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Los recortes de ayer al final de la página
Si te importa España,
diez acciones indispensables
Nota del Editor 1
Noviembre 2011
1ª la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.
2ª desmantelar el tinglado autonómico.
3ª deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política
4ª simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios
5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media
6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros
7ª arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad
8ª educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida
9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz
10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad
La
"normalización lingüística", una anormalidad
democrática. El caso gallego
Dedicado "A
todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para los idomas" Manuel
Jardón
Por
la normalización del español: El estado de la cuestion, una
cuestion de Estado.
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Del libro de Manuel Jardón
"A todos aquellos que piensan que
los
idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para
los idiomas"
Recortes de Prensa Domingo 30 Noviembre 2025
La "Pax Americana" en
Ucrania: Anatomía de una capitulación
Gustavo
de Arístegui, diplomático. la razon. 30 Noviembre 2025
La iniciativa diplomática presentada por la Administración estadounidense para detener la guerra en Ucrania no debe confundirse con un simple protocolo de alto el fuego; estamos ante una reconfiguración tectónica de la arquitectura de seguridad europea.
Este documento, nacido originalmente con 28 puntos y reducido cosméticamente a 18 tras las presiones de última hora en Ginebra, no es fruto del multilateralismo atlántico tradicional. Es el hijo bastardo de una convergencia de intereses entre el pragmatismo comercial de la nueva Casa Blanca y la paciencia estratégica del Kremlin. La inteligencia de fuente abierta nos ha revelado un hecho de gravedad inusitada: la colaboración directa en la redacción del borrador entre enviados estadounidenses y figuras clave del círculo íntimo de Vladimir Putin, como Kirill Dmitriev.
El resultado es un texto que, lejos de castigar la agresión, busca "congelarla" bajo términos que validan la adquisición territorial por la fuerza. Las implicaciones de este giro copernicano en la política exterior norteamericana trascienden las fronteras del Donbás; sus ondas de choque amenazan con fracturar la cohesión interna de Ucrania, desestabilizar el Cáucaso y enviar un mensaje peligroso a Pekín sobre el futuro de Taiwán.
La Génesis de la Capitulación: La "Doctrina Kellogg" y la conexión Rusa
El plan no surge del vacío, sino de la llamada "Doctrina Kellogg", formulada por el teniente general retirado Keith Kellogg y Fred Fleitz. Su premisa es de un cinismo quirúrgico: la guerra es un activo tóxico en el balance de Estados Unidos, un conflicto de desgaste sin un interés nacional vital que justifique su perpetuación.
La estrategia aplicada es coercitiva y dual. A Kiev se le presenta un ultimátum existencial: la ayuda militar continuará solo si se sienta a negociar su propia mutilación territorial. A Moscú se le ofrece la zanahoria del reconocimiento de facto y el palo de un rearme masivo ucraniano si rechaza el diálogo. Sin embargo, la verdadera alquimia diplomática ocurrió en las sombras. La confirmación de que Steve Witkoff, enviado de Trump, trabajó mano a mano con Dmitriev explica por qué el borrador original era, de hecho, una lista de deseos del Kremlin mal traducida al inglés.
Esta autoría conjunta ha generado cláusulas que son verdaderas "píldoras venenosas" para la soberanía ucraniana. Aunque la versión revisada de 18 puntos eliminó las demandas más duras —como la retirada unilateral de las "ciudades fortaleza" que Ucrania aún defiende o el retorno de Rusia al G8—, el núcleo del acuerdo permanece intacto: la congelación del conflicto en las líneas actuales y la neutralidad forzada de Ucrania.
Las Líneas Rojas: Amnistía y soberanía limitada
Quizás el aspecto más corrosivo del plan desde una perspectiva moral y jurídica es la insistencia en una "amnistía total" para las acciones durante la guerra. En el lenguaje aséptico de la diplomacia, esto significa impunidad. Para la sociedad civil ucraniana, para los sobrevivientes de Bucha y Mariúpol, y para los defensores del derecho internacional, esto constituye una aberración. La idea de que los crímenes de guerra son simplemente una herramienta más de la política exterior, perdonables si el precio es correcto es, desde todo punto de vista, execrable.
Simultáneamente, la exigencia de que Ucrania renuncie a sus aspiraciones atlánticas a cambio de garantías de seguridad bilaterales evoca los fantasmas del Memorándum de Budapest de 1994. Una neutralidad sin una capacidad de disuasión autónoma y robusta —como la que posee Israel o Corea del Sur— condena a Ucrania a ser un estado tapón, una zona gris perpetuamente vulnerable a la coerción política de Moscú. La "finlandización" forzada en el siglo XXI no trae seguridad; trae sumisión y será, sin duda, la base de un nuevo conflicto más devastador.
El Negocio de la Reconstrucción: ¿Ayuda o expolio?
Donde el plan abandona cualquier pretensión de altruismo, es en su vertiente económica. La propuesta de utilizar 140.000 millones de euros de activos rusos congelados para la reconstrucción viene acompañada de una cláusula inédita: Estados Unidos se reservaría el 50% de los beneficios generados por este fondo.
Estamos ante la privatización de la posguerra. Este enfoque transforma la ayuda internacional en una operación de capital privado (private equity) con tasas de retorno depredadoras. La reconstrucción de la red eléctrica, de las escuelas y hospitales ucranianos quedarían subordinados a la generación de dividendos para los patrocinadores de la iniciativa tanto públicos como privados.
Los críticos no se equivocan al tildar esto de neocolonialismo; es un modelo que amenaza con sumir a Ucrania en una trampa de pobreza crónica, dando prioridad al lucro de los actores externos sobre la viabilidad económica y social del país. Además, crea una fricción ineludible con la Unión Europea, que alberga la mayoría de estos activos y que se resiste a violar sus propios principios legales para financiar un esquema que beneficia desproporcionadamente a Washington.
El Frente Interno: El riesgo de implosión en Kiev
La aceptación de este plan coloca al presidente Volodímir Zelenski en una situación de peligro extremo. Su mandato se ha construido sobre la promesa de la victoria total y la integridad territorial. Firmar un acuerdo que ceda el 20% del país y perdone a los criminales de guerra sería visto por vastos sectores de la sociedad, y crucialmente por el estamento militar, como un acto de alta traición.
El riesgo de una fractura en la cadena de mando es real y palpable. Comandantes de unidades de élite, como los de la Brigada Azov, ya han calificado las concesiones territoriales y la reducción de tropas como una "capitulación humillante e inaceptable". La historia nos enseña que los ejércitos que se sienten traicionados por sus políticos en la mesa de negociación son el caldo de cultivo perfecto para la insubordinación o el golpismo.
Paralelamente, el plan abre la puerta a la reactivación política de facciones prorusas. Figuras como Yuriy Boyko y el entorno de Viktor Medvedchuk, agazapados durante la guerra, están reemergiendo. Utilizan el cansancio bélico y la retórica de la "paz pragmática" para situar como alternativas a un nacionalismo que, según ellos, ha llevado al país a la ruina. La convergencia de un nacionalismo militarizado y radicalizado por la "traición" de Occidente, frente a una quinta columna revigorizada y financiada por el Kremlin, podría arrastrar a Ucrania a un escenario de guerra fría civil, completando así el objetivo estratégico de Putin de desmantelar el estado ucraniano desde dentro.
El Cinturón de Inestabilidad: Georgia y Moldavia
Las consecuencias de esta claudicación no se detendrán en el Dniéper. En el espacio postsoviético, la debilidad se paga cara. Un acuerdo que valide las ganancias territoriales rusas enviará un mensaje devastador a Georgia y Moldavia.
En Tiflis, el partido gobernante Sueño Georgiano ya utiliza el ejemplo de Ucrania como una herramienta de propaganda del miedo: "paz con Rusia o destrucción total". La validación internacional de la estrategia rusa consolidaría el giro autoritario de Georgia, permitiendo a Moscú afianzar un gobierno títere de facto que elimine cualquier aspiración euroatlántica.
Moldavia, por su parte, quedaría en una situación de orfandad geopolítica. Sin el escudo ucraniano y con la amenaza latente de Transnistria, el gobierno pro-europeo de Chisináu se vería sometido a una presión insoportable. La estrategia rusa de "zona gris" —desestabilización híbrida, corrupción de élites y amenaza militar— se vería legitimada como una herramienta eficaz y tolerada por Occidente.
La Dimensión Global: El precedente para China y Taiwán
Finalmente, debemos elevar la mirada hacia el Indo-Pacífico. En Pekín, los estrategas del Partido Comunista Chino están tomando notas minuciosas. La guerra en Ucrania ha sido observada como un laboratorio para una eventual operación sobre Taiwán. Si la comunidad internacional acepta un acuerdo de "tierra por paz" en Europa, se establece un precedente jurídico y político nefasto.
Para China, esto valida la tesis de que Occidente, a pesar de su retórica, es adverso al riesgo y finalmente aceptará los hechos consumados si la guerra se prolonga lo suficiente. La narrativa de que las democracias carecen de "resistencia estratégica" se vería reforzada. Esto podría alterar el cálculo de riesgo de Xi Jinping, incentivando una postura más agresiva hacia la isla rebelde, bajo la asunción de que una operación rápida seguida de una negociación desde la fuerza es una estrategia viable.
Para Taiwán, Japón y Corea del Sur, la lección sería igualmente tan dramática como aterradora: las garantías de seguridad estadounidenses son condicionales y, en última instancia, transaccionales.
Conclusión: El precio de la falsa paz
El "Plan de Paz" estadounidense de noviembre de 2025 no es un triunfo de la diplomacia; es la codificación de la fatiga occidental. Al priorizar una salida rápida y beneficios económicos a corto plazo, Washington está cometiendo el error clásico de confundir la ausencia de combate con la paz.
Lo que se propone es una pausa estratégica que permitirá a Rusia rearmarse, digerir sus conquistas y prepararse para el siguiente asalto, mientras Ucrania se consume en recriminaciones internas y pobreza. Es un retorno a la política de esferas de influencia del siglo XIX, disfrazada con el lenguaje corporativo del siglo XXI.
Las alternativas existen. Pasan por alinear la propuesta con el marco europeo de "paz con justicia", rechazar la amnistía, utilizar los activos rusos como reparaciones y no como inversión especulativa, y ofrecer garantías de seguridad blindadas que disuadan verdaderamente la agresión. Pero esto requiere una voluntad política que hoy parece ausente en Washington.
Si este plan se implementa tal cual, la historia no recordará a sus autores como pacificadores, sino como los arquitectos de un orden internacional más cínico, más inestable y, paradójicamente, más propenso a la guerra. La realpolitik, cuando se divorcia de los valores, deja de ser realista para convertirse simplemente en complicidad. Y en las estepas de Ucrania, esa complicidad se pagará, una vez más, con la libertad de una nación.
sacrifios y pérdidas
¿Crees
que Rusia está ganando en Ucrania? Putin te engaña como quiere
hacer con Trump
Moscú necesita vender que su avance
es implacable para forzar la capitulación de Ucrania ante un
hipotético acuerdo de paz. Los datos, sin embargo, cuentan otra
realidad
Fermín Torrano. el confidencial. 30
Noviembre
2025
Quizás no lo parezca, pero nos encontramos ante un nuevo fracaso ruso. Este jueves terminó el plazo que Donald Trump inicialmente concedió a Volodímir Zelenski para llegar a un acuerdo de paz que no se ha firmado. Un ultimátum que constató la debilidad de Ucrania en las negociaciones, pero que destapó también la incapacidad de Vladímir Putin para obtener su gran victoria sobre Kiev. No son pocas las derrotas que el Kremlin acumula este año en el frente y los despachos. En el campo de batalla, los sacrificios y pérdidas rusas no han logrado alcanzar sus objetivos autoimpuestos. El Donbás no ha caído, las líneas ucranianas están lejos del colapso, y Pokrovsk, principal ambición de Moscú pese a su tamaño modesto (70.000 habitantes antes de la invasión), sigue en disputa tras un año de duros combates. En el terreno diplomático las cosas tampoco van mejor para Moscú. En esta partida de cartas en la que se ha convertido la relación a tres entre Trump, Putin y Zelenski, el mandatario ruso solo puede ir de farol. Incapaz de forzar militarmente la capitulación de Ucrania, su estrategia pasa por instigar el abandono estadounidense para debilitar a Kiev. Sus estrategias son variadas, mediáticamente exitosas y cuentan con el apoyo de un importante sector en la Casa Blanca. Sin embargo, un repaso a este 2025 revela que el Kremlin no ha mejorado su posición. Empecemos por el principio. La toma de posesión de Donald Trump en enero, el intento de humillación a Zelenski en el despacho Oval pocas semanas después, la pausa de la inteligencia militar a Kiev en la retirada estrepitosa de Kursk o las treguas forzadas por el Kremlin en primavera, trastocaron los planes de Ucrania en los primeros meses de 2025. Moscú intentó aprovechar la situación para expulsar a Zelenski de la negociación, pero la apuesta no funcionó.
De la mano de Europa, el mandatario ucraniano jugó a contentar a Trump. A dar las gracias, poner buena cara y decir a todo que sí. Washington podía marcharse, pero al menos que no fuera por un error ucraniano. Un tiempo útil que Ucrania ha utilizado para firmar acuerdos militares con las principales capitales europeas y para expandir una industria de defensa interna que ya produce misiles de largo alcance y más de la mitad del armamento militar utilizado en el frente. Meses críticos en los que Kiev también ha aprendido a imitar a Moscú. La destrucción sistemática de fábricas, plantas de energía y refinerías de petróleo ha llevado la guerra al territorio ruso y debilitado su capacidad económica, como lleva haciendo Putin cuatro años en Ucrania. Kiev también ha copiado la estrategia viperina de susurrar al oído, trabajándose a figuras cercanas al magnate estadounidense. Su mujer, su pastor, influencers conservadores y miembros del Partido Republicano descontentos con el giro de la política exterior estadounidense son un objetivo prioritario para influir en Washington y evitar un acuerdo de paz recibido por muchos en Ucrania como una capitulación forzada.
"O perdemos nuestra dignidad o corremos el riesgo de perder a un socio clave", resumió Volodímir Zelenski en un vídeo a la nación, al explicar la magnitud del momento. Las condiciones del plan de paz filtrado eran un chantaje imposible de asumir para Ucrania y para una élite política consciente del suicidio político de aceptarlo. Las conversaciones entre estadunidenses y rusos expusieron también las grietas de la administración Trump. Una diplomacia caótica por la división interna entre posiciones clásicas de la derecha estadounidense y el núcleo complaciente con Moscú. Es justo ahí donde Rusia intenta pescar, proyectando poder para convencer a Donald Trump de que no existe alternativa a la victoria de Moscú. Las últimas declaraciones del magnate se alinean con la visión rusa de la guerra ("Ucrania perderá el Donbás en un corto periodo de tiempo"). Sin embargo, un ejercicio de memoria en los primeros meses de su segundo mandato constata que más que un último giro de opinión, es su posición firme desde la campaña electoral, cuando prometió terminar con la guerra en 24 horas. Sus actos, por el contrario, no son siempre tan complacientes con el Kremlin. EEUU no ha cortado el flujo de inteligencia militar, permite la utilización de armamento estadounidense en suelo ruso y continúa vendiendo equipo militar a los socios de Kiev. Todo mientras un sector creciente de su partido defiende públicamente la defensa de Ucrania, tras meses de silencio por miedo a represalias.
Según la última encuesta del think tank estadounidense Vanderberg Coalition, tan solo el 16% de los votantes republicanos están a favor de que Ucrania renuncie a su propio territorio a cambio de la paz. Cuatro de cada cinco apoyan a Kiev y un número similar pide mayores sanciones para Moscú. Las cifras deben verse con cautela ya que, aunque conservador, este grupo analista no es el más cercano a Trump y a su estrategia internacional. Sin embargo, refleja una tendencia visible política y mediáticamente en el seno del partido republicano. Fracasos que el Kremlin intenta sepultar con propaganda y terror: bombardeos masivos en Kiev y la narrativa de que avanza en el Donbás. ¿Pero cuánto? Esa es la gran pregunta. En lo que llevamos de 2025, Moscú ha conquistado menos del 1% de Ucrania. Es decir, cerca de 5000 km², o un territorio similar a La Rioja, aunque sin ninguna gran ciudad. Para lograrlo, los analistas militares estiman 200.000 bajas, entre muertos y heridos de gravedad. Una cifra tres veces superior a la sufrida por la URSS en la derrota de Afganistán, aunque todavía rentable para Putin, ya que, como muestran hechos y declaraciones, esta invasión nunca fue por territorio.
Una guerra contra el reloj
Desde el fiasco de la ‘operación relámpago’ en Kiev, la disputa en Ucrania no versa sobre kilómetros, sino tiempo. Una batalla en la que Rusia apuesta por el abandono occidental de Kiev. Pero incluso en este escenario tan favorable para sus intereses como el de este 2025, Moscú no ha logrado decantar la balanza hacia sus objetivos. Sí ha conseguido aumentar la sensación de victoria imposible para Ucrania y todo apunta que los esfuerzos de su aparato de información van a continuar. No es casual la correlación entre los picos de propaganda y desinformación rusa y los atascos en el frente de las tropas de la ‘Z’. Pasó en Kiev, Bajmut, Avdiivka y ahora Pokrovsk. También entre diciembre de 2024 y mayo de 2025, cuando Rusia redujo drásticamente sus avances en el Donbás, al centrarse en Kursk. El fracaso de su plan de 28 puntos pronostica nuevas campañas utilizando cada elemento desestabilizador, como los recientes casos de corrupción alrededor de Zelenski. La otra imagen que muestra los esfuerzos baldíos en el frente y la necesidad rusa de resquebrajar la confianza y unidad del bloque occidental respecto a Zelenski es el pírrico avance en términos totales desde el primer verano de la invasión. Entre agosto de 2022 y noviembre de 2025, Rusia tan solo ha conquistado menos del 2% de Ucrania. La cifra tiene algo de trampa porque incluye las reconquistas territoriales ucranianas de Járkiv y Jersón en otoño de 2022. Sin embargo, es gráfica y visualiza la verdadera situación de Putin en el conflicto. Una realidad que Zelenski trató de hacer ver con un enorme mapa en su visita veraniega a la Casa Blanca.
Pero ni datos ni cortejos funcionan con el republicano. Trump da una de cal y otra de arena en lo referente a la invasión. Si un día llama "loco" a Putin, tras bombardear Kiev, y saca pecho de las sanciones al petróleo ruso, otro acusa al líder ucraniano de ser un "desagradecido". En Europa, los vaivenes del presidente estadounidense obligan a avanzar con pies de plomo para evitar su retirada de Ucrania –o retrasarla al máximo–, e impedir que la visión rusa guíe la agenda estadounidense. Solo así se explican las concesiones europeas en los aranceles o la visita conjunta a la Casa Blanca de un nutrido grupo de líderes europeos el pasado agosto. "Todavía tenemos que pasar de un escenario en el que Rusia finge negociar a otro en el que necesite negociar", señaló Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, este miércoles. A las puertas del quinto año de invasión, Moscú es todavía incapaz de ganar en el campo de batalla y en los despachos. Pero Ucrania necesita que se lo crea Donald Trump.
Mantener 3 prioridades
28
pasos para la próxima guerra: Qué debería hacer Europa ante un mal
acuerdo sobre Ucrania
El plan de 28 puntos de Donald
Trump para poner fin a los combates en Ucrania sería un resultado
soñado para el Kremlin. Así es como los europeos pueden asegurarse
de que no se convierta en la pesadilla de su continente
Jana
Kobzova*. el confidencial. 30 Noviembre
2025
Por el lado positivo, el plan de paz entre Ucrania y Rusia presentado por el gobierno estadounidense a principios de esta semana demuestra que el presidente Donald Trump sigue comprometido con lograr un acuerdo.
Por el lado negativo, sin embargo, la lista es bastante más larga. Aparentemente elaborado por los enviados estadounidenses y ruso Steve Witkoff y Kirill Dmitriev —aunque la autoría exacta sigue poco clara—, el acuerdo atravesaría una serie de líneas rojas mantenidas durante mucho tiempo en Europa y, hasta hace poco, también en EEUU ¿Que las fronteras no pueden cambiarse por la fuerza? ¿Que todos los países son igualmente soberanos y libres de elegir sus socios extranjeros y alianzas? ¿Que ningún tercero debería tener derecho de veto sobre quién puede ser miembro de la OTAN? Todo ello desaparece en los 28 puntos compartidos por funcionarios estadounidenses, que parecen basarse en otra afirmación: los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben.
Pero más que los principios está en riesgo la práctica. En la práctica, el acuerdo crearía una amenaza material para la existencia independiente de Ucrania: desde limitar el número de efectivos de sus Fuerzas Armadas hasta obligar a Kiev a abandonar los territorios que aún controla en las provincias de Lugansk y Donetsk y reconocer el control ruso sobre ellos. La retirada ucraniana del Donbás y la desmilitarización de esa región crearían las condiciones ideales para que Moscú ataque de nuevo a Ucrania dentro de unos años. Despojaría a Kiev de su "cinturón fortaleza" defensivo en el Donbás. Y enviaría una poderosa señal de impunidad al establecer una amnistía que negaría justicia a las víctimas ucranianas de los crímenes de guerra rusos. En pocas palabras: levantaría un enorme cartel orientado hacia el este que diría "vuelvan pronto" sobre todo el país.
Algunos en Europa cuestionan cuánto importaría esto para la seguridad del resto del continente. En realidad, bastante: la propuesta vincula su veto a la entrada de Ucrania en la OTAN (que el acuerdo escribiría en la Constitución del país) a la paralización total de cualquier futura ampliación de la OTAN. Eso afectaría no solo a los estados candidatos actuales como Bosnia y Herzegovina, sino también a los que tienen un debate abierto sobre su neutralidad y una posible solicitud de adhesión a la OTAN, como Austria o Moldavia.
Otros cambios codificados en el acuerdo propuesto están redactados de forma más sutil. Acordar que "aviones de combate europeos estarán estacionados en Polonia" sugiere que los estadounidenses —desplegados bajo esta o futuras administraciones de EEUU— no podrán estar allí. Proponer un nuevo pacto entre Rusia, Ucrania y Europa que resuelva "todas las ambigüedades de los últimos 30 años" evoca las exigencias de Moscú de alejar la infraestructura de la OTAN de sus fronteras occidentales tanto como sea posible, eliminando de hecho la capacidad de disuasión de la alianza en su flanco oriental. Todo esto establecería precedentes peligrosos que afectarían a toda Europa. La capacidad de los europeos para revisarlo determinará no solo el futuro de Ucrania, sino también el del resto del continente.
1. Los supuestos arquitectos del acuerdo, Witkoff y Dmitriev, son ambos inversores inmobiliarios sin experiencia en derecho internacional ni en normas globales. Ambos sirven a líderes autoritarios sensibles a perder prestigio.
2. En esos orígenes yacen debilidades que los europeos pueden explotar: Vladímir Putin aún no ha aceptado plenamente el texto (llamándolo una "base" para un acuerdo). Tal vez porque el Kremlin duda de la capacidad de la administración Trump para cumplir sus promesas, o porque teme que Dmitriev, como hombre de negocios, se haya centrado más en cuestiones comerciales que en las de seguridad que más importan a Putin.
3. También parece haber dudas en el lado estadounidense.Algunos republicanos ya han criticado el acuerdo preliminar. Tan imprevisible como siempre, el propio Trump lo ha descrito como no siendo la "oferta final".
Trump y el canciller alemán Friedrich Merz han acordado un grupo de trabajo para revisar el texto del acuerdo, y asesores del E3 se reunieron con ucranianos y estadounidenses durante el fin de semana del 23 de noviembre —lo que demuestra que aún queda tiempo para que los europeos influyan en los términos finales—. Hay una oportunidad para lograrlo, si están lo suficientemente enfocados y unidos.
Ceci n’est pas un deal
Existe, entonces, una oportunidad: la posibilidad de que ucranianos y europeos le digan a Trump "sí, pero". Han aprendido por experiencia que es mejor decir esto e intentar cambiar la opinión del presidente estadounidense entre bastidores.
Pero la duración de esa oportunidad podría ser breve. Pese a las objeciones dentro del propio aparato estadounidense, la administración Trump ha dejado claro que tiene prisa por lograr un acuerdo y que Kiev no debe esperar uno mejor si intenta aguantar. Tras esto subyace una amenaza implícita pero grave: Estados Unidos podría detener su apoyo de inteligencia, reconocimiento y vigilancia a Ucrania, con implicaciones inmediatas y graves para la capacidad de Kiev de defenderse o golpear objetivos dentro de Rusia.
En los próximos días y semanas, los europeos intentarán mejorar el acuerdo final respecto al actualmente propuesto. Mientras lo hacen, deben adoptar estas tres prioridades:
1. Cuestionar el juicio de Estados Unidos sobre la trayectoria de la guerra
De las declaraciones estadounidenses sobre el acuerdo propuesto, está claro que Washington cree que la posición de Rusia no empeorará en los próximos meses, mientras que la de Ucrania se deteriorará. Este análisis corre el riesgo de convertirse en fatalismo, y los europeos pueden ayudar a combatirlo debilitando a Rusia económica, militarmente y en el propio campo de batalla.
2. Económicamente
Europa puede seguir rastreando y sancionando la "flota en la sombra" de Rusia —sus buques de transporte con identidades ocultas— mucho más exhaustivamente de lo que lo hace ahora. Eso recortaría los ingresos petroleros del país y, por tanto, su presupuesto militar. La UE debe intensificar las inspecciones de barcos sospechosos en aguas territoriales de los Estados miembros y adelantar sus planes para prohibir más buques de la flota en la sombra.
3. Militarmente
Europa puede hacer más para interrumpir la infraestructura bélica rusa. Las necesidades de Ucrania son amplias, pero una cosa marcaría una diferencia particular. En los últimos meses, Kiev ha aumentado sus ataques dentro de Rusia, incluidos los dirigidos a instalaciones de refinado de petróleo, socavando el intento del Kremlin de proteger a su población del impacto de la guerra y limitar la reacción interna. Actualmente, los ataques ucranianos se producen aproximadamente cada dos semanas, un intervalo lo suficientemente largo como para permitir reparaciones rápidas. Europa podría permitir a Ucrania reducir drásticamente esos intervalos proporcionando artillería adicional de largo alcance y apoyo para la capacidad de producción propia de Ucrania.
En el campo de batalla , Europa puede garantizar la capacidad crucial de Ucrania para seguir defendiéndose mientras se negocia con Rusia. En los últimos meses se ha hablado mucho de los sorprendentes avances ucranianos en drones. Pero, a medida que llega el invierno y empeora el tiempo, su uso disminuye y la necesidad de artillería —incluidos sistemas de calibre 155 mm— se vuelve más aguda. Proporcionar más suministros ahora ayudaría a Kiev a mantener la línea y negar avances a Moscú, cuestionando la percepción de Trump sobre la trayectoria de la guerra. Europa también puede ayudar a Ucrania a ser más autosuficiente en componentes de drones: aunque aún compra algunos en China, varias empresas ucranianas confirman en privado que ya producen hasta el 80% ellas mismas—y podrían producir más con el apoyo adecuado.
Los líderes europeos que hablen con Trump no deberían presentar estas medidas solo como posibilidades, sino como compromisos que se llevarán a cabo independientemente de lo que haga EE. UU.. Solo así tendrán alguna posibilidad de cambiar la percepción estadounidense sobre las perspectivas de Ucrania.
Usar todas las fichas de negociación disponibles
Un acuerdo entre Estados Unidos y Rusia hará que muchos europeos se sientan impotentes. Pero deben resistir esa reacción. El continente tiene una importante capacidad de presión, y debe usarla al máximo.
Naturalmene, esto incluye el apoyo financiero europeo a Ucrania, que ahora supera ampliamente al estadounidense. Pero el núcleo de esta influencia son los activos rusos congelados. El acuerdo entre EEUU y Rusia propone transferir 100.000 millones de dólares de esos activos a un fondo de reconstrucción ucraniano controlado por ambas potencias externas. Pero de los activos congelados, EEUU posee no más de 5.000 millones, mientras que Europa posee casi 200.000 millones. Así que el plan de Trump, incluso en su forma actual, requeriría cooperación europea.
Las conversaciones de la UE sobre el uso de esos activos están actualmente estancadas debido a la oposición de Bélgica, donde se encuentran muchos de ellos, y cuyo gobierno teme repercusiones legales si se confiscan. El alemán Merz, en cambio, está empleando capital político real para defender su uso en apoyo de Ucrania.
Europa puede influir de manera significativa en el acuerdo propuesto si actúa rápido. Eso significa que Merz y otros deben lograr un acuerdo que supere las preocupaciones belgas. Deben vincular esta acción a un escrutinio crítico de la dimensión comercial de la propuesta estadounidense-rusa, insistiendo en que la opinión pública europea podría aceptar usar los activos rusos congelados en Europa para estabilizar Ucrania o compensar el gasto europeo en defensa del país—pero no aceptaría que generen mega-beneficios para inversores estadounidenses.
Asimismo, los europeos deben explicar con más claridad su compromiso con las garantías de seguridad para Ucrania en caso de paz.
Acudir a la mesa con líneas rojas claras que defiendan la soberanía europea
La cooperación europea con cualquier acuerdo de paz sobre Ucrania debe estar condicionada a una serie de líneas rojas que protejan la soberanía del continente. El punto de partida de los europeos debe ser que no reducirán su apoyo a Ucrania ni aceptarán concesiones sobre Ucrania si el acuerdo debilita su propio derecho a proteger la seguridad europea.
Por lo tanto:
Las decisiones sobre qué aviones de combate se despliegan en territorio europeo se tomarán en los propios estados europeos democráticos, no en Washington ni en Moscú.
Del mismo modo, los cambios constitucionales en los países europeos se decidirán dentro de esos países, no se les impondrán desde fuera.
Europa no aceptará el precedente de que potencias externas establezcan límites al tamaño de las fuerzas armadas de un país europeo.
Tampoco reconocerá cambios territoriales logrados por la fuerza, entre otras cosas porque hacerlo podría desestabilizar no solo Ucrania, sino también los Balcanes Occidentales.
Donde los funcionarios y propagandistas rusos despotrican sobre el supuesto "régimen nazi" en Kiev, los europeos juzgarán a los gobiernos socios según las convenciones pertinentes de la ONU y del Consejo de Europa, no según los prejuicios o insultos de otros.
La propuesta estadounidense-rusa plantea muchas otras preguntas. Pero lo que más le falta es una respuesta a la siguiente: ¿qué está realmente dispuesto a ofrecer EE. UU., más allá de actuar como mediador de una capitulación ucraniana, para garantizar la paz?
Puede sonar irónico, pero no lo es. Esta es la pregunta fundamental para Kiev y sus respaldos europeos mientras la administración Trump avanza hacia una entrega a Moscú. EE. UU. ya ha reducido su apoyo a Ucrania. Europa, por su parte, ha ayudado a llenar ese vacío, aunque haya sido irresponsablemente lenta en invertir en Ucrania y en su propia defensa.
Entonces hoy, ¿qué está poniendo realmente EE. UU. sobre la mesa? ¿Qué hará Trump si Ucrania acepta el plan? ¿Cómo garantizará que el país no enfrente una guerra nueva y aún mayor dentro de unos años? Estas son las preguntas que los europeos deben plantearse al responder a un mal plan estadounidense que definirá el futuro de su propio continente. Han sido demasiado lentos. Su poder es menor del que debería ser. Pero sí tienen capacidad de actuación, y deben usarla.
Se dice que Dean Acheson, secretario de Estado estadounidense, proclamó lo siguiente sobre la guerra de Vietnam: "Es peor que inmoral, es un error". El acuerdo estadounidense-ruso tal como está sería exactamente eso.
Por supuesto que sería inmoral: transmitir al mundo que la soberanía democrática y la autodefensa pueden ser anuladas con pocas consecuencias duraderas. Pero, además, sería un error. Envalentonaría a una Rusia endémicamente revisionista, enseñándole las peores lecciones posibles. Debilitaría a Europa en su conjunto. Cambiaría una mala guerra ahora por una peor dentro de unos años. Los europeos y ucranianos pueden evitar esa próxima guerra—si actúan juntos ahora.
*Análisis publicado originalmente en inglés en el European Council on Foreign Relations por Jana Kobzova titulado 'What Europe should do about a bad Ukraine deal'
Un bombardeo
ruso alcanza un edificio residencial en la región de Kiev y deja un
muerto y once heridos
Este nuevo ataque sigue al que
se produjo este sábado, que fue de carácter masivo porque se usaron
más de medio millar de drones y decenas de misiles, y que causó en
Kiev tres muertos y 37 heridos
Carlos Garcés. Madrid. el mundo.
30 Noviembre
2025
Nueva noche de ataques rusos en Ucrania, en esta ocasión centrados en la región de Kiev, donde un bombardeo con drones ha alcanzado un edificio residencial de la localidad de Vyshgorod. Al menos una persona ha muerto y otras 11 han resultado heridas, seis de las cuales, entre las que se encuentra un niño, han tenido que ser hospitalizados.
El ataque ocurrió un día después de que las fuerzas rusas lanzaran drones y misiles contra Ucrania entre el viernes y el sábado, en un bombardeo masivo que provocó la muerte de tres personas y dejó a cientos de miles de ucranianos sin electricidad.
Mientras tanto, en la vía diplomática, un equipo de negociadores ucranianos viajó este sábado a Estados Unidos para discutir un plan de Washington para poner fin a la guerra, anunció el presidente Volodimir Zelenski. La propuesta original de Estados Unidos, elaborada sin aporte de los aliados europeos de Kiev, habría reconocido a las regiones ucranianas de Donetsk, Crimea y Lugansk como parte de Rusia. Estados Unidos luego dio marcha atrás ante las críticas de Ucrania y Europa, aunque no está claro el contenido de la nueva propuesta.
9:11
Ucrania se responsabiliza del ataque a dos petroleros de la "flota en la sombra" rusa
Ucrania se ha responsabilizado del ataque que sufrieron el pasado 28 de noviembre dos petroleros que se dirigían al puerto ruso de Novorosíisk, en el Mar Negro, que fue llevado a cabo con drones navales, informa Efe.
Según informa el diario Kyiv Independent, que cita a una fuente del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), drones navales ucranianos Sea Baby atacaron el 28 de noviembre dos petroleros rusos sancionados, Kairos y Virat, que quedaron inutilizados.
El Gobierno de Kiev afirma que estos dos petroleros pertenecen a la flota rusa en la sombra, que son buques operados por Rusia para evadir las sanciones promulgadas en 2022 contra el petroleo ruso.
8:37
Ucrania derriba un centenar de drones rusos durante la madrugada
La Fuerza Aérea de Ucrania derribó 104 drones que Rusia lanzó contra su territorio en un ataque desarrollado en la noche del sábado a este domingo en el que al menos una persona ha muerto y once han resultado heridas en la localidad de Vishgorod, en la región de Kiev, informa Efe.
Según un comunicado de la Fuerza Aérea de Ucrania publicado en su canal de Telegram, los 104 drones eran de tipo 'Shahed', de tecnología iraní, Gerbera y de otros modelos, y fueron derribados en norte, sur y este del espacio aéreo ucraniano.
Los militares ucranianos registraron 18 impactos de drones y de misiles balísticos en trece puntos del país, según el parte.
También hubo dos impactos debidos a la caída de fragmentos de sistemas de ataque rusos derribados.
8:00
Kazajistán critica a Ucrania por el ataque con drones al terminal de petróleo del CPC
Kazajistán criticó a Ucrania el domingo por un ataque con drones al terminal del Mar Negro del Consorcio del Oleoducto Caspio (CPC), que maneja más del 1% del petróleo global, informa Reuters.
El CPC informó el sábado que había suspendido sus operaciones después de que un amarre en su terminal del Mar Negro fuera significativamente dañado por un ataque de drones navales ucranianos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Kazajistán expresó su protesta "por otro ataque deliberado a la infraestructura crítica del Consorcio Internacional del Oleoducto Caspio en las aguas del Puerto de Novorossiysk".
"Este incidente marca el tercer acto de agresión contra una instalación exclusivamente civil cuya operación está protegida por las normas del derecho internacional", indicó el ministerio.
Ucrania
golpea a la "flota fantasma" rusa en el Mar Negro: dos
petroleros son atacados por los Sea Baby
Carmen
Oporto. la razon. 30 Noviembre
2025
Ucrania estaría detrás de los ataques contra petroleros registrados en la madrugada del sábado en frente a la costa turca del mar Negro. El Ministerio de Comunicaciones e Infraestructuras del país confirmó a través de X hasta dos impactos en una de las embarcaciones, el Virat, de 250 metros de eslora, y que navegaba bajo bandera de Gambia. "No hay fuego a bordo y los tripulantes están bien. Los equipos de rescate se mantienen a cierta distancia del buque por motivos de seguridad. El buque se mantiene en condición estable", indicaron a través de un comunicado.
El segundo de los petroleros afectados se trata del Kairos, con 274 metros de eslora. Como recoge EFE, fue atacado el viernes mientras navegaba a 28 millas de la costa turca. La Dirección Marítima de Turquía aseguró que un "factor externo" había declarado un incendio en la embarcación, provocando que sus 25 tripulantes fueran evacuados durante la madrugada por servicios de rescate. El fuego se extinguió unas horas después, y no hubo que lamentar heridos.
Un funcionario del Servicio de Seguridad de Ucrania aseguró a Reuters que tanto el Kairos como el Virat no transportaban carga en esos momentos, y se dirigían hacia Novorossisyk, una importante terminal petrolera rusa. Los ataques habrían sido perpetrados con los drones navales de fabricación nacional Sea Baby y según ha explicado la fuente ucraniana la operación forma parte de los intentos de la inteligencia del país de tomar "medidas activas para reducir la capacidad financiera de Rusia para librar una guerra contra Ucrania".
Barcos sancionados
Pese a las sanciones, es sabido que Rusia sigue comerciando petróleo con la conocida como "flota fantasma". Una red de petroleros -a menudo en malas condiciones- que navegan por todo el mundo con bandera de terceros países para no ser detectados y evadir las sanciones, permitiéndole así seguir obteniendo importantes ingresos a costa del combustible. La Unión Europea tiene en el punto de mira a estas embarcaciones, muchas de las cuales han sido incluidas en listados sujetos a sanciones contra Rusia.
De hecho, como apunta Reuters, tanto el Kairos como el Virat se encuentran en una de estas listas. A principios de año, Alemania confiscó el Eventin, un petrolero con bandera panameña que fue hallado a la deriva frente a sus costas en el mar Báltico. Según reportaron medios alemanes, Berlín emitió una orden de confiscación que a través de la cual las cerca de 100.000 toneladas métricas de petróleo -las cuales alcanzaban un valor de 40 millones de euros- pasarían a ser de propiedad alemana. De igual manera, el Eventin había sido incluido en unos de los paquetes de sanciones que la UE aprobó contra Rusia en febrero de 2022.
Tres
reyes en el trastero de la Historia
Jesús Cacho.
Vozpópuli. 30 Noviembre
2025
Sostiene el instructor del 'caso Koldo' en el Supremo, Leopoldo Puente, que no tuvo más remedio que enviar al exministro José Luis Ábalos y a su asesor, Koldo García, a prisión provisional sin fianza, ante el “riesgo extremo” de fuga de ambos dada la proximidad del juicio a celebrar en su contra, los graves delitos de que se les acusa (organización criminal, tráfico de influencias, malversación, cohecho e información privilegiada) y la importancia de las penas solicitadas, de hasta 30 años de cárcel. Y a uno se le ocurre enseguida que con quien existe “riesgo extremo” de fuga no es otro que con el supuesto capo de la organización criminal a la que pertenecen los ya inquilinos de Soto del Real, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, a la sazón todavía presidente del Gobierno de Expaña, razón de más para que, y en tanto en cuanto la Justicia no le ponga la mano encima, la Guardia Civil extreme la vigilancia en torno al Palacio de la Moncloa en evitación de que el sujeto pueda emprender cualquier noche su particular tocata y fuga con destino desconocido pero fácilmente identificable en esa República Dominicana tan viajada por el Falcon presidencial. Asistimos a los estertores de un régimen autocrático que llegó a lomos de la lucha contra la corrupción y que ha perecido víctima de la corrupción más espantosa. Semana terrible para el sanchismo, cierto, pero mucho más que eso: una de esas semanas capaces de cerrar un ciclo histórico o de erigirse en piedra miliar entre dos épocas: en efecto, al principio del fin del sátrapa Sánchez se ha unido la despedida definitiva de Juan Carlos I (entrevista para la compasión en France 3) y el arranque del juicio contra Jordi Pujol, el hombre que quiso reinar en una Cataluña independiente. Dos figuras capitales de la Transición y un completo amoral, además de un irresponsable, que ha venido a poner broche de plomo a un régimen incapaz de reformarse desde dentro. El declive simultáneo de tres astros, tres reyes en el trastero de la Historia, los tres arrollados por la marea de una corrupción que ha terminado asolando la democracia española.
En su despedida antes de emprender camino al infierno de Soto, Ábalos mostró la senda a seguir por jueces y medios de comunicación para llevar al talego al autócrata que nos preside: la clave está en Air Europa, la corrupción del matrimonio Sánchez está en el rescate de la aerolínea de los Hidalgo, Juan José y Javier, padre e hijo. Y con un pie en el estribo del trullo contó cómo en medio de las negociaciones para aprobar el salvamento de 475 millones, Javier Hidalgo se presentó un fin de semana y sin previo aviso en su casa de El Viso, Madrid, al borde de un ataque de nervios, pidiendo desesperadamente ayuda so pena de verse obligado a la suspensión de pagos. Los mensajes revelados por la UCO entre Hidalgo y Víctor de Aldama, conseguidor a sueldo de Air Europa, dejan claro que ya habían hablado con Begoña Gómez para que Sánchez se implicara y desbloqueara la situación. «Echaron mano de todo el mundo», confirma Ábalos. «Claro que Hidalgo habló con Begoña, porque estaba desesperado». En septiembre de 2020, Aldama escribió a Koldo en estos términos: «Está jodido, muy jodido el tema. Este [Hidalgo] se está buscando la vida y acaba de llamar a Begoña». A lo que Koldo replicó con total naturalidad: «Que llame a Pedro o a quien haga falta». Begoña y Javier Hidalgo se conocían al menos desde septiembre de 2019, cuando coincidieron en la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (OMT) en San Petersburgo (Rusia), ocasión en la que Aldama e Hidalgo mantuvieron una larga reunión con Begoña en una suite del Lion Palace St. Petersburg la noche del 16 de abril del 2019, tras pedir a los escoltas que se retiraran para hablar con tranquilidad. Meses después, enero 2020, Globalia, matriz de Air Europa, financió el llamado África Center que Begoña dirigió (130.000 euros brutos año) en el Instituto de Empresa.
Aduce Marichús Montero que los Hidalgo han devuelto ya el importe del rescate con sus intereses, pero ¿han devuelto ya las comisiones que se pagaron por la operación quienes las percibieron? Porque las comisiones se abonaron a su hora. Y una comisión del 10% de esos 475 millones es dinero suficiente para resolver la vida de una familia, en España o en Dominicana, para varias generaciones. Con todo, las sospechas sobre irregularidades en la entera operación no han hecho sino aumentar tras el anuncio, qué casualidad, de la entrada de Turkish Airlines (controlada en un 49% por el Estado turco) en el accionariado de Air Europa. ¿Una maniobra con la que Sánchez, con la ayuda de su aliado el presidente islamista turco Erdogan, espera ocultar la relación entre Begoña Gómez y Javier Hidalgo y la participación de la familia Sánchez Gómez en el rescate de la aerolínea? Turkish entra en la compañía de los Hidalgo con la compra del 26% del capital a cambio de 300 millones, dinero que probablemente haya pasado directamente a las arcas de la SEPI como parte de la devolución del préstamo citado. ¿Considerará ahora la Audiencia Provincial de Madrid que existen indicios suficientes como para reabrir la investigación, que el juez Juan Carlos Peinado intentó en su día, sobre el rescate de Air Europa? Demasiadas incógnitas por resolver. Aplastante hedor a corrupción.
La semana horribilis de Sánchez nos ha dejado también la imagen declinante de un hombre capital en la moderna historia de España, Juan Carlos I, protagonista indiscutible de la transición pacífica de la dictadura a la democracia, prodigio innegable ocurrido en el seno de un pueblo montaraz acostumbrado a asesinarse con saña cada cierto número de años. Luego, Juan Carlos se entregó a su deporte favorito: el dinero y las mujeres. Lo de las mujeres se le ha perdonado cínicamente en España, país donde los excesos en cuestiones de sexo no dejan de ser defectos de braguera, pecadillos veniales. Baste recordar el episodio de la falsa princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, 62, Corinna Larsen de soltera, su última querida conocida, a quien el Monarca colocó a vivir con su hijo durante años en el propio recinto de La Zarzuela, a escasos metros de donde residía su legítima, la reina Sofía. Javier de la Rosa ha relatado en repetidas ocasiones cómo en el bar del exclusivo Claridge's, en el corazón de Mayfair, Juan Carlos I le pidió 100 millones de dólares que debía pagar el emir de Kuwait a cuenta de los servicios por él prestados para facilitar el paso por España de las tropas USA que debían liberar el emirato de las tropas invasoras de Saddam Hussein. Esta semana se ha emitido en España la entrevista que el canal galo France 3 grabó con él en su casa de la isla de Nurai, Abu Dabi, a primeros de noviembre. Juan Carlos de Borbón aparece ante las cámaras sin corbata, gastada americana azul, pantalón y calcetines claros nada adecuados a la ocasión, y una especie de lamentables babuchas o mocasines de ante por todo calzado. El monarca asegura que se encuentra bien y que no tiene ninguna necesidad inmediata de regresar a España. ¿Dispuesto a morir en Abu Dabi o a seguir sacrificándose para salvar la Corona de España para su hijo y su nieta, gravemente amenazada por este bandolero aspirante a rey republicano que nos ha tocado sufrir a última hora? La grabación de France 3 suena a rectificación y, sobre todo, a despedida. “Todo está arreglado. Todo ha terminado. Estoy tranquilo”. Un Juan Carlos I que huele a adiós y mueve a compasión.
Y esta semana se ha iniciado también en Barcelona el juicio, tan escandalosamente postergado, contra el patriarca del independentismo catalán, Jordi Pujol. Ironías del destino, casi nadie habla hoy del juicio al clan de los Pujol, la familia catalana más importante de los últimos 50 años. Las esteladas han desaparecido de los balcones de Barcelona, y el CIS catalán asegura que apenas el 20% de la población de la ciudad habla catalán. El separatismo se ha derrumbado sin que el Estado, un Estado que se ha ido en silencio de Cataluña, haya movido un dedo, víctima de las miserias de su propia tropa, un separatismo convertido apenas en el abrevadero del que viven más de 200.000 familias catalanas. Una fuente de corrupción. "Vostès tenen un problema, i aquest problema es diu 3%". Y de abuso de poder. Sorprende el desapego de todo lo que tiene que ver con Pujol y familia. Siguen teniendo conexiones, siguen moviendo algunos hilos, no les va a faltar nunca de nada, porque tienen gente bien colocada en todas partes, pero viven muy discretamente y se diría que, hasta avergonzados, tratan de esconderse. El estigma de la corrupción. El responsable del caso Banca Catalana, el padre del Programa 2.000, el profeta del “por el catalán hacia la gloria” es hoy un apestado al que pocos se acercan. El Padre de la Cataluña moderna, apelativo con el que soñó ser recordado, se trocó en el defraudador andorrano obligado un día a confesarse en público. Nadie se acuerda hoy de Jordi Pujol i Soley y quizá sea esa su peor condena. Una página que el viento se llevó, un rostro atormentado por la culpa y el paso del tiempo, casi deformado por la enfermedad. “Y allí van los señoríos, derechos a se acabar y consumir”, que dijo el poeta.
¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el irresponsable, el botarate sin escrúpulos, que nos gobierna? Es la pregunta del millón que hoy se formulan millones de españoles. Sánchez está muerto pero no enterrado, y el único que puede colocar la lápida encima de ese cadáver se llama José Luis, se apellida Ábalos y habita en Soto del Real. El hombre que pronunció el discurso contra la corrupción en la moción de censura que tumbó a Mariano Rajoy está hoy encarcelado por corrupción, convertido en deslumbrante metáfora del sanchismo. Sánchez está en manos de Ábalos, sin la menor discusión. Pero, ojo, ¿hasta dónde está dispuesto a largar? ¿Cuál es el calibre de su munición? Personajes de tronío hemos visto desfilar por la reciente historia de España que amenazaron con derribar el Sistema con balas de oro que al final terminaron siendo de hojalata, simples balas de fogueo. Ábalos perdió su oportunidad cuando, tras su primera detención, tuvo ocasión de redimirse colaborando con la justicia, algo a lo que finalmente se negó. Ahora, su futuro se ha ensombrecido dramáticamente. Muchos años de cárcel por delante, a menos que saque pronto a relucir la artillería gruesa de la que disponga. Saber lo sabe todo sobre Sánchez. ¿También miedo a Sánchez? Instalado en una realidad paralela, el yerno de Sabiniano ha decidido seguir adelante porque su único horizonte es la cárcel. El marido de Begoña ha optado por la agonía lenta. Más dura será la caída y la de los cobardes que en el PSOE le siguen camino del precipicio. Que ha decidido resistir lo demuestran las medidas que acaba de tomar para mejorar los ingresos de funcionarios y pensionistas, casi 13 millones de votantes. La subida de las pensiones del 2,7% costará al erario público 5.700 millones adicionales en 2026 y la mejora salarial de los empleados públicos otros 8.000 sólo el año que viene. El destrozo continúa.
Los orígenes religiosos del
'pensamiento' progresista
Juan Manuel Blanco.
Vozpópuli. 30 Noviembre
2025
Resulta difícilmente explicable que, tras la abominable gestión gubernamental de Pedro Sánchez, su partido mantenga una intención de voto que no se aleja del 30%. Ya pueden estallar docenas de escándalos, destaparse centenares de enredos, desfilar por el juzgado una interminable ristra de granujas, truhanes y petardistas o cometerse felonías, desafueros y tropelías a raudales, que estos votantes se mantienen inmutables, como si los mismos actos fueran condenables, o loables, dependiendo de la orientación política del perpetrador. Pueden percibir la desmesurada corrupción, el desbarajuste legal, el descoyuntamiento territorial o el extremado deterioro institucional, pero se consuelan pensando que, al menos, no gobierna la derecha. Votan a la izquierda no por lo que hace… sino por lo que es.
Y no es porque los izquierdistas actuales carezcan de capacidad de raciocinio sino por algo mucho más complejo: el progresista habita en un universo moral distinto. La identificación con la izquierda cumple funciones simbólicas, afectivas e identitarias, mucho más cercanas a las emociones que a la razón. En A conflict of visions: ideological origins of political struggles (1987), Thomas Sowell explica los intensos conflictos políticos del siglo XX como un choque entre dos modos opuestos de concebir la naturaleza humana: la visión moral limitada y la visión moral ilimitada. La visión moral limitada considera que no es posible cambiar una naturaleza humana que es imperfecta, que alberga a un tiempo bondad y maldad. Por ello, la sociedad debe establecer reglas impersonales, instituciones e incentivos capaces de canalizar las virtudes y contener los vicios, nunca imponer una moral obligatoria porque el mal no puede erradicarse, tan solo controlarse. La política ha de ser pragmática y valorarse por sus resultados finales, no por sus intenciones. Como cualquier dirigente puede corromperse, desviarse o aprovecharse del cargo, es imprescindible establecer límites, controles y contrapesos al poder, nunca confiarlo alegremente al gobernante. Se encuadrarían en esta visión el conservadurismo, la socialdemocracia y, sobre todo, el liberalismo.
Marxismo, nazismo e izquierda woke
La visión moral ilimitada cree, por el contrario, que la naturaleza humana es moldeable, que es posible eliminar la perversidad del mundo porque el mal no proviene del ser humano sino de una organización social injusta. El político y el intelectual poseen una misión redentora: liberar a la humanidad de las estructuras opresoras y conducirla a un mundo ideal. La política se valora por sus intenciones, no por los resultados, pero solo poseen buena intención quiénes se sitúan en el bando moral correcto. El poder es opresivo cuando lo detentan las estructuras tradicionales, pero es liberador cuando lo ejercen los virtuosos y esclarecidos. Los límites y controles al poder son contraproducentes cuando gobiernan los buenos porque, en ese caso, se convierten en meros obstáculos a la redención. Se encuadrarían en esta visión el marxismo, el nazismo y la actual izquierda woke.
La visión moral ilimitada posee inconfundibles rasgos mesiánicos y milenaristas, propios de las religiones. Y no es casualidad: este enfoque surge de la proyección de doctrinas teológicas, concretamente cristianas, a la política. Con la secularización, y el abandono de las iglesias, los dogmas religiosos no desaparecieron: precipitaron sobre la realidad política y social, generando ideologías que, no siendo propiamente religiones, poseen muchos dogmas y liturgias de origen sagrado. Son creencias sustitutivas de la religión porque satisfacen necesidades psicológicas similares como proporcionar sentido e identidad, aplacar la mala conciencia o sentirse en el bando de los justos. El progresismo en España no es exactamente una religión, pero se parece demasiado a una iglesia, con un Papa Pedro revestido por sus fieles con el don de la infalibilidad.
Proyección de doctrinas teológicas
El cristianismo introdujo en Occidente una estructura moral donde el mal tiene origen en el pasado (el pecado original), la historia posee un comienzo (la creación), una continuación (la caída) y un desenlace (la redención), con una promesa final de salvación… pero en otra vida. La visión política izquierdista seculariza los dogmas religiosos: el pecado original se transforma en la injusticia social, los herejes en la (extrema) derecha y el Reino de los Cielos en la venidera sociedad justa y perfecta, trasladando así la redención desde el mundo celestial al terrenal, desde otra vida a esta.
Al abandonar la esfera sagrada y descender al mundo terrenal, los dogmas religiosos adquieren un componente tóxico pues desaparecen los límites y salvaguardias que confiere la trascendencia. El cristianismo posee una visión limitada de la naturaleza humana, siempre imperfecta en comparación con Dios, porque la utopía, la perfección, ese componente ilimitado, quedan fuera de este mundo: se aplazan a otra vida. Pero estas pseudo religiones laicas no conocen freno porque colocan la utopía en la próxima esquina: para alcanzarla, cualquier medio es lícito.
Los grandes totalitarismos del siglo XX, el comunismo y el nazismo, compartían esta visión ilimitada, cuasi religiosa, una fe utópica en la redención del ser humano a través de un poder político absoluto, aunque el contenido del mito fuera distinto: el comunismo purificaba por clase social, el nazismo por raza. Estas ideologías redentoras produjeron monstruos porque el objetivo de abolir el mal fin justificaba toda violencia, en nombre del bien. En su empeño por alcanzar el cielo, condujeron directamente al infierno.
Una conjura diabólica
Los progresistas actuales conciben la política como una lucha moral entre el bien y el mal, un enfoque que, como toda visión ilimitada, es incompatible con el sistema democrático constitucional, diseñado para imponer límites al poder, no para redimir a la humanidad. La democracia liberal se basa en la desconfianza hacia el poder político; la visión ilimitada progresista en una fe ciega en el poder como vehículo de salvación. El sistema constitucional se fundamenta en el estricto respeto a las reglas del juego, pero, para el progresismo actual, si los fines son justos, las reglas son prescindibles. En una democracia no existe monopolio de la verdad moral, ni búsqueda de la imposible perfección: hay que aceptar el disenso y el error. Pero el progresista no soporta esta ambigüedad, necesita una moral única, una idea clara de quién encarna el bien y quién el mal. Por eso, cuando llega al gobierno, su dictado se convierte en catecismo, la disidencia en pecado y la crítica en herejía. Ya no hay debate con el discrepante sino excomunión. La reciente condena al fiscal general del Estado no es una simple sentencia judicial sino una conjura diabólica, un acto perpetrado por eje del pecado: la derecha. Encuadrado en el bando de los justos y santos, García Ortiz nunca puede ser culpable.
La democracia se asentó en buena parte de Europa cuando, descolocada por el fracaso de las revoluciones y las matanzas del comunismo, la mayoría de la izquierda abandona el marxismo y abraza la visión limitada de la socialdemocracia, asumiendo principios básicos del pensamiento liberal, como la necesidad de reglas, incentivos y controles al poder o la conveniencia de reformas incrementales. La democracia funcionó porque, a pesar de sus discrepancias, los partidos mayoritarios, de la derecha a la izquierda, compartían una visión moral limitada. Sin embargo, en las dos últimas décadas, la izquierda ha regresado a la visión ilimitada: a la utopía, al dogma y a la imposición. Hemos presenciado intensa censura, persecución de expresiones y opiniones legítimas, cultura de la cancelación, intentos de imponer una neolengua o proyectos para establecer una moral obligatoria.
Del catolicismo al calvinismo
La izquierda ha vuelto a la visión ilimitada… pero no a la misma que la del siglo XX. Algunos creen que la actual ideología izquierdista woke no es más que marxismo cultural, una adaptación del viejo materialismo histórico a los nuevos tiempos. Pero no es así: marxismo y wokismo poseen orígenes distintos. Ambos provienen de una proyección terrenal de dogmas cristianos… pero no del mismo cristianismo. El marxismo surge en Europa y seculariza elementos propios de la teología católica y ortodoxa: redención colectiva, mediación de una autoridad doctrinal, absolución sacramental de la culpa, purificación final universal. Por eso arraigó especialmente en países de tradición católica u ortodoxa o sin influencia protestante. No eran raros, en los años sesenta y setenta, los curas católicos que se acostaban cristianos y amanecían comunistas: la estructura espiritual era sorprendentemente compatible.
El wokismo, en cambio, solo podía surgir en Estados Unidos, una sociedad fundada por puritanos obsesionados con la virtud colectiva, sin una jerarquía religiosa que actúe de mediadora ni sacramentos que absuelvan la culpa. El movimiento político woke procede del universo moral del protestantismo calvinista: interiorización de la culpa, vigilancia comunitaria de la rectitud, sospecha moral, delación, constante examen de conciencia y exhibición de la virtud con actos visibles, no íntimos. Mientras el marxismo proyecta la autoridad de la jerarquía católica en el Partido, que vigila la conducta de los ciudadanos, el wokismo reproduce el sistema puritano de vigilancia horizontal, donde los propios fieles se escrutan, denuncian y sancionan colectivamente. De ahí la actual vigilancia del lenguaje, que conduce a descalificaciones públicas y cancelación, la búsqueda de imaginadas microagresiones y el clima moral de denuncia y persecución por “delitos” de pensamiento y opinión, que recuerda, en su lógica, al episodio de las brujas de Salem.
Caza de brujas
Por sus raíces calvinistas, el progresismo woke no promete una salvación final universal. En su mentalidad identitaria, ciertos colectivos poseen autoridad moral innata (las “víctimas”), mientras otros heredan una culpa llamada privilegio (ser hombre, blanco, occidental, heterosexual, etc.), reflejo del pecado original, de la que solo pueden aliviarse, nunca liberarse, mediante un proceso infinito de penitencia lingüística y corrección de la conciencia. Por eso el wokismo ha arraigado, sobre todo, en países de cultura protestante y resulta bastante incomprensible, incluso grotesco, en culturas de raíz católica u ortodoxa, dónde no existe la tradición puritana de vigilancia mutua de la moral ni de exposición pública de la culpa. La desmesurada “caza de brujas” desencadenada por el wokismo en Estados Unidos acabó generando un colosal hartazgo y abrió el camino, como reacción furibunda, a un personaje como Donald Trump.
El drama de la modernidad no es haber perdido la fe, sino haberla trasladado al terreno donde resulta realmente peligrosa: la política. No existe hoy un “pensamiento” progresista sino un “evangelio” izquierdista, una devoción basada en impulsos y pasiones, no en la reflexión. Pocos describieron este fervor cuasi religioso, que apaga el raciocinio, con la brillantez de Arthur Koestler narrando su etapa de siete años como devoto comunista: “Nunca, antes o después, estuvo mi vida tan llena de significado como durante esos siete años; ofrecían la superioridad de una hermosa falsedad sobre una ruin verdad”. Por desgracia, los recalcitrantes votantes “progres” de Pedro Sánchez siguen flotando en esa imaginaria, falsa e infantil utopía de color de rosa, que les permite sentirse justos y bienaventurados, en lugar de madurar y asumir la triste y cruda realidad.
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SE VISIBILIZAN LAS CONCESIONES A BILDU
Pedro
Sánchez ejecuta el compromiso con Otegui: reduce un 54% la presencia
de etarras en las cárceles españolas desde 2018
LGI.
gacetas. 30 Noviembre
2025
El pacto de investidura de Pedro Sánchez con EH Bildu ha dejado una de sus consecuencias más visibles en materia penitenciaria: la reducción del 54% de los presos de ETA internos en cárceles españolas desde 2018, cumpliendo las exigencias que impuso Arnaldo Otegui para apoyar la legislatura. Según datos recopilados por ABC, en ese año había 265 etarras cumpliendo condena, mientras que en 2025 la cifra ha caído hasta los 117.
La política penitenciaria cambió radicalmente con la llegada del PSOE al Gobierno. Desde entonces, el Ministerio del Interior ha aprobado traslados masivos, acercamientos al País Vasco y Navarra y el paso al tercer grado de numerosos internos, una dinámica que según juristas y asociaciones de víctimas supone una concesión directa a las demandas de la izquierda abertzale. En palabras de Otegi, el acuerdo exigía “llevar a los presos a casa”, y los números muestran que esa hoja de ruta se ha ejecutado de forma constante año tras año.
El funcionario clave en esta política fue Ángel Luis Ortiz, secretario general de Instituciones Penitenciarias desde 2018 hasta 2021. Durante su mandato se aceleraron los acercamientos y se generalizó la concesión de grados que permiten la semi-libertad, incluso a condenados por asesinatos múltiples. El propio Ortiz fue citado en diversas investigaciones judiciales por su papel en la concesión de beneficios penitenciarios, como en el caso Koldo o en procedimientos donde la Guardia Civil denunció presiones y anomalías internas.
La dispersión de presos de ETA —vigente durante décadas para evitar la concentración de comandos y la presión social sobre funcionarios— acabó oficialmente el 24 de marzo de 2023. Ese día se anunció el traslado final de los etarras que quedaban en cárceles alejadas, consolidando así la mayor reorganización penitenciaria desde la disolución de la banda terrorista.
Según los datos publicados, en 2018 había 193 etarras en cárceles españolas, 48 en el País Vasco y Navarra y 24 repartidos entre Francia y otros países europeos. En 2025, la distribución es muy distinta: 117 etarras permanecen en prisión, la mayoría ya cerca de sus lugares de origen y con procesos avanzados de beneficios penitenciarios.
Las asociaciones de víctimas han denunciado que esta política se ha llevado a cabo sin transparencia, con «criterios políticos y no penitenciarios», y reclaman explicaciones en el Senado y en el Congreso. Para ellas, se trata de «un pago político a EH Bildu» que ha supuesto la revisión acelerada de condenas y la vuelta progresiva de etarras a sus entornos sociales y familiares.
El Gobierno insiste en que todas las decisiones se ajustan a la ley, pero las cifras revelan un cambio de paradigma: en siete años, el Ejecutivo ha ejecutado la mayor rebaja de población reclusa etarra registrada desde los primeros años de la democracia, en plena negociación con los herederos políticos de la banda
Violencia abertzale
Seis
policías heridos en un ataque de proetarras contra una mesa
informativa de Vox en San Sebastián
OKDIARIO. 30
Noviembre
2025
Seis policías heridos y un sólo detenido. Éste es el resultado de los altercados protagonizados por un numeroso grupo de violentos abertzales de la órbita de Bildu contra una mesa informativa instalada por Vox en San Sebastián.
La Ertzaintza tuvo que desplegar un amplio dispositivo policial ante la irrupción de los proetarras, que acudieron perfectamente organizados y que pusieron en práctica acciones propias de la kale borroka, el término acuñado en su día por ETA para que sus cachorros impusieran el terror callejero para reforzar la criminal agenda de la banda.
Desde hace meses, diversas voces están alertando de la reaparición de actos que recuerdan plenamente la kale borroka, en una forma de exhibir fortaleza por parte de los proetarras mientras Bildu, la heredera política de ETA, está políticamente reforzada gracias a los pactos suscritos por Pedro Sánchez, que debe a los de Otegi su llegada y permanencia en La Moncloa.
En esta ocasión los hechos ocurrieron en la capital donostiarra. Los proetarras se organizaron para boicotear con violencia ese acto de Vox en la calle. La intensa presencia policial no impidió que los abertzales llevaran a cabo su plan para atacar la mesa instalada por Vox, enfrentarse a los agentes de la Ertzaintza, quemar contenedores, causar daños materiales y campar violentamente a sus anchas durante horas.
Pese a que los altercados fueron cometidos por un nutrido grupo de radicales de la órbita proetarra, la Ertzaintza sólo practicó una detención, según se ha conocido este sábado. Sin embargo, diez agentes de la policía autónoma vasca resultaron heridos de diversa consideración, en su mayor parte por contusiones, fruto de los ataques que los violentos lanzaron contra ellos.
Tras el ataque sufrido, Vox ha insistido en que no se amedrenta ante quienes quieren acallarles con la violencia y advierte que «sí hay alternativa» para plantarles cara. Tras ligar estas acciones a la estrategia de «ETA – EH Bildu», Vox ha indicado a la órbita abertzale que «no va a conseguir que el miedo nos guía; nos guía nuestro amor profundo a España y al bienestasr de los españoles. Por ellos, siempre leales».
50 años de la muerte de franco
“La
Transición que no llegó al País Vasco: miedo, exilio y resistencia
frente a ETA”
La Transición nunca llegó del todo
al País Vasco. Mientras España estrenaba democracia, Euskadi vivía
bajo el miedo, el terrorismo y un exilio silencioso que marcó a toda
una generación. José Eugenio Azpiroz repasa en esta entrevista la
resistencia cívica que sobrevivió a ETA y la deriva política que
hoy amenaza con borrar aquella verdad incómoda.
Luis Sordo.
esdiario. 30 Noviembre
2025
La entrega más reciente de la serie de Eugenio Narvaiza sobre la Transición puso el foco en el único territorio donde aquel proceso histórico no significó ni reconciliación ni esperanza, sino una larga noche de violencia: el País Vasco.
En esta ocasión, Narvaiza conversó con José Eugenio Azpiroz, figura esencial del constitucionalismo vasco, exdiputado y compañero de lucha de Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco y tantos otros referentes cívicos.
La entrevista fue un ejercicio de memoria incómoda, un regreso al epicentro del miedo y de la dignidad.
La Transición que no llegó a ser
Mientras España despertaba a la democracia, en el País Vasco la violencia se intensificaba.
El proceso de Burgos, los estados de excepción durante el franquismo y el resentimiento acumulado tras la Guerra Civil alimentaron un caldo de cultivo explosivo.
La llegada de la democracia no trajo la pacificación: ETA mató más en los años de apertura que en los finales de la dictadura.
El referéndum constitucional dejó cifras insólitas:
Participación media en las tres provincias vascas: 44%.
Solo el 31% del censo total respaldó la Constitución.
El miedo era el primer elector.
“Nos marcaban. Vivíamos escoltados. Y aun así dimos la cara”
Azpiroz relata un hecho tantas veces repetido que aún hoy cuesta asimilar: la normalización de vivir amenazado.
Él mismo asumió el liderazgo provincial de AP cuando nadie quería hacerlo:
“Sabía que me jugaba la vida, pero alguien debía dar a la gente la posibilidad de votar a un partido constitucionalista”.
A su alrededor, una red de héroes anónimos —en su mayoría mujeres, recuerda— mantenía vivo un proyecto político acosado en cada mitin, en cada pegada de carteles, en cada esquina.
Los métodos eran casi artesanales: reuniones clandestinas, visitas casa por casa, actos en euskera en pueblos donde la libertad era un lujo inaccesible.
“Era una vida de cartujos. Lo normal era tener miedo. Lo excepcional era rendirse”.
ESdiario TV
Cincuenta
años sin Franco: la Transición española, el pacto que cambió el
rumbo de la historia
Luis Sordo. esdiario. 30
Noviembre
2025
La irrupción de Gregorio Ordóñez: el liderazgo que rompió el miedo
En medio de ese clima irrespirable surgió un nombre destinado a convertirse en símbolo:
Su llegada a AP —tras una casualidad profesional que lo llevó a San Sebastián como periodista— supuso un punto de inflexión histórico. Ordóñez conectaba con la gente, escuchaba sin sectarismo, resolvía problemas y hablaba como hablaba la calle.
“Hubiera sido alcalde de San Sebastián. Hubiera llegado lejos. La gente le quería”, resume Azpiroz con emoción.
Su asesinato a manos de ETA en 1995 marcó no solo a su partido, sino a toda una generación de vascos que vieron apagarse la voz que había logrado romper el silencio del miedo.
El exilio silencioso: 250.000 vascos expulsados de su tierra
Durante la entrevista, Narvaiza dedicó el programa a las 867 víctimas del terrorismo y a los 250.000 vascos que, presionados por el miedo, la extorsión o el aislamiento social, se vieron forzados a abandonar la tierra en la que habían nacido.
Él mismo forma parte de ese exilio.
Azpiroz no evita la pregunta que sobrevuela a toda esa generación:
“¿De qué sirvió tanto sacrificio si al final muchos tuvimos que marcharnos?”
Y su respuesta fue nítida:
“Hicimos lo que debíamos. Nadie podrá quitarnos eso”.
¿Sirvió de algo el Estatuto?
Azpiroz es contundente: el Estatuto de Gernika no pacificó el País Vasco. Fue, dice, una fuente permanente de reivindicación nacionalista, no de convivencia.
“El autogobierno no ha sido sinónimo de mayor libertad. Ha sido el instrumento político de quienes agitaban el árbol mientras otros recogían las nueces”.
El presente: un constitucionalismo desorientado
Hoy, con Bildu rozando el poder en Euskadi y con un clima social que banaliza el pasado reciente, la preocupación de Azpiroz es evidente:
“Muchos dicen que se alegrarán si cae el PNV… pero que se entristecerán si gobierna Bildu. Esa es la contradicción en la que vive hoy el País Vasco”.
Sobre la nueva generación de constitucionalistas, distingue una diferencia esencial:
“Nosotros nos jugábamos la vida cada día. Ellos, por suerte, no. Pero echo en falta un proyecto claro, una hoja de ruta, una defensa firme del pluralismo y de la libertad”.
Una conclusión amarga, pero firme
Tras casi dos horas de conversación, quedó una reflexión que resume 40 años de lucha, dolor y dignidad:
“Los vascos hemos sido constructores de España. Lo fuimos durante siglos. Y muchos quisimos seguir siéndolo. Pagamos un precio alto. Muy alto. Pero volveríamos a hacerlo”.