado el inglés, no queda otra opción que cooficializar también el español en los Estados Unidos de América.
SOBRE EL AUTOR
Frigdiano Álvaro Durántez es director de la Cátedra Funiber de Estudios Iberoamericanos
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Enseñar
a Franco y olvidar a ETA
Editorial. ABC. 30
Marzo 2025
El rechazo del PSOE a que en las escuelas vascas se estudie la historia de ETA es una muestra evidente de cómo el sanchismo pretende que se borre la memoria del terrorismo, al tiempo que reverdece de forma constante el recuerdo de Franco. La dolorosa fotografía de esta realidad se pudo ver esta misma semana cuando se votó en el Parlamento vasco una proposición no de ley para instar a que el sistema educativo de la comunidad incluyera obligatoriamente contenidos curriculares en los que se explicara a los jóvenes la historia de la banda terrorista y el impacto que tuvo sobre la sociedad. Solamente ocho parlamentarios votaron a favor: siete del PP y uno de Vox, la formación que presentó la proposición. En contra se mostraron los nacionalistas vascos, la izquierda populista, Bildu y el Partido Socialista.
Desde la derrota de ETA, el relato sobre los hechos es el nuevo campo de batalla de la llamada izquierda aberzale, en cuyo bando se sitúa el actual Ejecutivo con asombroso descaro contribuyendo de esta manera a los objetivos de los asesinos. Hace décadas que la enseñanza supone una meta clara de los terroristas que diseñaron diversas estrategias tanto para influir en los contenidos educativos como para posicionar entre el profesorado a partidarios que difundieran entre los alumnos un contexto en el que la violencia se hiciera comprensible. Que en la era posterior a la actividad armada de ETA los terroristas terminaran dando lecciones constituía una hipérbole que se hizo realidad de forma literal. No solo se trata de que el Gobierno central pacte con la izquierda aberzale, que permita que cada día se atrevan a perorar en las tribunas sobre la paz, la tolerancia y la democracia los herederos de los etarras, es que son los asesinos los que se han convertido en profesores. En la academia de la Ertzaintza da clase un terrorista condenado. Recientemente, los padres de un colegio de Tudela (Navarra) tuvieron que asistir al nombramiento como profesor de José Javier Osés, alias 'Jotas', condenado a ocho años de cárcel por un tribunal en Francia y que no ha sido depuesto de su cargo como docente.
Son evidentes las carencias de los jóvenes vascos y navarros sobre la memoria de ETA y no parece que exista voluntad de solucionar el problema dado que el asunto seguirá excluido de los contenidos curriculares obligatorios. El profesorado tampoco parece estar por la labor y un ejemplo de esto último es que los colegios públicos vascos no visitan el Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria, que cuenta entre sus visitantes con un porcentaje de escolares significativamente menor que centros homólogos de otros países. En la presentación del Instituto Vasco para la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora) creado por el Gobierno vasco no se hace mención a ETA ni al terrorismo y los contenidos son residuales comparados con los que se refieren a Franco, coincidiendo con el modelo de «memoria democrática» que Sánchez firmó con Bildu. Por muy obvio que resulte, no podemos dejar de llamar la atención sobre el hecho de que Sánchez corrompa la memoria de nuestra historia para mantenerse en el Gobierno, pues tendrá efectos lamentables en el futuro de nuestra nación.
Cada día asistimos a una magnificación del recuerdo de la dictadura de Franco mientras se dulcifica y se borra la de ETA, siendo esta última la más reciente. Muchos de sus responsables están en las instituciones y junto al sanchismo en la mal llamada mayoría de progreso, actualmente en descomposición.
¿Políticas
de medios o políticas lingüísticas?
Isabel
Fernández Alonso. cronica global. 30
Marzo 2025
Es una evidencia que las obsesiones lingüísticas del nacionalismo catalán han invadido la política española. Basta recordar la reforma del Reglamento del Congreso; las instrucciones al cuerpo diplomático para que se centren en lograr apoyos a la oficialidad del catalán en la UE; o la proposición de ley conjunta de los grupos parlamentarios socialista y de Junts sobre delegación de competencias en inmigración, que podría dar paso a que se impongan requisitos lingüísticos para obtener permisos de residencia en Cataluña.
En este contexto no resulta extraño el gran aplauso con que el nacionalismo catalán ha recibido el reciente monólogo de Marc Giró en su Late Xou de TVE al hilo de la consulta a las familias valencianas sobre la lengua base en la escuela. “Monólogo para intolerantes con las lenguas” lo denominaba nada más y nada menos que el Presidente de RTVE en un tuit. Ya se sabe que quienes cuestionamos la inmersión (el monolingüismo) somos los intolerantes.
Una auténtica pica en Flandes para los “plurinacionales”: el victimismo lingüístico colocado en el primer canal de TVE, en clave de (supuesto) humor, y en prime time. Un éxito que se suma a otro acuerdo entre el PSOE y Junts, en este caso para que en un plazo de dos años La 2 emita las 24 horas en catalán en Cataluña.
Los castellanohablantes estamos encantados de que siempre se piense en nosotros. Todo ello sin olvidar otros logros previos como la dotación de fondos para producción y doblaje al catalán en el marco de la negociación de ERC con el Gobierno de España para aprobar la Ley de la comunicación audiovisual.
Los medios han sido siempre nucleares en la estrategia nacionalista, no solo por su centralidad en el proceso de configuración de la opinión pública, sino también porque han actuado como una herramienta clave para dibujar una Cataluña en catalán. De hecho, se ha producido una clara instrumentalización de las políticas de medios al servicio del nacionalismo lingüístico, que es lo que pretendo subrayar en este artículo. Algunos ejemplos.
1.- Es nítida la remisión que hace la normativa audiovisual catalana a la legislación lingüística. Por ejemplo, dice el artículo 86.2 de la Ley 22/2005 de la ley de la comunicación audiovisual que “los prestadores de servicios de comunicación audiovisual sometidos a régimen de licencia se rigen por las obligaciones establecidas por la legislación de política lingüística respecto a los concesionarios de radiodifusión y televisión de gestión privada”.
2.- Son abundantísimas las referencias que se recogen en las leyes lingüísticas a los medios de comunicación. Si nos detenemos en la Ley 1/1998 de política lingüística, con respecto a los medios públicos (autonómicos y locales), se apunta que “la lengua normalmente utilizada debe ser la catalana” (art. 25.1) y también se dice que “el Gobierno de la Generalitat ha de facilitar la recepción correcta en Cataluña de las televisiones de otros territorios que emiten en lengua catalana” (art. 25.4). Que los catalanes vean la televisión balear, ok, pero la aragonesa, en modo alguno.
Sobre los medios privados, en la misma norma se apunta que las emisoras de radiodifusión “deben garantizar que, como mínimo, el 50% del tiempo de emisión sea en lengua catalana…” (art. 26.3). Y se llega a establecer que “el Gobierno de la Generalitat ha de incluir el uso de la lengua catalana en porcentajes superiores a los mínimos establecidos como uno de los criterios en la adjudicación de concesiones de TDT, de canales de televisión distribuida por cable y de las emisoras de radiodifusión” (art. 26.4). Léanlo despacio.
3.- Con la aprobación del Estatuto de Autonomía de 2006 se intentó plasmar en la principal norma catalana el uso “preferente” del catalán en las administraciones y en los medios públicos. Fue, lógicamente, una de las previsiones declaradas inconstitucionales. De poco sirvió.
4.- Con este marco, en los medios públicos raras veces se habla en español y, de esas, en no pocas se hace en tono despectivo. Me viene a la memoria el estupor de los tertulianos de Tot es mou al comprobar que un profesor de instituto respondía en español a las preguntas de TV3. Pinchen para verlo.
5.- Mientras, en el sector audiovisual privado, los requisitos lingüísticos han sido clave, sin duda, para la articulación de RAC1, la cadena radiofónica generalista con más audiencia, que desempeñó, junto a Catalunya Ràdio, un papel clave en la movilización nacionalista en los años del procés.
No parece casual, teniendo en cuenta que el líder en el mercado de la radio musical son Los 40 Principales, que el CAC, cuyo Pleno cuenta con una evidente mayoría de miembros propuestos por fuerzas nacionalistas, haya acordado recientemente poner fin a las adaptaciones específicas de las que vienen disfrutando estas radios, de modo que a partir de 2026 deberán programar en catalán el 25% de las canciones, en la línea de las previsiones de la Ley de Política Lingüística.
6.- A la vez, si se analizan las abundantes convocatorias de subvenciones a medios de la Generalitat, se observa que la lengua es el criterio clave de adjudicación. El objetivo, muy lejos del fomento del pluralismo en el mercado mediático, no es otro que la articulación del denominado espai català de comunicació, orientado, a su vez, a la construcción nacional de Cataluña.
Así las cosas, concluyo que, con estas políticas de medios subordinadas a las lingüísticas, por un lado, en los medios públicos catalanes se ofrece una imagen (monolingüe) que falsea la realidad social de referencia (claramente bilingüe). Como consecuencia, se desconecta a buena parte de la ciudadanía de sus medios públicos, privándola de una oferta audiovisual de proximidad (otra cosa es el contenido de esa oferta) que, obviamente, se financia con sus impuestos.
Por otro lado, se condicionan las estrategias de las empresas privadas (también en el sector de la producción), en un contexto de importantes transferencias de fondos públicos a medios privados. Las políticas de subvenciones no son tales. Las políticas de medios, en definitiva, no son tales.
Blanquear estas actuaciones, asumiendo un relato claramente tramposo en torno a la diversidad cultural (no hay nada más uniformizador que las políticas lingüísticas de los nacionalistas), y realizar concesiones a sus artífices llevando este dislate a las políticas de Estado, como apuntaba al principio, implica no tener una mínima consciencia del rol nuclear de la lengua común como clave de convivencia.
Ana Losada (Asamblea por una Escuela
Bilingüe): "Necesitamos una ley que impida a las autonomías
excluir una de sus lenguas"
La presidenta de la
entidad defensora del bilingüismo pide a la Generalitat que cumpla
las recomendaciones de la Eurocámara para que el español sea
también vehicular en su sistema educativo
Considera que ni el
gobierno catalán ni el central están haciendo nada al
respecto
Ricard López. cronica global. 30
Marzo 2025
Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) continúa a la espera de que la Generalitat y el Gobierno español cumplan las recomendaciones del informe del Comité de Peticiones del Parlamento que, hace ya un año, instó a poner fin a la inmersión monolingüe obligatoria en catalán impuesta en el sistema educativo público de Cataluña.
La presidenta de la entidad constitucionalista, Ana Losada, visitó la semana pasada al presidente de dicha comisión en la Eurocámara, Bogdan Rzonca, así como a la jefa de la misión comunitaria que, a finales de 2023, constató la vulneración de derechos lingüísticos de los alumnos castellanohablantes en esta autonomía, Yana Toom. También la eurodiputada del PP Dolors Montserrat, en una reunión en la que les reclamó ayuda para pedir a las autoridades españolas que cumplan las recomendaciones de su informe.
Europa quiere poner fin a la inmersión: pide igualdad de trato para castellano y catalán en la escuela
Losada considera que tanto el Ejecutivo central como el catalán siguen sin hacer nada para cumplir el 25% mínimo de clases en castellano en todas las escuelas de Cataluña, dictado en sentencia firme por el Tribunal Supremo en 2022. Una sentencia que el anterior Govern de ERC burló aprobando a posteriori una ley en el Parlament y un decreto ley que invalidaba cualquier porcentaje -este último, actualmente recurrido ante el Tribunal Constitucional-.
Losada reprocha también la respuesta que, según asegura, dio la actual consellera de Educación, Esther Niubó, al requerimiento del comité de la Eurocámara en una carta en la cual se le preguntaba qué ha hecho la Generalitat respecto a las recomendaciones del informe comunitario. "En la carta, Niubó negaba la mayor, y vino a decir que aquí todo está perfectamente, que no hay discriminación... los mantras nacionalistas de siempre", explica la presidenta de AEB en esta entrevista con Crónica Global.
- ¿Qué observó, y qué recomendaciones hizo, el informe de la misión de la Eurocámara sobre la inmersión lingüística de Cataluña?
El informe constata una discriminación de derechos lingüísticos, que no es posible estudiar en castellano en Cataluña, más que la asignatura de Lengua Castellana. Y que hay una gran presión hacia las familias que se atreven a pedir sus derechos.
Dice que se incumplen sentencias, y que se están vulnerando Tratados de la UE y la Carta de Derechos fundamentales en cuestiones como el cumplimiento del Estado de Derecho, la discriminación, o el obstáculo que supone la inmersión lingüística para los trabajadores y ciudadanos que se quieran mover dentro de España. Porque si vienes a Cataluña, pierdes el derecho de estudiar en castellano.
Las recomendaciones que se hacen desde el Parlamento Europeo incluyen, por ejemplo, que se pueda estudiar en la lengua materna, especialmente los alumnos con necesidades educativas especiales, algo que aquí no se cumple; decían que el acoso y la presión a las familias es brutal en cuanto exigen sus derechos lingüísticos; y que había una total falta de comunicación entre las familias que rechazan la inmersión, y que quieren que sus hijos estudien también en castellano, y la Generalitat. También recalcaba el papel nulo de la Inspección de Educación en Cataluña.
- ¿Qué ha hecho la Generalitat desde entonces?
La Generalitat lo que hizo, desde que vino la misión, fue mover los hilos de todos los lobis que tiene en marcha gracias a nuestros impuestos y conseguir que un grupo que trabaja dentro del Consejo de Europa elaborara un informe parcial, partidista y sectario diciendo que el catalán, el euskera, el gallego, el valenciano están en peligro. Y que, en el caso de Cataluña, sería un peligro de muerte para el catalán que se implantara tan sólo el 25% mínimo de asignaturas en castellano.
Es decir, la Generalitat contraatacó con un informe que no tiene la validez del informe del Parlamento Europeo porque, entre otras cosas, este último fue hecho por un grupo de eurodiputados que vino a Cataluña y se reunió con todas las partes: con quienes estamos a favor del bilingüismo o de que el castellano sea también lengua vehicular, y también con quienes están en contra. En cambio, el informe que elaboró el grupo del Consejo de Europa es un informe fabricado y cocinado por aquellos que defienden la inmersión: en ningún momento se reunieron con otra parte.
- Eso ocurrió durante el mandato de Pere Aragonès. Ahora que ha habido un cambio de Govern, ¿cómo valora AEB el primer medio año de Salvador Illa como presidente de la Generalitat en cuestiones lingüísticas?
Creo que el nacionalismo está muy contento con el señor Illa. El nacionalismo lingüístico está supercómodo, porque en la escuela no ha cambiado nada, y en las instituciones tampoco. El castellano sigue siendo una lengua marginada en Cataluña y tratada como si no fuera oficial, aunque es la lengua mayoritaria de los catalanes.
¿El discurso del señor Illa en Navidad tuvo alguna palabra en castellano? No. Es decir, ni en la Educación, ni en la actuación de nuestros representantes políticos, ni institucionalmente, ni en el Parlament, se nota ningún cambio en los temas lingüísticos.
Y, desde luego, los partidarios de la inmersión lingüística y de la exclusión del español en todos los ámbitos institucionales están supercómodos. Porque no son ni gobierno ni oposición, pero pueden atornillar al gobierno de Illa con un tema fundamental para ellos como es la lengua, sin tener que hacer ningún esfuerzo, nada más que amenazarle con no firmar presupuestos, no aprobar leyes o complicarles la vida.
- El mes pasado, AEB publicó un informe en el cual se denunciaban las directrices lingüísticas de las escuelas adheridas al programa ULAE ("Usos Lingüísticos en el Ámbito Educativo") de la Generalitat. ¿Este programa, que empezó con el Govern de ERC, sigue vigente?
Los centros ULAE nacieron coincidiendo con el rechazo del Tribunal Supremo al recurso de la Generalitat para impedir la aplicación de la sentencia del 25% de castellano en todo el sistema educativo. En aquellos días, el conseller Cambray decidió que había que crear unos grupos de trabajo porque el catalán “está en peligro de extinción”, y que su uso empeora día a día en los centros.
Lo que se pretendía con ese proyecto es que los centros fueran más conscientes de que la inmersión se tiene que cumplir a rajatabla, y aplicarse no sólo dentro del aula, sino también fuera, y en todos los ámbitos. No sólo a los que afecten a los alumnos, sino a las familias y a los docentes. Lo que empezó con un grupo de unos 200 centros, actualmente tiene más de 1.400. Es un proyecto del que no se sabe cuántos millones de euros se han empleado, pues no es transparente.
Eso ha servido como pretexto para que los centros que están en ULAE hagan, por ejemplo, encuestas a los profesores en las que, supuestamente de forma anónima, hablan del comportamiento lingüístico de sus compañeros de claustro; encuestas al alumnado en las que pueden decir anónimamente qué profesor habla o no catalán en clase, y si utiliza el castellano en los pasillos o con ellos. Y también le preguntan a las familias, alumnos y profesores sobre la lengua que usan fuera de la escuela.
Es decir, una Inquisición sobre los usos lingüísticos. Este proyecto nació dentro de un gobierno nacionalista, pero el señor Illa lo mantiene. Por tanto, no se ve ningún cambio. Y nosotros le pedimos a la consellera Niubó que nos demostrara un cambio. Que eliminen este proyecto, que dejen de invertir dinero en él. Preocupémonos por los problemas realmente graves que hay en la educación, que son muchos, y no dediquemos tiempo y recursos a acciones de control sobre la lengua que hablan los miembros de la comunidad educativa.
- El pasado diciembre fueron recibidos por la consellera Esther Niubó en la Generalitat. ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Adquirió algún compromiso?
La señora Niubó es amable de trato, educada, nos recibió y se reunió tres horas con nosotros. Hay una comunicación que en absoluto teníamos con ningún consejero anterior, pero no adquirió ningún compromiso.
Con todo, fue una reunión productiva, planteamos muchos temas, le sugerimos que muchos que ahora son motivo de conflicto tendrían una salida. AEB, en sus 11 años de historia, siempre ha demostrado sentido común. Sabemos que los cambios no se hacen de la noche al día, sino que existe un proceso, y entendemos que eso tiene unos pasos.
Y eso es lo que le pedíamos a Niubó: comience a dar pasos. Y la respuesta era siempre la misma: “nosotros, mientras no tengamos una decisión del Tribunal Constitucional sobre la inconstitucionalidad del decreto-ley de la Generalitat [de 2022], no podemos hacer nada”. Es una posición muy cómoda porque ¿quién sabe cuándo va a resolver el Constitucional ese tema? Puede ser mañana o dentro de seis años.
Por lo que rodea al Constitucional, no parece que actualmente se vayan resolver cuestiones que puedan perjudicar al Gobierno de España. Muchos pensamos que ese tema se va a dejar aparcado hasta que convenga, desgraciadamente. A pesar de que afecta a miles de alumnos, y a derechos lingüísticos y fundamentales de los catalanes.
El Govern ha creado una nueva conselleria de Política Lingüística, con Francesc Xavier Vila al frente, que ya estuvo en el anterior gobierno de ERC. ¿Eso dificulta el proceso para que las escuelas públicas puedan ser bilingües? ¿Acentúa la presión lingüística?
Vila es una persona defensora, no del catalán, sino de la exclusión del español en cualquier ámbito institucional, social, cultural y económico en Cataluña. Es el caballo de Troya del nacionalismo dentro del Gobierno del señor Illa. Igual que el comportamiento del PSC, y hablo sólo en ámbitos lingüísticos, es el caballo de Troya dentro de los que supuestamente no son nacionalistas, porque supuestamente el PSC no lo es (aunque su comportamiento prueba lo contrario).
Vila, en su forma de actuar, en sus declaraciones, y en la actividad de su conselleria, está dedicado a entorpecer cualquier intento de que la sociedad bilingüe que tenemos se vea reflejada en las instituciones.
Lo preguntaba, también, por si siguen activas iniciativas como los "buzones" de quejas lingüísticas en las universidades, surgidos en las pasadas legislaturas para evitar que haya profesores que cambien a otra lengua que no sea la prevista para en el plan docente de su asignatura
Todo esta activo, por eso digo: ¿qué ha cambiado realmente? No ha cambiado nada. Los padres que quieran bilingüismo tienen que ir a los tribunales. Empieza el curso 2024-2025 y, en septiembre, nos encontramos que varios centros, de pronto, han dejado de cumplir la sentencia individual del 25% de castellano. Ha habido padres que la tenían desde hace años y, al llegar septiembre, de pronto ven que se dejan de cumplir. Y entonces, tenemos que volver a reclamar, amenazar con ir a los tribunales -y ahí responde directamente el director de la escuela, con nombres y apellidos-.
Hacen exactamente lo mismo que hacían el curso anterior con la consellera Anna Simó, de ERC. ¿Por qué? No creo que la señora Niubó haya dicho “vamos a dejar de cumplir las sentencias del 25%”. Pero entiendo que ella está en lo alto de un departamento y que toda la pirámide hacia abajo ha sido construida durante años por el nacionalismo. Los inspectores de Educación tienen un corte nacionalista.
¿Ven relación entre los malos resultados educativos de Cataluña que revelan los informes internacionales PISA, PIRLS y TIMSS y la inmersión?
Sí. Lo creemos, y así se lo dijimos a la consellera Niubó. En ninguno de esos informes de estos dos últimos dos años hemos salido bien parados. Por tanto, aquí hay un problema de fondo, y muy grave. Existen muchas causas. No es la única ni la más inmediata, pero una de ellas es la inmersión. Porque si tienes a un porcentaje elevado de alumnos castellanohablantes, que son la mayoría, que no pueden estudiar en su lengua materna, se les está quitando una pata a la silla para que puedan estar cómodos, y continuar su formación con las mismas herramientas que sus compañeros catalanohablantes.
Un niño de tres años entra en el sistema educativo catalán con una mochila aprendida en casa del orden de 1.000 palabras. Y a ese niño, cuando llega a una clase de P3 en cualquier escuela de Cataluña, si es castellanohablante, se le pide que se olvide de esa mochila y empieza desde cero. Entonces, ese alumno ya empieza con una desventaja respecto a su compañero catalanohablante, que sigue sumando palabras a su mochila.
Aquí, desde el minuto uno, ya hay un desequilibrio. Y luego tenemos que los alumnos tienen diferente origen socioeconómico. Sus padres tendrán tiempo, o no, para estar con ellos para ayudarles con sus deberes, tendrán o no capacidad para poder darles un refuerzo desde casa, o económico para poder hacerlo con un profesor particular. Es decir, eso que el colegio debería dar, los padres muchas veces no lo tienen. Y para los alumnos de barrios obreros de Cataluña, que son mayoritariamente castellanohablantes, no estudiar en su lengua materna es una desventaja.
Por lo tanto, es comprensible que los resultados de PISA sean malos. Y que los datos de lectura de PIRLS también lo sean. En los datos de Matemáticas, por ejemplo, también afecta la lengua. Si tú no entiendes un enunciado, ¿cómo lo vas a poder responder? ¿Y quién lo va a entender mejor? ¿Si a un alumno castellanohablante le dan un enunciado en castellano, lo va a entender igual que si fuera en catalán? Es que es igual si fuera al revés.
Uno de los argumentos que se utilizan desde el nacionalismo para justificar la inmersión monolingüe en catalán, e intentar acentuarla si cabe, es que el catalán "está en peligro". ¿Ustedes creen que esto es cierto?
Se puede ver de dos formas. La primera sería decir que sí. Quien pone en peligro el catalán son quienes defienden la inmersión lingüística. Aquellos que excluyen el castellano de la escuela, de las instituciones; o quienes persiguen a los comerciantes por no rotular en catalán, que buscan que la gente denuncie a dependientas de panaderías, o a médicos en los CAP, por no usar el catalán. Ellos son los causantes más importantes de que haya un descenso en los jóvenes en el uso del catalán.
El peligro para el catalán son aquellos que lo pretenden imponer, y piensan que forzando su uso van a conseguir aumentarlo. Y que parten de la base de que la supervivencia del catalán únicamente se puede conseguir robando hablantes al castellano. Es que si te planteas esto como una guerra de lenguas, tienes las de perder. Porque tu metodología no es motivadora en absoluto, ni para estudiar el catalán ni para utilizarlo fuera del ámbito institucional.
¿Qué movimiento en la historia se ha conseguido forzando las cosas? Así siempre se ha conseguido el efecto contrario. Y mucho más en alumnos que crecen en Primaria con un cierre total al español; en Secundaria, ya es otro tipo de alumno que está en la adolescencia, más rebelde. Ese alumno dirá: ‘yo no uso el catalán fuera del ámbito escolar’. Por lo tanto, el peligro son ellos, su metodología, y forzar así.
- ¿Cuáles son en estos momentos los planes más inmediatos de AEB?
Hemos retomado el tema de la queja ante el Parlamento Europeo, porque es el salvavidas que nos queda ante unas instituciones, catalanas y del Gobierno de España, que nos ignoran. Pensamos que es la única opción para intentar mantener el tema en la agenda política y que continúe evidenciándose que esta situación en Cataluña es anormal, y que debe solucionarse de alguna manera.
Nosotros pensamos que la solución viene con una ley que regule, a nivel de toda España, las políticas lingüísticas de todas las autonomías. No se puede permitir que en una autonomía, gobierne quien gobierne, de repente excluya una lengua cooficial. Es como si pasado mañana un partido decidiera que no se puede estudiar en vasco. Tiene que haber un respeto al Estado de Derecho, unos mínimos y unos máximos, y sobre eso se tiene que regular. No podemos tener situaciones como las que se dan en España, de que en algunas comunidades autónomas es imposible estudiar en castellano.
Este es nuestro trabajo. Este, y el que desarrollamos dentro de Escuela de Todos, que es una plataforma de ámbito nacional, y desde donde intentamos concienciar a los partidos de que esta regulación es necesaria. Y que, cuanto antes se haga, mejor. Porque la guerra de lenguas no puede continuar. Se está utilizando políticamente desde hace muchos años y hay que ponerle fin.
Y todo esto lo hacemos sin ayudas, porque AEB sobrevive con las donaciones de sus socios, no recibe subvenciones, a diferencia de las entidades defensoras de la inmersión, que tienen hasta personal y equipos jurídicos. A nosotros no nos ayuda nadie.
Iñaki
Arteta: "Hay muchos profesores que vienen de ETA. Es como poner
pederastas en guarderías"
Nuria Richart.
libertad digital. 30
Marzo 2025
Charlar con Iñaki Arteta (Bilbao, 1959) es asomarse al estanque de la memoria de las víctimas de la banda terrorista ETA y del nacionalismo vasco. Víctimas de ambos. Arteta ha escuchado tanto, ha rodado tanto, ha escrito tanto, ha depurado tanto para intentar dar con la esencia del mal... Ha buscado la explicación a lo inexplicable que ha quedado dolorido de por vida. Todo para, como él dice, "dejarlo empaquetadito para las próximas generaciones".
En esta entrevista hablamos del documental que acaba de estrenar cuando se cumplen 30 años del asesinato del dirigente del PP Gregorio Ordóñez. Nos cuenta la intrahistoria de una película que dejó sin palabras al director, "se me saltaban las lágrimas con Ana Iríbar".
Con él reflexionamos sobre la situación actual con Bildu en el gobierno y etarras colocados como funcionarios. Hoy ven reforzadas y justificadas sus acciones criminales, "creo que los verdugos no han sufrido lo suficiente", asegura.
Los terroristas han tenido todas las oportunidades. Como sacarse hasta cinco carreras en la cárcel, con "exámenes a la carta, no presenciales". Ahora están trabajando en ayuntamientos, en la enseñanza. Dice el cineasta: "Hay muchos profesores que vienen de ETA. Es como poner pederastas en guarderías"
En su nuevo libro Bajo el silencio (Espasa) ha recopilado los testimonios que filmó para el documental homónimo: entrevistas con un párroco que abrió su iglesia para un asesinato, una concejala, un premiado escritor, un director de ikastola... Ninguno se arrepiente, lo justifica, y alguno enmudece ante las preguntas más sencillas como por qué respaldaron la violencia de ETA. "Una corrupción extraordinaria a nivel moral, contemporizar con el asesinato", dice el autor. Concluye, "no hubo piedad en su momento y no va a haberla ahora".
Avanza
la creación de la entidad regada con millones que actuará como
'policía del euskera' en los colegios
Maria Curiel.
el debate. 30
Marzo 2025
En diciembre de 2023, el Gobierno del País Vasco aprobó una ley educativa que contemplaba varios cambios respecto a la anterior, entre los que destacan la creación de varios organismos con el único objetivo de controlar «el buen uso» del euskera en los colegios.
Es el caso del Instituto para el Aprendizaje del Euskera y de las Lenguas, entidad que el Ejecutivo vasco ha regado con una primera partida de 23 millones de euros, de los que 16 irán únicamente destinados a sufragar los gastos de personal.
Según reza la citada norma, esta institución «tiene como misión principal tanto el tratamiento de las metodologías lingüísticas como la formación del profesorado, al objeto de reforzar su actitud, progreso e implicación lingüística, en función de las exigencias que el sistema educativo presente en cada contexto».
Este nuevo órgano al servicio de la inmersión lingüística en el País Vasco inspeccionará el uso del euskera en diferentes ámbitos dentro de la educación. En primer lugar, la ley contempla que el Instituto para el Aprendizaje del Euskera y de las Lenguas podrá elaborar el currículo vasco, así como organizar la producción del material escolar. Esto se traduce en que los libros de texto que acaben entre las manos de los niños estarán bañados de valores nacionalistas, supervisados por esta entidad que fomenta el euskera.
Ahora, la consejera de Educación, Begoña Pedrosa, ha explicado recientemente en sede parlamentaria que «el Instituto para el Aprendizaje del Euskera y de las Lenguas contribuirá a la construcción de un marco plurilingüe e intercultural centrado en el euskera y la cultura vasca».
«La educación vasca, sobre todo en lo que se refiere a la euskaldunización y a las políticas de inclusión, ha desempeñado en las últimas décadas una función transformadora y estructurante de una nueva realidad», ha esgrimido la consejera. En este sentido, ha explicado que «en la medida en que el sistema educativo es cada vez más diverso, hemos planteado nuevos retos y, en este momento, el reto que nos hemos planteado es conseguir una educación vasca, tanto plurilingüe como intercultural».
«El euskera es joven, las y los jóvenes saben más euskera» ha concluido. La consejera de Educación ha añadido que la mayor evolución se ha dado en los entornos castellanoparlantes, por lo que hoy en día el euskera es la segunda lengua de muchos jóvenes que no han aprendido euskera en sus hogares. De hecho, en estos momentos, seis de cada diez jóvenes menores de 30 años han estudiado euskera fuera de casa, casi todos gracias a la imposición de esta lengua en el sistema educativo. «Todo ello ha supuesto también una complejidad o diversidad de las personas que hablan euskera», ha explicado la consejera
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